miércoles, 30 de septiembre de 2009

EL HOTEL VORAMAR Y LAS HORMIGAS


Realizaba un viaje desde Peñíscola a la capital, Castellón. Pasado Benicasim, una cola interminable de vehículos permanecían parados en la carretera. Desde mi ventanilla comprobaba que las cunetas iban anegándose de agua color chocolate claro. Pronto me di cuenta que la carretera estaba cortada debido a que las aguas caudalosas de alguna riera la inundaría en ambos sentidos. La “gota fría” se hacía más visible a medida que me dirigía al sur. Los únicos coches que venían en dirección contraria eran los que daban vuelta en busca de alguna alternativa. Hice lo mismo. Regresé a Benicasim intentando ir a Castellón por la carretera de la costa. Los accesos también estaban anegados. Decidí regresar a Peñíscola, aunque antes tomaría un café en el Hotel Voramar.

El Voramar es uno de los pocos hoteles que conserva el sabor de las antiguas villas coloniales que salpicaban la Comunidad Valenciana a principios del siglo pasado. Construido en 1930 y retratado en la última novela de Manuel Vicent León de ojos verdes (Alfaguara), ambientada en el verano del 53. La cafetería está situada en la planta baja y mantiene cierto encanto. En el exterior se encuentran dos terrazas, una más interior, exclusiva para los clientes alojados en el hotel y otra, con sillas de plástico, ¡horror!, para el resto de usuarios. En todas las terrazas de las habitaciones con vistas al mar cuelgan hamacas blancas. Las vistas a la playa, desde la cafetería, producen una relajación inmediata. Se encontraban sentadas tan sólo cinco personas, todas ellas leyendo libros o periódicos. La música y su volumen eran los adecuados. Desde mi sillón de mimbre, contemplaba las olas con la sensación de qué en cualquier instante chocarían contra las amplias cristaleras. En ese momento recordé a los protagonistas del libro de Vicent que veraneaban en el hotel. A mi derecha, en el muro que divide la playa con la carretera que conduce a Oropesa por la costa, bajaban violentamente miles de litros de agua de lluvia recogida y canalizada libremente desde las montañas cercanas del Desert de Les Palmes hasta desembocar en el mar, al lado del Voramar.

Cuando me iba, me llamaron la atención varias hormigas forjadas en hierro, pintadas en el suelo, escalando un muro, en pegatinas en los coches. Entré en la recepción del hotel para interesarme por el tema de las hormigas. La simpática recepcionista me informó que la hormiga era la imagen de identidad del municipio desde que en los años 80 hubo un incendio en las montañas próximas del interior y todas las hormigas descendieron a la costa. Una vez en casa, diluviando considerablemente, busqué en Internet información sobre Benicasim y sus hormigas y encontré otra información distinta. El porqué de las hormigas tiene tantas interpretaciones como amigos su creador, el artista Capi Trillo –ya fallecido-, que vivió muchos años en el municipio castellonense. Algunas informaciones dicen que "marcan una especie de expedición de un mensaje ideal lleno de ternura y solidaridad". Otros, identifican a las hormigas como reflejo de la intensidad de las cosas cotidianas y sencillas. Seguiré investigando sobre el tema. Mientras tanto, esperaré el día para entregar un par de esas pegatinas de hormigas amarillas a mi amigo Alberto, cuyo local de jazz se llama precisamente así: La Hormiga. Lugar donde se intensifica la realidad de lo cotidiano y lo sencillo aderezado con importantes dosis de buena música y gran amistad.

jueves, 24 de septiembre de 2009

miércoles, 23 de septiembre de 2009

BRIGITTE BARDOT, SETENTA Y CINCO AÑOS


Brigitte Bardot, la descarada mujer de aspecto adolescente que nos enamoró con sus películas en los años sesenta, como por ejemplo en ”Y Dios creo la mujer” de Roger Vadim, cumplirá el lunes setenta y cinco años. Jubilada anticipadamente en Saint Tropez, ha ido cumpliendo años sin necesidad de someterse a restauraciones quirúrgicas, luchando obstinadamente por los derechos de los animales. Parece que fue ayer cuando era niño y estaba deslumbrado con una preciosidad de mujer que ya sólo es así en el celuloide. Sin embargo, esa bella jovencita ya es una mujer vieja y un servidor se ha convertido en un señor al que todo el mundo trata de usted. El tiempo pasa inmisericorde para todos (y todas).

Precisamente, a pocos días de ese cumpleaños, el Director del Instituto de Ciencias y Artes Audiovisuales (ICAA) da a conocer una nueva orden que prevé discriminación positiva en la ecuación de las subvenciones cinematográficas. De esa manera, las películas con directora mujer tendrán un plus en la concesión de hasta un 50% más de ayudas. Sinceramente, desde mi punto de vista, todas estas discriminaciones positivas desigualan cada vez más a los hombres y a las mujeres. Aunque, en un Gobierno que se creó la obligación (afortunadamente incumplida en la primera renovación ministerial) de que sus ministras y ministras estuviesen representadas al 50%, cualquier cosa puede ser posible.
El cine, como cualquier aspecto de la vida, tiene que tener los mismos derechos y las mismas obligaciones para hombres y mujeres. Cualquier tipo de discrimación, venga de donde venga, sea positiva o negativa, es perjudicial para la igualdad que queremos y debemos encontrar.

martes, 22 de septiembre de 2009

REGRESO A LA NORMALIDAD




Aquí finaliza mi narración. Antes de continuar con la despedida, quiero agradecer la gentileza de todas las personas que han dejado sus comentarios y que me manifiestan, día a día, su complicidad. Espero no haber resultado tedioso con los apuntes Personales sobre ese recorrido por Francia y Suiza. Han faltado algunos detalles sobre dos joyas naturales del país vecino (y que recomiendo visitar) como son: Pérouges, pueblo medieval cercano a Lyon y las Gorges de Fier, en los Alpes (acompaño fotos de ambos lugares, así como del portentoso Mont Blanc, con una altitud de 4.810 metros). Mi cuaderno de bitácora quedará impreso junto a unos recuerdos que permanecerán guardados en algún rincón de mi pensamiento. Además de las fotos que acompañan esta última entrada adjunto unas líneas de algo que escribí en una de las etapas y qué, una vez más, demuestran mi amor por Francia:

“Desde mi hotel veo los edificios del boulevard Etats Unis de Lyon mientras escucho en televisión que han cerrado varias clases y dos colegios en Francia por la gripe “A”. Según el presentador, el verano se alargará hasta diciembre. Mi cuerpo necesita descanso. Hoy ha sido un día muy ajetreado y, además, he dormido insuficientemente la noche anterior. Estoy deseando coger la cama. Después de una semana en el país vecino no echo en falta España; tal vez escuchar el idioma, las noticias familiares… En Francia me encuentro bien. Es un país organizado, tranquilo, respetuoso. Se vive en paz. Muchas veces recuerdo a los compatriotas que abandonaron, con precipitación su país, para establecerse aquí en la posguerra y considero que tuvieron suerte en encontrar un lugar tan digno, aunque, sin embargo, la mayoría de combatientes del bando republicano tuvo que conformarse, en su propio país, con una vida menos digna y respetuosa con sus derechos más básicos. Lástima, cosas de las guerras”.

Unos kilómetros antes de la frontera, pasado Perpignan, tengo una sensación agridulce. Ocurre siempre que regreso a España. Tristeza por abandonar días colmados en todos los aspectos y alegría por recuperar esas pequeñas cosas (tan grandes) que sólo pueden ocurrir en España y que marcan tu vida. Una vez en La Junquera compro “El País” y paso apresuradamente las páginas políticas, todo sigue igual, nada ha cambiado. Sin embargo, en los deportes, la selección española de baloncesto ha perdido con Serbia su primer partido y ha ganado en la prorroga a Croacia. Valverde sigue líder en la Vuelta. Regreso a la normalidad.

lunes, 21 de septiembre de 2009

TONY GARNIER. LYON. “UN CERTAIN REGARD”- y 3




Tony Garnier (1869-1948) fue un arquitecto comprometido con su ciudad. Nacido en el barrio obrero de la Croix-Rousse de Lyon e hijo de tejedores de la seda, tuvo que hacer frente a las precarias condiciones de vida de las clases más bajas. A través de su pasión, la arquitectura, se interesa por el problema social que supone el alojamiento, luchando por conseguir una vivienda digna para todos. Hacerse arquitecto, en una sociedad cuyo esquema es pasar “los planos” de padres a hijos, además del coste económico que supone realizar estudios superiores, son problemas que afronta con gran motivación llegando a conseguir una beca, durante cuatro años, en la Villa Medicis de Florencia. Pronto comienza a destacar sobre el resto de alumnos. Consagra todo su tiempo a la creación de una nueva ciudad: la ciudad industrial. Se le considera el primer arquitecto urbanista del siglo XX.

Vuelva a su ciudad natal, Lyon, y su alcalde Victor Augagnieur le confía una primera obra en 1904; la realización de la “Lechería-vaquería municipal”. Satisfecho por la realización del proyecto, el sucesor del alcalde, Edouard Herriot, confiará a Garnier la mayoría de las grandes obras de la ciudad: El matadero de la Mosca y mercado de ganado, el hospital de Grange-Blanche, el estadio municipal de Gerland y el barrio de los Estados Unidos.

El Barrio de los “Etats-Unis” se realiza entre 1919 y 1933. Desde su inauguración, en 1934, los inmuebles construidos por Tony Garnier no se reformaron. Como consecuencia de ello, los muros de los inmuebles se ennegrecieron. No había ascensores y la población iba envejeciendo, tampoco cuartos de baño adecuados. En 1983 se formalizó un Comité de Inquilinos para rehabilitar su barrio. Se pusieron en contacto con los artistas de la Cité de la Creation para que realizaran en 24 paredes de los inmuebles, algo insólito hasta entonces, un museo urbano que plasme, mediante pinturas, la obra de Tony Garnier. En la actualidad, y desde 1988, puede contemplarse una verdadera exposición al aire libre sobre el tema “ciudades ideales”. El conjunto de los 49 inmuebles construidos por Garnier es una ilustración de sus concepciones urbanas innovadoras, formando el más hermoso conjunto de pinturas murales de Lyon y, tal vez, del mundo entero. En 1991, el conjunto de murales, recibió el reconocimiento cultural de la UNESCO.

Actualmente, en el barrio viven inmigrantes y jubilados obreros de antaño. Todo está muy cuidado y limpio, aunque varios murales presentan roturas en su parte inferior, como consecuencia de pedradas realizadas por desaprensivos. Algunos de los paneles explicativos de cada obra han desaparecido.

LYON. “UN CERTAIN REGARD”-2






En Lyon abundan los inmigrantes. Hay, sobre todo, árabes, población negra y asiáticos. La convivencia está asegurada, es un ejemplo de armonía (o así lo parece). Estuve hospedado en un hotel de las afueras y tenía que utilizar cada día el transporte público. No es más caro que en España. Primero tomaba el tramway (tranvía) para retroceder dos estaciones, camino opuesto al centro, para luego, en metro, llegar a la catedral o a la plaza de Bellecoure. Al igual que en otras ciudades, Lyon también está repleta de cámaras que vigilan al ciudadano. Al lado de mi hotel está la colonia asiática. Uno de los días me acerqué a un hiper asiático, repleto de mercancía de ese continente. Pasé un buen rato viendo productos exóticos cuya existencia desconocía por completo. Compré dos botellas de agua. En la caja en la que guardé cola había, delante de mí, un chino con dos carritos repletos de compra, luego otra chica también asiática y antes que yo una mujer de raza negra. Cuando le tocaba pasar a la mujer negra, otro chico con un carro repleto, que acompañaba a la chica anterior a nosotros, llegó e intentó colocar su mercancía sobre la cinta de la caja. La mujer negra no se lo permitió. Tanto ella como yo llevábamos muy pocos productos y mucho tiempo esperando. Así que cobraron a la mujer y el cajero me hizo una seña para que colocara mis dos botellas de agua sobre la cinta. Cuando le dije qué le debía me contestó que ya lo había pagado la mujer anterior. Le agradecí la amabilidad ya que gracias a ella yo también había adelantado al chico que llegó tarde y quise pagarle mis dos botellas. No fue posible, estaba invitado.

Otra anécdota, con diferente cariz, me ocurrió esa misma tarde. Los billetes para los transportes públicos sólo pueden sacarse en una máquina destinada para ello. Solo admiten monedas o tarjetas de crédito. Ninguna de mis tres tarjetas eran admitidas, por lo tanto siempre tenía que llevar cambio en el bolsillo. Al dejar el funicular que baja de Notre Dame, en el barrio alto, me di cuenta que no tenía monedas para volver a mi hotel así que aprovechando que al lado de la estación había una oficina de información y venta de billetes, como nos íbamos a quedar a cenar por la parte vieja entré para que me cambiaran diez euros, a la hora de regreso estaría cerrada. Tendí a una de las chicas, que se encontraba en una ventanilla, un billete de diez euros para que me cambiara. Me contesto que sólo vendía billetes (que caducaban al cabo de una hora) pero que no podía darme cambio. Le expliqué mi problema pero me envío a una mesa que atendía su superiora. Le expliqué nuevamente mi situación y me dijo en castellano: “A un español no queremos cambiarle”. Exploté en cólera y le dije que esa contestación me la tomaba como exaltación de puro racismo y que la denunciaría por ello. Me dijo que no se trataba de racismo, comprobando que tocaba un aspecto que está perseguido en una sociedad, que hasta entonces, me había parecido un ejemplo de convivencia, como dije más arriba. No sirvió de nada. Me fui de allí con un cabreo que tardó varios minutos en desaparecer. En todos los sitios podemos encontrarnos situaciones favorables o desfavorables dependiendo de la persona con la que dés. Por suerte, sólo tengo dos anécdotas negativas de mi paso por Lyon y muchas más positivas del tipo a la ocurrida con la mujer negra de la cola del hipermercado. Otro día, comíamos en un “bouchon” de la calle principal, en la parte vieja. En una de esas mesas pegadas literalmente a la nuestra, una chica que acabó de comer nos pidió permiso para fumar. Estábamos en una terraza al aire libre. En España seria impensable esa situación. Los aseos de todos los restaurantes son mixtos. Coincidí, en la entrada del baño, con una cliente británica y, educadamente, la dejé usar el baño antes de hacerlo yo. Esperé, tranquilamente, a qué acabará de utilizarlo. Como tardaba, el jefe del “bouchon” que era árabe, cada vez que pasaba por allí golpeaba la puerta propinando a la británica insultos. Antes que saliera desaparecí no fuese a creer que era yo el impresentable que le metía prisa. Me fui de allí y prometí, a pesar de que comimos de maravilla, no volver nunca más.

viernes, 18 de septiembre de 2009

LYON. “UN CERTAIN REGARD”-1





Cinco días en Lyon dan para mucho. Lyon es la tercera ciudad francesa en población, por detrás de Paris y Marsella. Cuenta con, aproximadamente, dos millones de habitantes. Tiene un patrimonio histórico y arquitectónico importante, con una gran superficie de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Al sur de la ciudad convergen los ríos Ródano y Saona, formando una península o Presqu'île; dos colinas, una al Oeste y otra Norte y la extensa llanura que se extiende al Este del centro histórico de la ciudad.
Al Oeste está Fourvière, llamada "la colina que reza", coronada por la basílica de Notre-Dame y la Tour métallique, (torre de telecomunicaciones replica de la Torre Eiffel parisina). Hasta allí se accede en funicular.
Al Norte se encuentra la Croix-Rousse, "la colina que trabaja", lugar en el que se encontraban los talleres de confección de telas de seda.
Entre la colina de Fourvière y el Saona, se encuentra el Vieux Lyon o barrio de Saint-Jean, que constituye la parte medieval y renacentista de la ciudad.
En la Presqu'île, península situada entre los dos ríos, se encuentran las principales calles comerciales de la ciudad, además de la plaza de Bellecour, una de las plazas peatonales más grandes de Europa.
Una vez realizado, por encima, el perfil de Lyon, quisiera resaltar dos aspectos que me han llamado la atención y que, de alguna manera, la hacen distinta a otras ciudades por su peculiaridad. Se trata de los “bouchons”, tabernas que guardan celosamente la tradición gastronómica, y que están repartidos (algo más de una veintena) por el Vieux-Lyon. Algunos de los restauradores más famosos del planeta como Paul Bocuse o Eugénie Brazier son lioneses. Buena parte de los platos más famosos de la cocina francesa (querelles, sopa de cebolla, grattons o la andouillette) son de allí, por eso es a menudo considerada la capital mundial de la gastronomía. Otra singularidad de la capital de la región Alpes-Ródano son las “Traboules”, caminos secretos o pasajes tradicionales que permiten pasar, mediante patios interiores, de un edificio a otro sin salir a calle (o saliendo para, simplemente, cruzar una calle). Hay tres tipos de Traboules; la directa, donde siempre ves la salida; la angular, cruza edificios de una manzana en ángulo y, por último, la que tiene varios accesos y que agrupa a varios edificios (algunas tienen escaleras por el desnivel importante de las calles que vincula). Durante las épocas de guerra se usaban para evitar al ejército. En el siglo XIX fueron utilizadas por los obreros de la seda. Son patrimonio mundial de la UNESCO y hay algo más de cuarenta abiertas al turismo y utilizadas por la población en general.

jueves, 17 de septiembre de 2009

LAGO LEMÁN




El lago Lemán (mide 72 Km. de longitud y 12 de anchura) tiene forma de cruasán con las puntas hacía abajo. En su punta oriental se sitúa Montreaux y el Castillo de Chillón, y en la occidental, Ginebra. Personajes como Courbet, Kokoschka o Chaplin, vinieron, vieron y se quedaron. Lord Byron, escribió en sus paisajes sobre la historia de Francois Bonivart, poeta cautivo en una mazmorra del Chateau de Chillon bajo el nivel del agua.

Del lado francés se halla la localidad fortificada de Yvoire (pequeño pueblo medieval), llamada la Perla del Lemán y Évian-les-Bains (balneario y fuente de agua mineral). Precisamente, por recomendación de mi amiga Gianna, comimos “perca” con ensalada y patatas fritas en el restaurante más cercano al Lago, que estaba a diez escasos metros de nuestra mesa. Yvoire es un pueblo muy visitado, aunque, en el restaurante, al aire libre, no te enteras de tal aglomeración. Allí respiras tranquilidad y sosiego. Lo único que produce ruido son las olas que las embarcaciones producen al pasar cercanas a la orilla. A nuestro lado, en una mesa, se sentó a comer una pareja. No era una pareja normal. Se trataba de dos chicos de unos treinta años, uno de ellos ciego. Se notaba que eran pareja por la manera tan tierna de guiarlo. Estuvieron largo rato sin hablar, ya sentados, hasta que el chico ciego percibió el oleaje que acababa de formar el barco. Su pareja, le explicó la causa. En ese momento, atrapado por el comportamiento de ambos, agradecí poseer el sentido de la vista. Emprendí, entonces, una conversación con mi acompañante sobre la visión. Nos preguntábamos la diferencia que existe entre las personas que han conocido los colores, las formas, las texturas, a otras que ya han nacido ciegas y es imposible que puedan hacerse una idea de lo que se les explica. Al salir de Yvoire, una visión surrealista del todo se apoderó de nosotros. Un novio, la novia y todos los invitados, vestidos como para una película de Fellini, buscaban algo en el suelo. Estuvimos varios minutos disfrutando del espectáculo. Uno de los invitados se acercó a nosotros y nos pidió que diéramos la vuelta con el coche. La novia había perdido una importante “bijou” (joya) y podíamos pisarla al pasar.

En unos kilómetros estuvimos en Evian. Hay muy pocos lugares que aúnen lo refinado con un aire de balneario, donde el tiempo fluye imperceptible, como la brisa sobre el lago, y todo el mundo parece de buen humor. Es espectacular la visión que desde allí hay de Lausana. Sentados en un banco junto al lago, estuvimos escudriñando con los prismáticos. Está construida en la falda de la colina y sus calles se empinan como las de San Francisco. La arteria principal de la ciudad, su calle comercial, es tal y como esperas que sea una calle convencional francesa. Llena de comercios típicos, hoteles con encanto, visitantes sin prisa…

Dos sorpresas me deparó el viaje de vuelta al hotel. Al atardecer, encendido por el último sol, contemplé la estampa nevada del Mont Blanc. Fue un espectáculo indescriptible. Una vez en la habitación, una potente luz iluminaba el contraste de los Alpes. A los pocos minutos pude despejar la incógnita. Se trataba de luna llena, rezagada debido a la imponente altura de las montañas. La noche agonizaba plena de luz y de encanto.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

GINEBRA



En Suiza el verde se intensifica. Nada más entrar por la frontera un policía te coloca la “vignette”. Una pegatina para tu vehiculo que garantiza la utilización de las autopistas suizas por “apenas” 30 euros. Un impuesto del que no se salva nadie. Pronto, desde lo alto, se divisa la bella ciudad de Ginebra y el Lago Leman, el más grande de Europa. La visión de cuarenta o cincuenta coloridos globos aerostáticos, cerca de nosotros, es asombrosa. Nunca antes había visto tantos juntos. Aparcamos en un subterráneo a orillas del Ródano. Es el aparcamiento más caro que he utilizado. Tres francos la hora. Al cambio cuatro euros cincuenta. Una aproximación a lo caro que es Suiza. Cuando paseas por sus limpias calles y ves escaparates de los comercios más prestigiosos del mundo los precios no te llaman la atención. Crees que, por asociación, los números que indican los precios corresponden a euros. El problema es que están en francos suizos. Todo un cincuenta por ciento más caro que en Francia y algo más que ese porcentaje en España. Te das cuenta que te has convertido en pobre repentinamente, si es que no los has sido en alguna ocasión. El cambio del franco equivale a un euro cincuenta. Visitamos la catedral, la parte vieja, las calles comerciales y las dos márgenes del río cruzando sus largos puentes. A mediodía, tomamos un café con mi amiga Gianna, jefa de ventas de la marca Cartier. Junto a Cartier, en la misma calle, están todas las relojerías más famosas. Es sábado y todos los partidos políticos han sacado el chiringuito ofreciendo productos de la tierra por causas solidarias. Visitamos la caseta de un partido socialdemócrata y uno de sus afiliados nos preguntó en francés y luego en inglés, al advertir que no éramos suizos ni franceses, ¿cuál es tu sueño? Contestamos que no nos interesan los sueños de la política. Un grupo de jazz amenizaba la jaima y todos bebían vino, acompañado de un guiso de arroz, o café. Caminando por un jardín con una fuente preciosa me agacho para recoger una postal cuya fotografía contiene unos señores con trajes regionales que tocan uno de esos instrumentos de viento que se apoyan en el suelo debido a su gran tamaño. Me sorprendo al advertir que está escrita. Con seguridad alguien la ha perdido. Miro el remite y está dirigida a Baracaldo (Vizcaya). No puedo menos que leer el contenido. La persona que escribe se queja, ¡cómo no!, de los precios en tierras suizas y como anécdota dice que orinar cuesta cuatro euros. Guardo la postal en espera de poder echarla en un buzón. A escasos pasos, cosas del destino, utilizo una “toilette” sin coste alguno. Subiendo a la parte vieja, al lado de una escultura moderna muy bella, encuentro, por fin, un buzón de correos y deposito la postal dirigida a España. Ya casi creía una misión imposible encontrar un buzón y me había propuesto enviarla a su destino una vez en España. Cumplido el cometido, nos hicimos la foto de rigor en el geiser del lago que propulsa su chorro varios metros hacía arriba y nos internamos en el Lago Leman.

martes, 15 de septiembre de 2009

LAGO ANNECY


Lago Annecy. Paul Cezanne


Aunque el día estaba gris decidimos tomar un barco para visitar todo el Lago Annecy. Es famoso por ser uno de los lagos más limpios del mundo. Además es el segundo lago más grande de Francia, tras el Lago del Bourget. Es alimentado por varios ríos pequeños, nacidos en las montañas próximas (Ire, Eau Morte, Laudon, Bornette y Biolon), y por una potente fuente submarina, el Boubioz, que nace a 82 m de profundidad. Esta rodeado al Este por el Macizo de los Bornes y al Oeste por el Macizo de los Bauges, al Norte por la aglomeración de Annecy y al sur por un amplio valle. Su longitud es cercana a los 15 Km. y su ancho va desde los 800 hasta los 3.300 metros. Tardamos dos horas en recorrerlo y durante parte del trayecto llovió débilmente. No obstante, las vistas de los pueblos y de los macizos alpinos fueron impresionantes, de indiscutible belleza. El cuadro llamado “Lago Azul” de Paul Cézanne está inspirado en esas vistas. Me sorprendió la cantidad de mujeres solas que realizaron con nosotros la travesía.

Pasé dos periodos vacacionales en Bretaña y siempre que puedo como en un restaurante bretón. El problema es encontrar alguno que sea auténtico. Es decir, gestionado por bretones. Después de la “promenade” en barco nos dirigimos a uno que habíamos visto en Annecy. A pesar de acomodarnos en una de esas mesas que están literalmente pegadas a otras (los españoles no soportamos que alguien esté junto a nosotros comiendo y, por tanto, atentando contra nuestra intimidad. Lo llevamos fatal. Desgraciadamente, en casi toda Europa es así. ¡Qué le vamos a hacer!) la comida era realmente bretona. Se basa en una galette, una crépe, sidra y, si hay suerte, lait ribot . Tanto la galette como la crépe pueden ser frías o calientes, aunque se diferencian en que la crépe es dulce y la galette salada ( se utiliza para la masa harina de trigo sarraceno en lugar de la de trigo candeal)
. Recordé muchas comidas similares con mis amigos en Bretaña. Curiosamente hoy, ya hace varios días que estoy en España, he recibido un correo de Sebastien, uno de mis amigos bretones.

Tras la comida descansamos en el Centro Cultural de Annecy. En medio del hall hay sillones, a modo de tumbonas, que hacen el deleite de los siempre fatigados viajeros. Tiene wi-fi y aproveché para hacer una inscripción que vencía ese día. El Centro mezcla a viajeros y estudiantes. Estudiantes adolescentes, venidos de pueblos que rodean en lago, invaden todas las escaleras y aprovechan para comer. El ambiente allí siempre está asegurado.

La jornada, algo pasada por agua, acabó con visita a la playa y al Hotel Imperial, imponente construcción modernista de principios del siglo pasado. Muy distinto a mi hotel de Argonnay, donde pasaría mi última noche en los alrededores del Lago, rodeado de imponentes montañas y un verde espectacular.

domingo, 13 de septiembre de 2009

ANNECY. Haute Saboie






Al llegar a Saboya todo se convierte en bosque tupido, grandes cimas, ríos entre gargantas. Me recuerda a Cantabria. Desde la carretera se divisan los pre-Alpes produciéndome mucha emoción. Más adelante, en el departamento de la Alta Saboya, van apareciendo lagos y la cordillera alpina. En pocas horas hemos pasado de estar en llano y junto al mar a los altos picos montañosos. La temperatura también baja seis o siete grados. Una vez en Annecy, lo primero que hago es dirigirme al lago que lleva su nombre. El descubrimiento es impresionante, tranquilas aguas bajo la atenta mirada de los Alpes. Paseo junto al lago y me llaman la atención unas gaviotas mucho más pequeñas que las marinas. Mucho más estilizadas y refinadas que las que suelo observar en Santander o Peñíscola. Parecen menos carroñeras al alimentarse de pescado de un lago transparente y limpio. Percibo que la gente que pasea por los bordes del lago, mezcla de turistas y habitantes de la ciudad de Alta Saboya (saboyardos, no saboyanos como nosotros los llamamos) viste bien, se nota la elegancia en esa zona francesa tan estratégica, cerca de Suiza e Italia. Multitud de embarcaciones están atracadas a orillas del lago. Y, de repente, a mis espaldas, pasado el Ayuntamiento (La Marie) descubro el esplendor de una ciudad medieval bajo la falda del castillo (en manos privadas) repleta de canales que la convierten, según he leído, en la Venecia francesa. Quedo cautivado por tanta belleza y empiezo a hacer fotos hasta entrada la noche. Hay rincones que permanecerán siempre en mi retina y, otros muchos, que capturo para disfrutarlos cuando ya esté lejos y que ahora quiero compartir con ustedes en mi humilde blog.

ÁRBOLES DE NIMES



En Nimes me llamaron la atención dos cosas. Ambas relacionadas con los árboles. Había un parque en obras y todos los árboles estaban preservados con maderas para que no sufrieran golpes por parte de las máquinas. Recordé, entonces, la apasionada lucha en el madrileño Paseo del Pardo por parte de Tita Cervera hacía los árboles que el Ayuntamiento quería talar. Sin embargo aquí, en una ciudad del sur francés, no sólo los cuidan para que no sufran daños sino qué, fijándome bien, todos están numerados como si fueran un artículo único. Me fascinó el trato hacía la naturaleza. A mi vuelta en un paseo por Nimes pude comprobar, además, que servían como lugar de exposición de escritos de sus habitantes. Uno de ellos, exhibía una poesía colocada cuidadosamente en un pliego sujeto por dos chinchetas del mismo color. Unos metros más adelante, otro árbol contenía un segundo texto. Nunca lo había visto antes y me pareció un recurso impecable para dar a conocer la obra de incipientes escritores.
Estos eran los textos:

Vos omoplates se déboitent,
O mes amourrs !
Une étoile á vos reins qui boitent
Tournez vos tours.
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AGE D´OR
Un besu matin, chez un peuple fort deux un home et une femme superbes criaent sur la place publique : « Mes amis je veux qu´elle soit reine ! » « Je veux ètre reine ! » Elle riait et temblait. Il parlait auxamis de révelation, d´epreuve terminée. Ils se pámaient l´un contre l´autre.

En effet, ils furent reis toute une matinée, oú les tentures carminées se relevérent sur les maisons, et toute l´après midi, oú ils sávancérent du cóte des jardins de palmes.

sábado, 12 de septiembre de 2009

BRIN DU SUD





Un día caluroso nos recibe en Nimes, la ciudad francesa con más sabor español. Visité Nimes hace algunos años, desde la vecina Arles, en un viaje a la Cote Azur. Entonces, desde allí, me desplacé al majestuoso Pont du Gard, que da nombre al departamento, y a la bella Avignon. Recordaba “Les arénes”, la Maison Carrée –un elegante templo romano del siglo II d. C. con finas columnas corintias y un friso esculpido- y un intrincado laberinto de calles peatonales con tascas, restaurantes, terrazas bien dispuestas y multitud de comercios de moda. Sin embargo ahora, con más tiempo disponible, intento escudriñarla más intensamente. Aparco el coche junto al jardín de la Fontaine. El jardín contiene un manantial que los romanos llamaron Nemausus, en honor a su dios de los ríos. No tiene césped y su suelo de grava no me parece el más adecuado con tanto ornamento y terrazas de piedra alrededor. En lo alto hay una torre octogonal que formaba parte de la ciudad amurallada. Bajo los grandes árboles y los bancos, varios visitantes se resguardan del potente sol. Capturo algunas fotos de los estanques y luego nos dejamos llevar por un canal que conduce al centro. Se agradece que esté arbolado. Uno de los árboles me llama la atención. Está cortado por sus ramas más anchas simulando las piernas de una mujer. Se trata de una obra de arte. Busco el reflejo en el otro margen pero es infructuoso. El agua verdosa tiene una capa superficial que hace que no produzca reflejos. Una lástima.
En Turismo pedí información sobre las Gorges de l´Ardeche pero se alejaba un poco de nuestra ruta hacia los Alpes. Tras un recorrido por los monumentos puntuales de Nimes (incluyendo la Plaza de Toros y la Maison Carrée) enseguida se detecta la falta de zonas de verdes en la ciudad. Atravesando una plaza con varias esculturas y un hotel modernista, con cafetín repleto de afiches taurinos, comenzó a llover con muy poca intensidad. Era el momento de volver al hotel. Había sido una jornada muy tranquila disfrutando del “brin du sud” de una ciudad relajante y muy asequible.

viernes, 11 de septiembre de 2009

DEL RÓDANO AL EBRO


Dejé las proximidades del nacimiento del Rhône (Ródano) para llegar, tras diez duras horas y cerca de mil kilómetros de aburrida carretera, un poquito más allá de la desembocadura del Ebro. De un mar de asfalto pasé a un Mediterráneo placido e inmenso. Mi amigo Pep estaba navegando en su catamarán. Había llegado a casa. Fatigado y algo nostálgico de haber abandonado Suiza y mi siempre querida Francia, aunque alegre por retornar a mi país después de diez largos días plagados de belleza, anécdotas y nuevas experiencias. Aprovecharé para descansar de tan intensas jornadas junto a, mi también amado, mar.