viernes, 26 de marzo de 2010

EL UNIVERSO A MI ALREDEDOR



Alguien dijo que "Universo ao meu redor", de la cantante brasileña Marisa Monte, es una zambullida sensual en la herencia sambista. El tema, elegante, delicado y sutil me parece el adecuado para este momento. Sobre él, también leí en algún lugar que es un disco tan bonito que tal vez tengas que pellizcarte con fuerza para comprobar que no estás soñando.

Esta noche intentaré soñar en positivo con todo el universo a mí alrededor. Dormiré arrullado por el mar, pero antes, contemplando la luna, escucharé de nuevo a Marisa Monte y me pellizcaré en un muslo para comprobar que no estaré soñando.

"Tarde, já de manhã cedinho
Quando a nevoa toma conta da cidade
Quem pega no violão
Sou eu, sou eu
Pra cantar a novidade

Quantas lágrimas de orvalho na roseira
Todo mundo tem um canto de tristeza

Graças a Deus, um passarinho
Vem me acompanhar
Cantando bem baixinho
E eu já não me sinto só
Tão só, tão só
Com o universo ao meu redor "

jueves, 25 de marzo de 2010

JOSÉ MARÍA NUNES (Faro, 1930- Barcelona, 2010)


Foto: Julia Herrera de Salas

Ayer fallecía uno de los directores más controvertidos de la cinematografía española: José María Nunes, una destacada personalidad de la Escuela de Barcelona, reconocido como su líder idealista y maestro por su vanguardista estilo genuinamente cinematográfico. En su filmografía no hay ninguna concesión a la comercialidad. Nunes es un director incomparable, profundo, intenso, metafórico, y porqué no decirlo: metafísico. No busca hacer un cine comercial para atraer a las masas, hace un cine humano para atrapar los individuos, y lo hace sin convenciones ni compromisos, sino con ideas y apelando a la inteligencia del espectador. Nunes desprende una sensible y eufórica pasión en el rodaje, dirigiéndose a los actores con un tacto emotivo sin condicionar su naturalidad. Esta pasión se traduce en la pantalla de manera calmada y serena, amable e intimista.
De sus 14 películas, quisiera destacar la que considero una verdadera obra maestra: Mañana, con José María Rodero, Arturo Fernández, Ana Amándola y José Sazatornil.

miércoles, 24 de marzo de 2010

DÍA CON ESTRELLA


Hay días que amanecen con estrella. Son pocos en la vida de cada individuo pero haberlos, haylos, doy fe. Hoy es uno de esos días mágicos, uno de esos días que, tras cierta incertidumbre y muchas cábalas sobre lo que será tu futuro inmediato, despejan el camino y lo convierten en la rutina establecida que se perdió y, repentinamente, regresa. Días que te devuelven la esperanza, las ganas de vivir, aquellos horarios establecidos durante tantos años que se inutilizaron con los nuevos, con las nuevas pautas, con argumentos ya desconsiderados. Somos animales de costumbres y no hay acuerdo marco que logre cambiarlas. Las envidias siempre existirán y regresarán con remordimientos más acusados, pero a partir de hoy vuelvo a la realidad que perdí hace tres meses por rivalidades y por la ineptitud del politiquillo de turno. No creo en la justicia como no creo en la política, aunque hoy se ha dictado sentencia a favor de lo que nunca debí perder. Amigos (muchos) y enemigos (menos), sigo celebrándolo.

martes, 23 de marzo de 2010

FINGERS FOOD BAR


Estaba absorto en la música que sonaba en el interior de mi coche. Se trataba de una cantante neozelandesa llamada Gin Wigmore . Me estaba gustando, es una mezcla entre Amy Whinhouse y Duffi, pero resultó que en ese momento atravesaba varios de los túneles que unen Los Corrales de Buelna con Reinosa y las ondas hertzianas no llegaban al aparato nítidamente. Regresaba de pasar tres intensos días en Santander divisando, cuando me lo permitían los túneles, verdes prados cubiertos de una niebla intensa. El sábado anterior, me encontré con la primavera recién nacida oteando el Cantábrico desde un alto acantilado mientras los pescadores recogían sus aperos, violentados por una intensa lluvia nada inesperada. Hice algunas fotos pertrechado bajo un paraguas y, también, regresé empapado a reunirme con los míos.

El periódico informaba que Cantabria registraba una ocupación hotelera de más del noventa por cien y, en efecto, el Paseo de Pereda y las calles adyacentes no engañaban. El domingo por la noche, disfrute de los bares con sus barras repletas de pinchos y con mucha menos concurrencia que en días anteriores. En Casa Lita, frente al Club Marítimo, en una pizarra, estaba escrito que se podían comer los pinchos con la mano. También traducido de manera muy personal al inglés: “Fingers food bar”. Comentamos que, con toda seguridad, los turistas extranjeros preguntarían cómo se comían los pinchos y, los camareros, cansados de dar explicaciones lo habían escrito en un cartel a la vista de todos. Pude comprobar también que los grandes portalones del Paseo siguen manteniendo los mismos carteles de tiempos inmemorables: “En caso de viento sur acceder al edificio por la calle Hernán Cortés”. Precisamente, el viernes y el sábado, el viento sur fue el culpable del calor reinante en la ciudad. Cuando sucede ese fenómeno atmosférico, muchos nativos sufren sus circunstancias : dolores de cabeza, estrés, irritación, produciendo cambios de humor sustanciales. Pero como se trata de algo previsible, la situación suele estar bajo control. Sin embargo, uno de esos vagabundos de los que siempre han errado por la ciudad, de barba poblada y cuerpo orondo, gesticulaba y vociferaba asustando a los peatones que tropezaban con él. Y, aunque no era, a simple vista, agresivo, preferimos cambiarnos de acera cuando lo veíamos de lejos. Repetimos el cambio de acera en tres ocasiones, parecía que el tipo iba persiguiéndonos.
Otro de esos cartelitos que siempre me llaman la atención se encuentra en Adarzo, en un bar que suelo frecuentar, Casa Sampedro. En la puerta de entrada cuelga el siguiente escrito: “Para favorecer la siesta de nuestros clientes, cerramos de 16 a 18 horas”.



Cuando regresó de Santander, una amiga con raíces cántabras siempre me pregunta si he comido rabas o alguna otra cosuca. Esta vez le responderé que estuve en La Conchita, un antiguo bar de toda la vida que se encontraba en Peña Herbosa y desde hace unos años ocupa el bajo de un edificio muy alto con vistas al Sardinero y a la vaguada de Las Llamas, justo encima de las facultades universitarias. Lo típico (al igual que en la antigua Conchita) son los mejillones y las colas de langostino al ajillo. Comí justamente eso y una racionzuca de rabas. ¡Qué le vamos a hacer! Servirá para aguantar el tirón hasta la próxima visita.



Recién llegado del norte les deseo ¡feliz primavera!

lunes, 22 de marzo de 2010

GIN WIGMORE



Nueva Zelanda, el país más alejado del mundo para nosotros, no suele dar músicos destacados. Sin embargo, Gin Wigmore, que ha ocupado el número uno en las listas de Nueva Zelanda con el tema “Brother” del rapero Smashproof, con sólo 23 años tiene un talento extraordinario y destaca en el panorama internacional.
• “Holy Smoke", su opera prima, es un albúm fantástico. Se llama como la película australiana de Jane Campion, la de “El Piano”. El álbum contiene entre seis o siete canciones de altísimo nivel, producidas por Mike Elizondo. Una elección arriesgada pero soberbia. Elizondo es el gran músico en los discos de Dr. Dre y Eminem. Gin tiene un timbre que a veces recuerda a Duffy o a Amy Winehouse.

miércoles, 17 de marzo de 2010

CHESTER Y LOS HIPPIES


En vacaciones de verano me gustaba pasear con mi perro Chester hasta la playa. Se trataba de un perro de raza “pointer” que, como todos los de caza, era muy juguetón y cariñoso. Le llamábamos Chester por dos motivos. El fundamental era que estaba coloreado como un cigarrillo pero con los colores cambiados. Tenía el rabito blanco y el resto del cuerpo de color whisky. El segundo motivo, era que nuestro padre fumaba tabaco de la marca Chesterfield. Desde la casa de mis abuelos hasta la playa de la Virgen del Mar había una distancia de algo más de un kilómetro, por caminos que sólo transitábamos los vecinos (ahora se han convertido en urbanizaciones). El último tramo se hacía por el interior del, entonces, campo de tiro militar , que con el paso de los años se convertiría, durante las fiestas patronales de Santiago, en lugar de celebración de las Ferias. Eran tiempos en que las generaciones más jóvenes de toda Europa y América, a excepción de los países que teníamos la desgracia de vivir en una dictadura fascista, practicaban la libertad en un movimiento llamado Hippie. En Santander, durante esos primeros años setenta, se veían, en el buen tiempo, cantidad de coches con matriculas extranjeras que portaban distintivos con las letras D, ND y CH, principalmente. Los niños de aquellos años pensábamos que la pegatina CH correspondía a la extinta Checoslovaquia. Frente a la isla de la Virgen del Mar, detrás de las rocas que delimitan “Los Baños de Cleopatra” y el chiringuito de toda la vida, aparcaban muchas furgonetas alemanas, holandesas y suizas que disfrutaban “por la patilla” de varios días de sol (y lluvia), paz, nudismo y amor. Me gustaba pasar por donde estaban esas parejas compuestas por tipos melenudos y chicas rubias exuberantes que campaban a sus anchas como Dios les trajo al mundo. Me encantaba contemplar a esas rubias virginales desde cierta distancia. Cuando me veían me saludan con una sonrisa y el brazo extendido y yo les devolvía el saludo completamente ruborizado. Chester siempre se acercaba a ellos para olisquearlos y yo, con la excusa de retirarlo de allí, podía examinar más de cerca sus cuerpos bien formados. Era una experiencia que me encantaba. Incluso en alguna ocasión me invitaron a una coca cola mientras ellos, desnudos, fumaban algún tipo de tabaco que olía muy fuerte. Me hacían preguntas pero yo no les entendía y, además, siempre tenía prisa por irme. Sin embargo me sentía muy feliz en ese ambiente tan liberal y relajado, aderezado de música diferente a la que emitían las emisoras de radio españolas. A partir de los dieciséis años y hasta después de acabar mis estudios, pretendía imitarlos dejándome el pelo largo y fumando, de vez en cuando, algún canuto con mis amigos y amigas del “Caracol”, la discoteca de moda en Santander, con la mejor música del disyoquei Regino. Por entonces tenía trece o catorce años y lo único que me importaba era aprobar en septiembre las asignaturas que me habían quedado, jugar al fútbol con mis amigos y descubrir que las chicas no eran tan simples como las imaginaba pocos años atrás. Más o menos, a esa edad, me enamoré por primera vez de Asun. No duramos mucho, ella era mucho más madura (había dejado a un novio –muy famoso en la actualidad- por mí) y yo un tipo tímido e inexperto. El primer amor me venía demasiado grande. Por esa época escuchaba todas las noches, antes de dormirme, un programa musical que dirigían dos cachondos mentales. Sólo recuerdo que uno de ellos se llamaba Charli. Mi música de cabecera no era otra que Cosmo´s Factory de los Creedence C. Revival. Empezaba, por tanto, a encauzar mi vida. Me estaba haciendo, poco a poco, adulto. Afortunadamente, todavía dudo si he llegado a conseguirlo.

martes, 16 de marzo de 2010

HOTEL DECAMERON


El pasado domingo, Almudena Grandes, escribía en El País sobre algunas situaciones que te encuentras a la hora de embarcar en los aeropuertos: las medidas de seguridad, las franquicias del equipaje, las alarmas de los arcos de seguridad… y recordé algo que me ocurrió hace algunos años en Cartagena de Indias.
Mi acompañante y yo veníamos de pasar unos días en Isla Contadora y en la ciudad de Panamá y nos alojamos en el Hotel Decameron de Cartagena. Desde allí, nos desplazaríamos en barco a las Islas del Rosario y en autobús al volcán Totumo. Fueron unos días inolvidables. Cartagena, ciudad patrimonio mundial, mantiene el encanto de la arquitectura colonial española cuidando de manera admirable sus monumentos, edificios y todo lo que interesa al visitante. Vive de ello. Todo fue muy positivo en Cartagena hasta que llegó la hora de abandonar el hotel. Un grupo de españoles nos agolpamos en la recepción al mismo tiempo. Al cabo de tres horas salía un avión con destino a Barcelona. Tuvimos que esperar muchos minutos a que los clientes que estaban por delante, en la fila, pagaran su factura. Discutían por una botella de ron qué, según ellos, no habían bebido. Se negaron a pagarla y los empleados cerraron el hotel por dentro. Se formó una trifulca extraordinaria. Otros españoles comentaban que les había sucedido algo parecido al intentar los recepcionistas del hotel sacar un extra con productos que no se habían consumido. Cuando me tocó pedir la factura, ya arrimado al mostrador, me di cuenta que incluía un paquete de Kleenex que no había utilizado. Les dije que durante los siete u ocho días que me alojé en el Decameron nunca había visto en la habitación pañuelos de papel. Es más, saqué de mi mochila varios paquetes que siempre llevo en los viajes sin necesidad, por tanto, de tenerlos que comprar . Como se acercaba la hora de partir al aeropuerto decidimos pagar todo lo que nos requerían. No teníamos otra alternativa. No nos dejaban llamar por teléfono ni ponernos en contacto con el exterior. Estábamos secuestrados y la única opción era salir de allí y poner la denuncia pertinente. Una vez efectuado el importe de todos los productos que nos solicitaban, a modo de impuesto revolucionario, abrieron la puerta y salimos a la calle. En el aeropuerto, cercana la hora de salida, no pudimos poner la denuncia en la comisaría de policía. Todos los pasajeros del Boeing con destino a Barcelona hacíamos una cola de varios cientos de metros en dirección a la aduana. El sol del mediodía nos daba de lleno produciendo varios desmayos en personas mayores. La temperatura tropical era realmente alta con una humedad cercana al noventa por ciento. Con cada pasajero la policía permanecía unos diez minutos. Dos policías iban examinando todo el contenido de cada maleta mientras un perro pastor alemán olfateaba cada prenda, cada recipiente, con el único objetivo de encontrar cocaína u otra sustancia prohibida. Creíamos que se había producido algún chivatazo pero estábamos confundidos. Más tarde, una vez dentro de la zona de embarque, nos enteramos que en el vuelo anterior a España, habían encontrado a una pareja española un kilo de coca entre sus pertenencias. Cuando registraron nuestra maleta, tomándose más tiempo de lo normal hasta entonces, la policía encontró en la maleta de mi acompañante unos polvos blancos en un recipiente de plástico. Me puse pálido y empecé a temblar cuando llegaron dos pastores alemanes. El contenido lo esparcieron por el mostrador y los perros ni se inmutaron. Se trataba de unos polvos para evitar la sudoración de los pies. En el cacheo se llevaron a mi acompañante a una habitación cercana al control de seguridad. No daba crédito. Nunca había estado tan nervioso. Los minutos se me hicieron eternos. Cuando comprobé que mi acompañante quedaba libre y se acercaba donde yo estaba retornó la esperanza. Nos dimos un fuerte abrazo. Había tenido que quitarse el tampax que llevaba puesto.
Sentados en la sala de espera abrí una botella de ron que había comprado poco antes en el Duty Free. La compartimos, a morro, con cuatro chicas malagueñas que habíamos conocido en Islas del Rosario. Todavía guardo la botella vacía como recuerdo de un momento inolvidable y espero sea irrepetible.

lunes, 15 de marzo de 2010

ESAS PEQUEÑAS COSAS


La semana anterior había sido agotadora en todos los sentidos, sobre todo en el aspecto físico. Realicé más ejercicio del habitual y me pasó factura, algunos de mis músculos no estaban familiarizados con las nuevas tablas realizadas. Deseaba que llegara el fin de semana para descansar, incluso en algún intercambio de correo electrónico anoté que no iba a hacer “rien de rien”, así de chulo, en francés. Sin embargo es imposible hacer “nada de nada” o no hacer nada, vaya. Descansar ya es hacer algo; respirar; pensar; comer; ducharse…Pero hice algo más, claro. Leí algunas páginas del último libro, a base de relatos cortos, de Molina Foix, las últimas y deseadas columnas de Manuel Vicent, “Para vivir”; Julio Llamazares, “Zarazos de mayo”; Carlos Boyero, “Vacilona”; Juan José Millás, “Un currículo estremecedor”, basado en una foto del ex presidente Aznar con el dedo índice levantado hacía el cielo, gesto dirigido a unos estudiantes de la Universidad de Oviedo que le gritaron “asesino” y “fascista”; Javier Marías, “Esa cara me suena”: Ray Loriga, “Código binario”; Almudena Grandes, “La seguridad y el amor”, basada en hechos reales sobre las medidas de seguridad en los aeropuertos a la hora de embarcar; así como “Una bandera rota y embarrada” de Isabel Allende que trataba de los tristes acontecimientos de Chile y “Otra cenicienta” de Elvira Lindo. Ví, en mi ordenador, dos películas europeas exquisitas: “El árbol de los zuecos”, italiana, basada en las costumbres agrícolas de los pueblos de principios del siglo pasado y “Amants règuliers”, francesa, de la que ya comenté algo en el blog. Cada una de ellas tiene una duración cercana a las tres horas, por eso decidí tomarme todo el tiempo posible sin ningún tipo de cortapisas. No puede ser de otra manera. También, durante las primeras horas de la tarde del domingo pude ver en televisión el carrerón de Fernando Alonso.

Quiero reseñar que no salí de casa desde que entré por última vez, el viernes a las diez y media de la noche, hasta el lunes poco antes de las ocho de la mañana. Habrá lectores a los que les parecerá terrible recluirse de esa manera. Conozco a muchas personas que no resistirían estar tanto tiempo “encerrados”, lo comprendo; sin embargo, en mi caso, es una necesidad y no vean cómo lo disfruto. Despertarme sin presiones de ningún tipo, bañarme relajadamente con la bañera repleta de espuma y sales marinas, echarme la siesta después de comer, disfrutar de la cocina…
Un fin de semana así, tan relajado, sólo puedo disfrutarlo de vez en cuando, ahora ya estoy pensando en los siguientes que serán moviditos. Aprovechando la festividad de San José, visitaré a mis familiares, así que recibiré la primavera en Santander. El siguiente viernes, día 23, tendré una semana de vacaciones, por eso “he recargado las pilas” para ir sobrellevando las dos semanas laborales que me quedan por delante.
Sin embargo, ha ocurrido algo curioso. Haciendo limpieza a fondo de mi apartamento, pasé demasiado tiempo en la terraza exterior y con este fastidioso frío que nos acompaña me he resfriado. Escribo con un pañuelo en la mano. Donde menos lo esperas ocurre un inesperado percance. C´est la vie.

sábado, 13 de marzo de 2010

LES AMANTS RÈGULIERS


Hay que ver la vida como el pintor admira a su modelo: sin prisas. La duración no tiene sentido. Se ha parado el tiempo, no existe. Tan sólo blanco y negro, imágenes, sensaciones y emociones. Eso es todo. Sentirse en el presente mirando el futuro de soslayo. Hay que hacer la revolución tranquila, la revolución sin establecer, esa es la única manera de darle sentido... y el amor, la soledad que se apodera de tus sentidos para adquirir el significado apropiado. Todo se desarrolla de manera sencilla, lentamente. Mayo del 68 está pasando esquivo, sin darnos apenas cuenta.

viernes, 12 de marzo de 2010

MUSSET

"Echo de menos la paz, la dulce levedad que hace de la vida un espejo donde todo está pintado en un instante y en la cual todo resbala". MUSSET

MIGUEL DELIBES (Valladolid, 17 de octubre de 1920 - Valladolid, 12 de marzo de 2010)


[Fotografía de José Manuel Navia Martínez]
El escritor y académico Miguel Delibes, Premio Cervantes y miembro de la Real Academia Española desde 1975 hasta su muerte, ocupando el sillón "e", ha fallecido a las 7.00 horas en su casa de Valladolid. Delibes murió tranquilo y sin sufrimiento, ya que se encontraba sedado porque su estado de salud empeoró en la tarde del miércoles.

miércoles, 10 de marzo de 2010

SIEMPRE EL SOL

The Stranglers fue uno de mis grupos favoritos de los años ochenta. Creado en 1974 en el Reino Unido fue encuadrado, en sus comienzos, dentro del punk rock. El disco “Aural Sculpture” de 1984 y que conservo en mi discografía, contiene un tema musical que se titula “Spain”. En él, Carmen Franco, la única hija del Sr. Claudio (“Claudillo”, para los amigos), con voz armoniosa y en castellano, corea lo siguiente: “Yo deseo que todos los niños españoles tengan una casa alegre, con cariño y con juguetes. Y por ello envío un beso a todos los niños del mundo”.

Curiosidades aparte, tal vez, de todos los éxitos de The Stranglers mi tema favorito sea Golden Brown. Sin embargo, Always the sun, siempre me ha trasladado buenas y positivas vibraciones. Hoy lo traigo aquí debido a qué hace pocas fechas escuché en televisión, concretamente en un anuncio de zumo de naranja, una versión apasionante de un grupo francés cuyo nombre artístico es FM.
Acompaño ambas versiones. Merecen la pena.


martes, 9 de marzo de 2010

"Sonnerie de Sainte Geneviève du Mont de Paris"





Había viajado a Murcia para competir en el Campeonato de España de Bádminton. Los representantes de Castilla y León éramos mi compañero de dobles Andrés y yo. Una vez en Murcia, yo me quedé a dormir en casa de unos amigos y Andrés continúo hasta Lorca donde vivía su familia. Esa noche habíamos quedado con la selección de Cantabria, mi cuñado y unos amigos, para cenar en un restaurante típico de la ciudad, se llamaba Rincón de Pepe. Cuando acabamos de cenar fuimos a tomar un café a las afueras, a un lugar de moda que estaba en la huerta. Creo que se llamaba El Jardín. El local estaba situado en una casita baja y tenía un jardín enorme. La música, clásica siempre, se escuchaba en todos los lados. En el interior, todas las habitaciones tenían grandes centros de flores frescas y velas. El dueño, conocido de los amigos dónde me alojaba, nos dijo que se gastaba diariamente una cantidad económica extraordinaria en flores. El jardín estaba ocupado por mesas, sillas, estanques, esculturas de cuerpos desnudos y muchas velas y flores. Después de un viaje de más de ochocientos kilómetros allí se estaba en la gloria. El problema era que al día siguiente competíamos casi todos los que nos encontrábamos en “El jardín”. Por suerte mi primer partido individual era contra un jugador de menor nivel técnico que yo y, además, estaba programado a las doce del mediodía. Al disponernos a arrancar los coches y después de despedirnos del dueño del local, prometiéndole que volveríamos (así lo hice meses más tarde), uno de los vehículos de mis amigos de Santander no arrancaba. Eran las dos de la madrugada cuando avisaron al seguro. Les dijeron que en media hora vendría a rescatarlos una grúa. A los pocos minutos, una música barroca se escuchó a gran volumen. En ese momento se encendieron todas las luces del aparcamiento y aparecieron dos camareros con dos botellas de Cava y varias copas. Por detrás venía el dueño diciéndonos: -Sentaros y disfrutad de la noche mientras se soluciona el problema. Le hicimos caso y seguimos charlando hasta que pudimos irnos de allí. La música, especial para la ocasión, se trataba del tema favorito del dueño, no era otro que "Sonnerie de Sainte Geneviève du Mont de Paris". No lo olvidaré jamás.
Al día siguiente fui eliminado en la modalidad de dobles, formando pareja con Andrés, y clasificado para octavos de final en individual. Fue la segunda mejor clasificación de mi carrera deportiva. Años más tarde, Ándres y yo, tambien en dobles, en Segovia, pudimos desquitarnos de aquella eliminación consiguiendo la medalla de bronce nacional. Antes de la semifinal, tumbado en el hotel, escuché de nuevo "Sonnerie de Sainte Geneviève du Mont de Paris". Sabía que me daría suerte y así fue.

domingo, 7 de marzo de 2010

YASMIN LEVY


El otro día, viniendo de viaje, estuve escuchando en Radio 3 el programa de Juan Pablo Silvestre “Mundo Babel”, un viaje a través del mundo imaginario o real. Un espacio singular abierto a las imágenes y sabores de otros mundos que ya están en éste. Descubrí a una cantante diferente, especial, israelí, compositora de música sefardí, llamada Yasmin Levy. Su difunto padre, Isaac Levy, fue un compositor e investigador pionero en la larga y rica historia de la música ladina y la cultura de los judíos españoles y su diáspora. Con su estilo particular y emotivo, Yasmin ha dado una nueva interpretación a la medieval música SEFARDITA mediante la incorporación de más "modernos" sonidos de Flamenco y de música turca, así como la combinación de instrumentos como la darbuka, laúd, violín , cello y piano. Su álbum debut fue Romance & Yasmin en 2000, que le valió una nominación como Mejor Actriz Revelación para la Froots / BBC Radio 3 World Music Awards 2005.

Su cantante favorito es Antonio Molina. Espero que os guste su peculiar versión de “La hija de Juan Simón”.

jueves, 4 de marzo de 2010

COLABOREMOS CON LOS AFECTADOS POR EL TERREMOTO DE CHILE

Me siento en la obligación moral de colaborar con la población chilena afectada por el terremoto del pasado sábado 27 de febrero. Ya lo hice con Haití.

Debido al terremoto que ha devastado CHILE y para colaborar en la ayuda humanitaria a sus habitantes que han perdido lo que tenían, he decidido poner a la venta la totalidad de fotografías que aparecen en mi blog LULOGRAFÍAS. Todo el dinero recaudado irá destinado a CRUZ ROJA ESPAÑOLA como ayuda a los afectados.
Las fotos se entregarán contra reembolso (gastos pagados), en soporte de cartón pluma, medida aproximada 40 x 30 cms., a un precio especial de 60 euros (su valor real es 300 euros).
Las personas interesadas deberán contactar en el correo electrónico: luloma@hotmail.com.
Pueden visitarse en: http://lulografias.blogspot.com/


Agradecer a las personas que colaboraron en la adquisición de obra para donar íntegramente lo recaudado a Cruz Roja para colaborar en la causa haitiana. Las obras vendidas fueron 4, así como la cesión de otra foto para una web. Serán enviadas a los interesados el próximo martes día 9 contra rembolso.

miércoles, 3 de marzo de 2010

CHOCOLATINAS, GASEOSA SANTA MARTA Y ARENQUES




En la cocina de mis abuelos solíamos escuchar la radio. Incluso recuerdo algunas de las emisiones. Un periodista llamado Langarita daba las noticias deportivas en los partes locales. Comenzaba cada programa con un “buenas y soleadas tardes”, “buenas y lluviosas tardes”, “buenas y frescas tardes”, dependiendo del estado del tiempo. Intercalados, entre las noticias, se emitían multitud de anuncios de comercios de Santander: Joyería Presmanes, Calzados La Defensa, Galerías Pérez del Molino, Bazar Álamo… Las señales horarias de la una, coincidentes con la sonora sirena de la ya desaparecida fábrica de loza, cercana a Adarzo, marcaban la hora de las comidas. Eran comidas sencillas, de gente humilde, donde nunca faltaba un buen plato de alubias, lentejas, garbanzos o un suculento cocido montañés. Recuerdo a mis abuelos sentados uno frente al otro, en una de esas mesas rectangulares para cuatro personas pero pegada a la única ventana existente en la cocina. Yo me sentaba frente a la ventana donde siempre había un tiesto con una “alegría” florecida. Algunas noches, mi abuelo pelaba arenques, de esos que se colocaban perfectamente alineados en una caja redonda de madera, envueltos en papel estraza, en el hueco que queda entre la puerta abierta y la pared. Luego cerraba y abría la puerta restregando el arenque en esa apertura mágica. Eran tiempos de penurias (mi abuela nunca me permitiría hablar de miserias) pero cuando estaba allí nunca me faltaba una chocolatina Nestlé para desayunar ni gaseosa Santa Marta de naranja para beber durante las comidas. Al finalizar las noticias de la una y hasta las dos leían en la radio (Radio Santander) las esquelas de los fallecidos en la Provincia. Las esquelas allí son muy importantes, forman parte de la idiosincrasia cántabra, mucho más que en otros lugares en los que luego he vivido. Todavía, los periódicos, contienen dos páginas diarias plagadas de esquelas con foto incluida del fallecido. El tamaño indica la importancia social del difunto. Aquí, el tamaño sí importa.

Mi primer regalo “post-juguetes” me lo hizo mi abuela. Se trataba de un radio-cassete Phillips. Considero que ese regalo marcó en mí dos aspectos. En primer lugar, mi independencia para poder escuchar lo que yo quisiera y, en segundo lugar, mi pasión por la música. Eran tiempos, como he dicho, de grandes necesidades pero, sin embargo, mi abuela, con seguridad echando mano de uno de aquellos prestamistas que pasaban a cobrar mensualmente parte del adelanto con una abultada comisión, me compró aquel maravilloso aparato que me permitía grabar las canciones que seleccionaba en la radio cuidando de no cortarlas antes de tiempo o que no se incluyera la voz de algún presentador desaprensivo. A primeros de mes, cuando veía llegar al cobrador de los préstamos sentía un odio tremendo y, siempre, me originaba la sensación de culpabilidad. Al fin y al cabo, y aunque no pudiera vivir sin él, el radio-cassete no era un producto de primera necesidad. Siempre estaré agradecido a mis abuelos.

martes, 2 de marzo de 2010

EL DESVÁN DE LOS BELLOS RECUERDOS


En la frontera de los doce a los trece años decidí abandonar los juguetes que me habían acompañado durante mi infancia. Recuerdo muchos, en especial una gasolinera con aparcamiento incluido, de varios pisos, y algunos coches que se deslizaban por las rampas empinadas hasta llegar acelerados a la planta baja; los muñecos Epi y Blas; los también muñecos Cleo, Teté, Maripí,Pelusín, Coletitas y Cuquín; un fuerte con cowboys… pero sobre todo tengo en la memoria mi último juguete, un campo de hockey sobre hielo que me regalaron por aquellos Reyes mis tíos, Manolo y Carmina. Era similar a un futbolín. Consistía en un campo blanco y seis jugadores por cada equipo. Unos eran rojos y otros azules. Los jugadores de campo podían deslizarse por un carril de unos ocho centímetros y moverse trescientos sesenta grados intentando golpear con el stick una pequeña pastilla negra e introducirla en la portería contraria. Todo esto me vino a la cabeza mientras contemplaba la final olímpica de hockey el pasado domingo.

Aparte de juguetes, mi hermano y yo pasábamos las horas muertas con las chapas de los refrescos. Sólo nos servían las que no estaban dobladas o deformadas por el abridor. Teníamos de Coca-cola, pepsi, fanta, martíni, kas, mirinda, canada dry… Cada marca correspondía a un equipo que podía ser de fútbol o de ciclismo. Recortábamos, en redondo, con la medida justa, el cromo del jugador o ciclista, lo incrustábamos en el interior de la circunferencia de cada chapa y luego añadíamos, encima del cromo, un plástico transparente para preservar cada fotografía.
Si estábamos en la Calle Madrid, jugábamos con las chapas a fútbol, en una alfombra interminable que cubría todo el pasillo. Las porterías las confeccionábamos con cartulina y el balón era una ficha de parchís. Mis equipos preferidos siempre eran el Español o el Atlético de Madrid, mientras el favorito de mi hermano era el Real Madrid. Nos tirábamos horas allí agachados. Cuando pasábamos temporadas en casa de los abuelos, en Corbán, preferíamos, en el corral, marcar con tiza un recorrido sinuoso. Las etapas eran de unos cincuenta metros de longitud. Desplazábamos a nuestros ciclistas golpeando cada chapa con el dedo anular de la mano derecha. Había puertos de montaña, metas volantes… En una libreta anotábamos todas las incidencias y otorgábamos puntos a los primeros clasificados. Se establecían clasificaciones generales por puntos al finalizar cada etapa, de montaña, metas volantes y hasta teníamos un podium. Recuerdo algunos equipos: Karpy, Bic; así como algunos ciclistas (“corredores” los llamábamos): Ocaña, Piñeiro, Ventura Díaz, que era vecino en la “Ciudad Jardín” de mis tíos.

Era el año 68 y los cambios no sólo se producían en el interior de mi cuerpo, contemplaba en la única cadena de televisión, en blanco y negro, a estudiantes barbudos de Paris que se enfrentaban a multitud de policías impecablemente uniformados. Fuertes barricadas y humo por todos los lados. No entendía nada. Lo único que me importaba era que al día siguiente hiciera sol para ir a la playa. Más tarde, nos daríamos cuenta que las imágenes que entonces veíamos tendrían una importancia decisiva en el transcurso de nuestras vidas. Algo estaba cambiando en el mundo y en nuestro interior. Teníamos por delante muchos años para seguir inspeccionándolo todo, deseando que con prontitud el represivo blanco y negro que lo cubría todo se convirtiera definitivamente en un democrático y aperturista color. El erótico 69 estaba cambiándolo todo mientras nuestros juguetes se iban amontonando en el desván. En el desván de los bellos, y nunca desparecidos, recuerdos.


lunes, 1 de marzo de 2010

EL PARTIDO DEL SIGLO. HOCKEY SOBRE HIELO


Anoche tuve la suerte de ver en televisión la final de hockey sobre hielo correspondiente a los Juegos Olímpicos de invierno que se han celebrado en VANCOUVER Canadá. Bastante raro resulta ver en España un partido de hockey por eso no dejé pasar la ocasión y puedo decir que no me defraudó. Desgraciadamente, el hockey practicado sobre hielo no tiene en nuestro país la misma repercusión que en Canadá, Estados Unidos, Finlandia, Suecia… en donde es un espectáculo similar a lo que en otros países es el fútbol.
Durante mi vida he sido jugador federado de hockey sobre hierba, bádminton, fútbol, fútbol sala y golf, y siempre he intentado seguirlos en directo o en televisión. Obviamente, el fútbol es fácil seguirlo retransmitido en directo. Incluso, me atrevería a decir, que los aficionados pueden verlo todos los días del año. El problema es que a mi me aburre, no soporto ver ni media parte de un partido. Suele ser aburridísimo. El fútbol sala suele ser más entretenido de ver pero no deja de ser más de lo mismo. El golf resulta muy divertido pero tiene el handicap que hay que dominar el reglamento y su técnica para poder disfrutarlo. Un partido de Hockey, en un campo de hierba, suele mantenerte motivado si los equipos que lo disputan son similares en nivel. Sin embargo, desde mi punto de vista, no hay nada más divertido que un partido de hockey hielo con las particularidades del que pude ver ayer. Disputaron la final EE.UU. y el anfitrión Canadá. El ambiente en el campo era incomparable. Estaba el graderio a rebosar. Las últimas entradas se habían vendido a mil euros. Para poner en antecedente al lector, el hockey sobre hielo es un deporte que se juega entre dos equipos de seis jugadores con patines de cuchillas deslizantes. Los patinadores deben dirigir un disco de caucho (puck) con un bastón largo (stick), para tratar de anotar en la portería del rival. Cada partido tiene una duración de tres tiempos de 20 minutos cada uno.
Durante los primeros minutos (y hasta que me acostumbré) disfruté a carcajada limpia con las cargas que realizaban los jugadores a sus oponentes. Al tratarse de un juego muy rápido que requiere una coordinación y agilidad extraordinarias me costaba ver el disco negro que golpean. Se me hacía muy difícil ver las evoluciones de los jugadores sobre el hielo y, también, comprobar el dorsal de cada uno. En la grada, una pancarta en inglés recordaba que el deporte se había inventado en Canadá (ya se sabe, los yankis tienden a apropiarse de todo).
El partido fue muy igualado aunque en todo momento dominado por Canadá. Faltando poco más de veinte segundos para la finalización, EE.UU. pudo empatar a dos goles forzando la prórroga. En la prórroga, Canadá anotó lo que se llama gol de oro que sirve para dar por finalizado el partido, proclamándose, por tanto, campeón olímpico 2010.
Como dato curioso, para darnos cuenta de la importancia del deporte, vieron el partido por televisión cerca de 23 millones de canadienses sobre una población total de alrededor de 33 millones de habitantes.