martes, 30 de diciembre de 2008

ATARDECER EN CASA

Estoy pasando unos días en mi tierra, Santander. Ayer, haciendo unas fotos cerca de mi casa familiar, pude capturar este lindo atardecer. Espero que os guste.

sábado, 27 de diciembre de 2008

CUENTO DE NAVIDAD II



Catedral de Zamora, Río Duero y Aceñas. Foto. Luis López

Suena Morrissey mientras intento escribir. La canción habla de Los Ángeles. No recuerdo su título. Curiosamente, durante el verano, pude escucharla en directo. Ese día fue muy caluroso, justamente lo contrario de lo que ocurre hoy. En este preciso instante me encuentro en un café de Zamora y agradezco la música, tan familiar para mí, y el amparo al terrible frío que azota en el exterior.
Hace dos años, más o menos, escribí una entrada en mi blog sobre la compra de productos para la cena de Navidad

Hoy, día 24 de diciembre, he vuelto a las andadas. Eran cerca de las nueve de la mañana y la temperatura exterior se situaba en ocho grados bajo cero. Mi coche “Iregua” estaba congelado. Hice de tripas corazón y me dirigí al centro comercial de todos los años. Pero, como siempre -el hombre es el animal que tropieza más de una vez en la misma piedra- llegué con anticipación (y alevosía). ¿Qué se puede hacer con ocho grados negativos esperando a que abran un centro comercial? Aparte de resignación, poca cosa. Faltaban veinte minutos para abrir. Miré a mí alrededor y vi, a pocos metros, un tren de lavado de vehículos. Me chocó que funcionara con tantos grados bajo cero. Dos personas aparecían sombreadas tras una espesa capa de vapor. No daba crédito, estaban lavando sus coches. Ni corto ni perezoso me dirigí hacía allí. “Iregua” merecía un baño por Navidad. Estaba lleno de sal por culpa de las últimas nevadas. Introduje los euros preceptivos y armado con la pistola diluviana lo remoje de arriba abajo. Pronto el agua del techo se heló debido al frío. Se trataba de un efecto curioso y duradero. Contemplaba, por momentos, que mi coche quedaba completamente helado. Cuando daba vueltas a su alrededor el suelo estaba, igualmente, cristalizado. Ciertamente era una estampa surrealista, digna de Harold Lloyd en su escena colgado del reloj. Me agarraba a la manguera para no caer resbalando por los cuatro lados del coche, todo cubierto de hielo. Cuando acabó el trabajo me senté en su interior con el corazón latiendo a toda velocidad. No veía nada. Salí de allí con precaución, el agua congelada formaba una gruesa capa de hielo en el camino hacía la carretera. Cuando llegué, de nuevo, a mi destino pude respirar. Mis manos estaban heladas y los músculos ateridos. Faltaban escasos minutos para abrir el hipermercado. Me pertreché con guantes y gorro esperando en la puerta. Cuando el vigilante jurado accionó la puerta fui a toda velocidad al departamento del pescado. Tuve la suerte de coger el número uno para el marisco y el dos para el pescado. Luego me entretuve comprando algún disco y revistas. Llegué a casa, dejé el producto y volví a salir más relajado. A los pocos minutos un familiar me preguntaba por el rodaballo. ¿Pero no está con lo demás?, respondí. Pues no, me contestó. Pensé que se había quedado en el maletero del coche pero, sorprendentemente, no se encontraba allí. Llegué al centro comercial extenuado. La chica que me había atendido me informó que me lo había dejado sobre la cinta de la caja. Debía ir a información. Al cabo de pocos minutos el rodaballo estaba en mis manos. La operación Navidad daba por terminada.

martes, 23 de diciembre de 2008

STAND BY ME

Un amigo cartagenero, amante del jazz, me ha enviado esta
maravilla.
STAND BY ME (IN THE STREETS OF THE
WORLD...)


Parece ser que unos tipos han recorrido el mundo grabando
a músicos callejeros diferentes versiones de la misma canción: Stand by me,
aquella que cantara Ben E. King.
Con lo que grabaron han hecho un "megamix", en el que han fundido parte de lo que grabó cada uno. Y el resultado es precioso.

Hay aquí músicos de Santa Mónica, California; de Nueva Orleáns,
Luisiana; de Ámsterdam; un grupo de percusionistas indios americanos de Nuevo
Méjico; un violonchelista ruso; un coro de mujeres sudafricanas… y más gente de
Barcelona, Caracas, Congo y Río de Janeiro. Repito, todos son músicos
callejeros.

Cuánto arte hay en el mundo.…

LA LOTERÍA


Ayer tocó la lotería en Soria. La ciudad se convirtió en una locura. La céntrica calle de El Collado, lugar donde se sitúan las dos administraciones de lotería que dieron los premios, cambió de nombre para los medios de comunicación pasando a llamarse “la calle de la alegría”. No es para menos ya que ‘cayeron’ 100.500.000 euros: 97,5 millones del tercer premio del sorteo y 3 millones de euros de una serie del Gordo.
El soniquete de los niños de San Ildefonso me recuerda siempre a los años de la infancia cuando escuchaba con mis abuelos, participaciones sobre la mesa, el sorteo. Para los que nunca hemos tenido dinero siempre ha sido referente de ilusión. Ayer en Soria, viendo las imágenes de la tele, me alegré que tocara en un barrio humilde, cumpliéndose para muchos esos sueños que yo compartía entonces con mis abuelos. Pero nunca nos tocó. Ayer tampoco. Sin embargo, muchos conocidos, amigos y compañeros de trabajo fueron favorecidos por la suerte. Fue un día distinto y animado en vísperas de mis esperadas (y merecidas) vacaciones.
Realmente, el día del sorteo es cuando empieza, para mí, la Navidad. Es el pistoletazo de salida. Debería regularse, al igual que las rebajas, el comienzo y el final de la Navidad. No hay derecho que nos toquen las narices con tanta antelación. Anuncios, regalos, luces, elementos decorativos, cada vez se adelantan más en el tiempo. Ahora, la Navidad empieza un mes antes. No hay derecho. Y no es que tenga un espíritu navideño fuera de lo normal. Para nada. Simplemente son días para estar con los tuyos. Cuando pasas mucho tiempo fuera de tu hogar familiar estos días adquieren otra dimensión. Aunque no me importaría hacer un viaje en estas fechas como ha hecho mi amiga Montse. Se ha ido unos días a China y vendrá cuando todo este tinglado haya terminado. Creo que uno de estos años haré lo mismo. Mientras tanto, desearos a todos los que tenéis la costumbre de leer mi blog, unos felices días. NOS LEEMOS.

jueves, 18 de diciembre de 2008

NEVER MORE, PLEASE.


Hasta nunca, pequeño.

La última estatua ecuestre de Franco que existía en España ha desaparecido hoy, tras su retirada de la plaza del Ayuntamiento de Santander y traslado a un almacén municipal, en el que permanecerá hasta su definitiva ubicación en el futuro Museo de Cantabria.

JUAN GOYTISOLO. PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS ESPAÑOLAS



Juan Goytisolo fue galardonado con el premio Premio Nacional de las Letras Españolas hace unas semanas.

«Es una noticia, ni buena ni mala, sólo una noticia. A mi edad, ningún premio hace ilusión. Me lo han dado y punto. Igual me sentiría si hubiese sido el premio Cervantes. No soy grosero, ni tampoco quiero ser descortés, pero no me produce ninguna emoción recibir un premio. Acabo de llegar de México, y lo que realmente me apetecía en estos momentos era dormir un par de horas y darme un buen baño».

Así recibió el barcelonés Goytisolo (Rebelde e iclonoclasta. Un hecho decisivo en su vida fue la muerte de su madre en 1938, cuando él tenía sólo siete años, en un bombardeo en Barcelona por la aviación nacional, lo que probablemente ha influído en su rechazo de la España tradicional y conservadora. De esta forma realizó un autoexilio en el que vivió en Marrakech y París) el fallo del jurado del Premio Nacional de las Letras Españolas, presidido por Rogelio Blanco Martínez, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, y con vocales propuestos por varias destacadas instituciones del mundo de la cultura. Este galardón premia toda una trayectoria de un autor español, sea cual sea el género al que se dedique, y lo tienen en su haber, entre otros, escritores tan reconocidos como Manuel Vázquez Montalbán, Martí de Riquer o Francisco Umbral. Además del reconocimiento social, el premio tiene una dotación económica de 40.000 euros.

Como era de esperar, las declaraciones del autor realizadas tras recibir el premio han dado mucho que hablar. Sirva como ejemplo el artículo que el crítico de cine Carlos Boyero firma en El País. Dice: «Qué bonito encontrarse a alguien que desprecia el galardón oficial a su arte. Y piensas en lo equivocado que estuvo el desesperado John Kennedy Toole al quitarse de en medio porque ni Dios quería publicarle su memorable novela La conjura de los necios.»

Tal vez Dios sea Juan Goytiolo y no nos habíamos enterado. No se les ocurra, señores del Jurado, darle nunca el Premio Cervantes. Está claro: prefiere una pastilla de jabón.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

MUJERES DEL MUNDO


Exposición en Soria
Objetivo fotográfico y solidario con la mujer como protagonista


La visión de 36 fotógrafos, 45 obras, que atrapan las miradas, el espíritu femenino, la fuerza o la fragilidad de la mujer, en definitiva su esencia. Todo ello queda recogido en la exposición ‘Mujeres del mundo’, que cumple su tercera edición y que tiene fines solidarios: reunir fondos para dar continuidad al proyecto de formación y capacitación con mujeres de los barrios populares de Salvador de Bahía, en Brasil, que desarrolla la ONG Mujeres de mundo en colaboración con el Ayuntamiento de Soria. La muestra puede visitarse desde ayer, en el centro cultural Palacio de la Audiencia, y está abierta a la solidaridad mediante la compra de las obras, en su gran mayoría fotografías, valoradas desde los 400 euros, como las obras de Chema Madoz, Isabel Muñoz o Pedro Álvaro, a los 30 euros las más asequibles.
La iniciativa, que quiere tener vigencia en el tiempo, pretende “sensibilizar sobre el papel de la mujer en el desarrollo de los pueblos”, explica Ana Latorre, presidenta de la ONG. También, obtener financiación para mantener el contrato de la trabajadora que atiende a 33 comunidades en Salvador de Bahía, lo que supone la atención a 3.300 mujeres.
Las imágenes trasladan a mujeres de Marruecos, Tanzania, México, Guinea o Mauritania hasta el centro cultural, donde el objetivo es “provocar el interés por este tipo de aventuras, en el que se ponen en juego claves como la igualdad y la justicia del reparto de los bienes”, señaló el concejal de Cultura, Jesús Bárez, al respecto del programa de la ONG, a la que “el Ayuntamiento seguirá apoyando” económicamente.
El proyecto supone un respaldo a la lucha de las comunidades negras por conseguir los derechos sociales “que como ciudadanas y ciudadanos nunca tuvieron”, señalan desde Mujeres del mundo. Y con esta idea se han comprometido los 36 fotógrafos participantes, entre ellos los sorianos Mariano Castejón, Concha Ortega o Sonia Gutiérrez.

lunes, 15 de diciembre de 2008

TESOROS PERSONALES


Los recuerdos son tesoros personales que no debemos dejar perder nunca. Unos los tenemos guardados en lo más profundo del corazón mientras que otros aparecen repentinamente como por arte de magia. Eso me pasó hace unos días. Visitaba un museo. Uno de esos edificios que han albergado diferentes cometidos y, de manera inteligente, han acabado convirtiéndose en lugar de visita obligada y en almacén de recuerdos populares, muchos de ellos olvidados y otros desaparecidos por culpa del progreso.
Lo visité de abajo arriba. Y la sorpresa (siempre tropiezas con alguna, tan sólo hay que saber esperar) se encontraba, justamente, en la planta superior. Se trataba de una dependencia abuhardillada, no muy amplia. En lo alto había móviles confeccionados por niños. De grandes ramas secas colgaban utensilios de todo tipo. El efecto del conjunto era complejo pero agradable. En las paredes, a modo de afiches, había siete fotografías de niños u objetos, con una leyenda en cada una. Pude comprobar que se trataba de pequeños grandes tesoros para el recuerdo, de los siete niños, que habían sido enterrados en el museo el día de su inauguración. Probablemente cosas banales para un adulto pero que para ellos tienen mucho significado en sus vidas. En un panel general se explicaba el porqué de su realización.
Me paré a leer cada contenido por separado. Había algo en común, todos eran objetos elegidos por los niños, de vital importancia puesto que cada uno era un recuerdo trascendente de su existencia. Tendrían alrededor de 10 años. En cada panel personalizado explicaban de qué se trataba y el contenido emocional de cada objeto.
Una niña guardó la entrada del primer concierto al que había asistido, uno de esos espectáculos multitudinarios, para todas las edades, en el que actúan diversos grupos. Se había celebrado en el Palau San Jordi de Barcelona. Otro, el collar de un pastor alemán, ya fallecido, que le acompañó durante algunos años. Explicaba que el nombre del animal lo había elegido el propio perro. Repartió varios papeles con diversos nombres por el suelo y el pastor alemán olfateó uno de ellos. Ese contenía su nombre que ahora no recuerdo. Otro niño guardó el diente de un tiburón. Se trataba de su amuleto de la suerte. Le acompañó en grandes ocasiones. Lo cambió por “un tazo” metálico. Quiero suponer que se trataba de una taza. Otra niña guardó una colección de peluches. Acompañaba una fotografía con todos ellos. Para ella tenían gran significado. Custodiaban a los niños combatiendo a su lado el miedo, la incertidumbre, la soledad, la oscuridad.
Otro tesoro escondido era una varita mágica. Su dueña había pedido un regalo para Navidad y en su lugar encontró la varita. Le supuso un tremendo berrinche que fue sofocado, a los pocos minutos, cuando sus padres le dieron el auténtico regalo: un gran maletín. Pero los recuerdos que más me marcaron fueron dos. Claramente por su emotivo contenido. Ambos trataban de sus abuelos. Una niña contaba que un día llegó a su casa y su abuelo no estaba. Le dijeron que se había ido al cielo. Para ella fue un momento tan inolvidable como triste. Días antes de morir su abuelo le había regalado una piedra pintada por él. Era una especie de flor verde y azul. No sabía descifrarlo si es qué contenía algo que interpretar. Obviamente la piedra era su objeto enterrado.
Un niño había guardado un camión de juguete metálico. Su historia era preciosa. Desde mi óptica personal la más hermosa por su contenido. Cuando salió de Nador (Marruecos) se lo regaló su abuelo. A la mañana siguiente despertó en España y todo había cambiado, la luz, el color, los sonidos, el lenguaje. El abuelo ya no estaba a su lado. En cambio le acompañaba el camión que, de alguna manera, era el vínculo con su pasado familiar, tan reciente entonces. El camión era otro de los objetos allí guardado.
En mi regreso a casa recordé mis primeros años, mis recuerdos inolvidables, mis tesoros, los animales que me acompañaron –la gallina Lola, el gato Félix, los perros Jim, Chester y Touche- mis abuelos… y un balón con el que jugábamos a todas horas. El que unía nuestros juegos, el que nos hacía estar siempre juntos, el que nos convertía en jugadores profesionales. El balón y su entorno. El balón y las ilusiones. El balón y los sentimientos. Sin duda, uno de aquellos balones, de haber tenido la opción de esos afortunados niños, sería mi objeto enterrado.

domingo, 14 de diciembre de 2008

viernes, 5 de diciembre de 2008

EXPOSICIÓN DE JUAN ANTONIO PALACIOS GARCÍA



Mi compañero de "quedada" en Bonicaparra JUAN ANTONIO PALACIOS me envía invitación para la presentación de su exposición.
De la invitación, sinceramente, lo único que reconozco es su nombre y algún número. ¿Cómo puedo asistir a un lugar si no logro descifrarlo? ¿Cómo puedo hacerle publicidad si no sé siquiera dónde se celebra?
La foto que acompaña a la exposición, eso sí, es preciosa y puede interpretarla la universalidad.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

MAYORES AL VOLANTE


En uno de los suplementos del diario EL PAÍS del pasado domingo Elvira Lindo firma un artículo sobre las personas mayores. En su escrito se refiere a esas personas como viejos. A nivel personal no me importa esa denominación, es más, sirve para entendernos mejor, aunque al ser técnico de la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León debo defender denominarles, por respeto, personas mayores. Simplemente como matización antes de meterme en faena.

Un amigo americano de Elvira le cuenta que su madre, que ha vivido siempre en un pueblecito de Maine, tendrá que irse a una residencia porque, a sus ochenta y cinco años, no se encuentra ágil para conducir.
Curiosamente el automóvil, en el que se basa la cultura y la economía de Estados Unidos – no es casualidad el dicho: “What is good for General Motors is good for the US” (lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos)-, es el culpable del desarraigo de algunas personas de cierta edad.

El dato me es familiar. Cuando no vives en el centro de una ciudad el coche es una herramienta necesaria. Para ir al médico, a la farmacia, a la compra, para realizar cualquier actividad ineludible debemos utilizarlo. Todo está lejos de casa. No podemos ir andando. Tengo un amigo de setenta y cinco años que pasa medio año en Zaragoza y otro medio en Peñíscola. Mi madre tiene setenta y ocho y vive a pocos kilómetros de Santander capital. Ambos utilizan su vehiculo para desplazarse. Mi amigo realiza el desplazamiento Zaragoza-Peñíscola, o viceversa, conduciendo. Aunque me ha dicho que tan sólo lo hará durante dos o tres años más. Mi madre sólo utiliza el coche en desplazamientos cortos. Desgraciadamente ha tenido últimamente un par de golpes en alguna rotonda y, además, dice que conduce con lentitud y otros conductores le propinan insultos de todo tipo (y de muy mal gusto). Tanto mi amigo como mi madre han sido buenos conductores, pero con la edad, ellos mismos lo reconocen, van perdiendo facultades.(Las previsiones para el futuro son que en 2010 aproximadamente un millón de personas de más de 80 años circularán por nuestras carreteras).

Las personas vivimos, por regla general, tres edades correspondientes a la denominada “tercera edad”: la cronológica que señalan los años (esa no engaña), la biológica que marcan las arterias y la psicológica que apunta el corazón. La vejez aparece en un cierto momento, de manera silenciosa, poco a poco, y es una realidad con la que debemos convivir. La vida es similar a la navegación. Hay un puerto de salida y otro de llegada. Dejar de conducir es una de las pruebas que indica que pasamos a otro ciclo. En unos casos, esa dependencia de nuestro coche, nos jugará una mala partida condicionándonos como a la madre del amigo de Elvira. En otros, esa limitación podrá ser asumida con el apoyo incondicional de los familiares, el caso de mi madre y de mi amigo. Y aunque lleguemos a otra etapa de nuestra vida debemos continuar siendo optimistas y siempre tener presente que en el puerto de llegada nadie nos realizará una prueba de conducción, ¡Faltaría más!. Mientras tanto: CARPE DIEM.

lunes, 1 de diciembre de 2008

VENECIA SE INUNDA

MÁSTER EN ALOJAMIENTO

Podría tener un Máster en alojamientos. He estado calculando que durante mi vida habré pernoctado en hoteles -y otro tipo de hospedajes- cerca de mil días. Eso supone aproximadamente tres años si juntáramos todas las jornadas seguidas. Demasiado tiempo en ambientes poco propensos a la intimidad pero que, al menos, sirve para valorar más nuestro hogar y lo que nos ofrece. Cuando estás fuera de casa, en habitaciones impersonales decoradas de manera corriente, echas en falta esas pequeñas cosas que sólo te ofrece tu vivienda.
Como se puede suponer tengo cantidad de anécdotas sobre hoteles. Algunas las recuerdo con satisfacción y otras muchas con desagrado. A bote pronto me vienen a la cabeza recuerdos de actividades fastidiosas, ruidos producidos por otros usuarios que piensan que están solos, molestias procedentes de aires acondicionados, radiadores, cañerías, sonidos exteriores: tráfico intenso, voces, gritos. En esos instantes es, justamente, cuando más evocas tu anhelado hogar. Y, aunque también en ocasiones puede llegar a ser molesto, suelen ser ruidos controlados, conocidos, o simplemente estereotipados que, al parecer, incordian en menor medida.

Durante estos dos últimos meses he pernoctado unas veinte veces en distintos hoteles. La mayoría de ellos utilizados durante mi estancia en Francia. Afortunadamente allí los usuarios son más respetuosos con sus vecinos de habitación que en nuestro país. A las once de la noche ya no se oye un alma. Aunque madrugan son sigilosos en sus movimientos y, sobre todo, educados con los que todavía descansan. A fin de cuentas el resultado final de los comportamientos siempre está relacionado con la educación o la falta de ella.

Mi último alojamiento ha sido en el NH Bálago de Valladolid. Un nombre, por cierto, muy castellano (bálago es la paja larga de los cereales después de quitarle el grano). Está situado en la margen derecha del Pisuerga, por detrás de la Feria de Muestras. El NH Bálago es uno de los hoteles de la cadena española que cuenta con espacio “Nhube”. Se trata de un entorno multifuncional que fusiona los servicios de restauración, ocio y descanso dentro de los hoteles. Cada establecimiento incluye 77 propuestas diseñadas por el afamado restaurador Ferran Adría . Siempre había querido conocer un servicio diseñado por Adriá, sentía curiosidad por saber de qué trata. Y mira por donde el NH Bálago comparte edificio con la sede de mi empresa institucional, la Gerencia de Servicios Sociales.
Pronto me di cuenta que el espacio “Nhube” ha dejado de tener sentido, la comida deja mucho que desear. Un camarero me informa que ya no trabajan con Adriá.
La primera noche utilicé la zona de sauna y jacuzzi. Pedí un albornoz en recepción ya que no había en mi habitación. Me informaron que tenía que ir vestido y cambiarme en la zona del, llamémosle, spa. Cuando estaba poniéndome el bañador un empleado llegó a activar el jacuzzi y la sauna. Tardó unos quince minutos en calentarse y me quedé helado. Todo por el módico precio de diez euros (pasmo incluido).
El segundo día de estancia tuve que utilizar para bañarme medio frasco de gel, no tuvieron la delicadeza de surtir con más geles mi baño. A pesar de ser un cuatro estrellas la calefacción brilló por ausencia en la habitación. Incluso en el restaurante pedimos más calor.
Son detalles, desgraciadamente, que hacen que tu estancia no sea todo lo adecuada que debiera. En esos momentos es, como decía anteriormente, cuando más echas en falta tu dulce hogar.