martes, 30 de septiembre de 2014

VIAJE A LA TOSCANA. REGRESO.

La última mañana en Florencia visitamos la Santa Croce, la iglesia franciscana más grande del mundo y el auténtico panteón de la nobleza de Florencia (casi 300 tumbas, incluidas las de Miguel Ángel y Galileo). En tamaño, es la segunda más grande de Florencia, por detrás de la Catedral. Aunque su interior no es muy llamativo, las esculturas y las pinturas de sus paredes tienen gran notoriedad. Destacan, en sus capillas, los frescos de artistas como Giotto, Brunelleschi o Donatello. La basílica es conocida por ser el lugar donde Stendhal en 1817 padeció los síntomas que llegaron a conocerse como el Síndrome de Florencia. Realmente fue la iglesia que más me sorprendió, merece la pena aunque sólo sea por contemplar sus frescos y la grandiosidad de la sacristía.
 Con las piernas sobrecargadas por el esfuerzo de tantos días seguimos caminando hacia el hotel. Los adoquines maltratan los pies de tal manera que es imposible fijarlos correctamente sobre el suelo. Es la segunda ciudad, después de Oporto, por la que peor he caminado. Sin embargo, escudriñando sobre ello en las páginas de Internet, no he encontrado que nadie se queje. No lo entiendo. Por el camino iba repasando todo lo visitado en Florencia y todo lo que quedaba por ver. Considero que en tan pocos días he cumplido los objetivos que me había propuesto. No obstante, espero volver más adelante para visitar algunas cosas que me gustaría conocer. Llega un momento en que necesitas descansar de tanto arte y de tanta caminata. El día va a ser duro, tenemos que coger el tren a Bolonia, comer allí y trasladarnos en un autobús al aeropuerto, llegar a Barcelona en avión y viajar en coche a Peñíscola. 
Arrastrando la maleta nos metamorfoseamos en el ambiente cercano a la estación. Anuncian que el tren Italo, procedente de Nápoles y con destino a Milán, con parada en la ciudad de Bolonia, llegará a la estación de Florencia con diez minutos de retraso. Cuando estoy sentado en el vagón me siento relajado pero en pocos minutos ya estoy caminando por los pasillos inacabables de la abrumadora estación boloñesa. Comemos en el mismo restaurante que lo hicimos hace unos días, el camarero nos reconoce y parece que está algo más activo que la vez anterior. Luego como un helado exquisito sentado en el banco de unos jardines mientras me despido de Bolonia. El autobús hacia el aeropuerto sale nada más entrar en él y luego esperamos casi tres horas hasta que salga nuestro avión. Aprovecho para descansar, leer un poco y comprar en el Duty Free embutido boloñés y bombones. El avión sale puntual. Agradezco permanecer sentado una hora y cuarto, que es el tiempo que tarda en llegar a El Prat. Desde el aire, ese atardecer despejado, veo las afueras de Bolonia, más tarde Génova, Mónaco, Niza, Cannes y St. Tropez. Me gusta dominar la geografía mediterránea desde allá arriba. Deseo que el viaje hasta Peñíscola pase rápido y descansar mis últimos tres días de vacaciones junto al mar. En Italia he estado, de nuevo, como en casa. Es cierto que no te acostumbras a las oleadas de turistas por todos lados pero nada importa demasiado si estás conociendo Florencia.

MUESTRA CIUDAD. Zamora.





Del 4 al 19 de octubre tendré el privilegio de exponer en la Muestra de Arte Independiente "MUESTRA CIUDAD" de Zamora. La organización me ha asignado el Restaurante Portillo de la Traición (número 1 de la ciudad para Tripadvisor), situado en la calle de vinos por excelencia, "Los Herreros", junto a la Plaza Mayor, en pleno centro de Zamora. Espero vuestra visita. Gracias.

lunes, 29 de septiembre de 2014

FLORENCIA, LA CIUDAD MUNDIAL DEL ARTE


Dos de los museos imperdibles a nivel universal son la Galleria degli Uffizi y la Galleria dell´Accademia. Desde el siglo XXII hasta el XVI se originó en Florencia una corriente interminable de obras artísticas y genios italianos. Miguel Ángel y Dante nacieron allí. El Renacimiento italiano comenzó cuando Brunelleschi finalizó la construcción del Duomo con su enorme cúpula. Los Uffizi, el museo más famoso de Florencia alberga obras de Miguel Ángel, Botticelli, Leonardo da Vinci, Tiziano o Rubens, entre otros. En Florencia, la consolidación de la nueva burguesía ayudó al desarrollo de todas las concepciones artísticas del Renacimiento; la ciudad se convirtió en el punto principal de ese nuevo movimiento, surgiendo, bajo la protección de los Médicis, las primeras obras de arte y desde aquí se va a extender al resto de Italia y a toda Europa. 
 Un mes antes de mi viaje, visité foros de Internet para que mi visita a ambos museos fuese lo más ordenada posible. Todos los comentarios se referían a las interminables colas que se forman para adquirir las entradas, así que reservé para el día de hoy con casi un mes de antelación. Después de las lecturas pertinentes en los foros, tuve el convencimiento de que la Accademia tenía que visitarla a primera hora de la mañana y los Uffizi, a primera de la tarde. Con ese horario hice mi reserva. Calculé el tiempo que tardaría andando desde mi hotel hasta la Academia de Bellas Artes, unos veinte minutos aproximadamente, y metí los datos en el Google Maps de mi iPhone. Salí del hotel a las 9 para llegar con tiempo a mi cita de las 10. Sin embargo, quedando menos de media hora, me di cuenta de que estaba situado en una perpendicular a la calle de la Academia pero en dirección contraria. Entré a un pequeño hotel y pregunté al recepcionista por dónde se iba más recto a la Galleria dell´ Accademia. Como no reaccionaba le dije que era donde se encontraba la escultura de David. ¿Qué David?, me respondió. El de Michelangelo, contesté. No tengo ni idea, finalizó la conversación. No daba crédito, estaba a trescientos metros del museo y un recepcionista de hotel para turistas no sabía qué era la Academia, ni David, ni Miguel Ángel. Miré alrededor para comprobar que no hubiera ninguna cámara oculta y se tratara de una broma, pero no, todo era real. Con ayuda de mi mapa telefónico llegué a la puerta un par de minutos más tarde. ¡Vaya rato! Comprobé que había dos filas y pregunté a una chica dónde tenía que recoger mis entradas. Con ellas en la mano me puse en la fila más pequeña. La fila grande, unas cuatro veces mayor, unos 400 metros de clientes, era para sacar las entradas. En la que yo estaba, de unos 100 metros de personas, era para los que ya las teníamos. La entrada cuesta once euros y si la tramitas por Internet, quince. Lo mismo cuesta la Uffizi. Una vez pasado el trámite, considero que no es necesario reservarlas con anterioridad, al fin y al cabo va a suponer diez minutos más de espera. Recomiendo, eso sí, visitarlo a primera hora de la mañana, luego llegan grupos que proceden de los cruceros anclados en Venecia y Livorno y las salas están abarrotadas. La Accademia de Bellas Artes es un museo muy pequeño, esperaba que fuese bastante más grande. Fue fundado en 1563. La colección se formó en 1784 para que sus estudiantes tuvieran material de primera magnitud. En 1873 se trasladó la estatua de David, ¿qué David?, desde la Plaza de la Señoría. La primera sala tiene obra de los siglos XV y XVI, luego se pasa a la galería de Miguel Ángel, con sus cuatro prisioneros y el gigantesco David, entre otros. Después se accede al aula donde trabajaban los estudiantes. Allí hay acumuladas cientos de pinturas y esculturas, destacando obras de Botticelli, Filipo Lippi o Ghirlandaio. Antes de comer, lo íbamos a hacer en Il Portone, un restaurante debajo de nuestro hotel con comida típica toscana (la mejor que hicimos durante esos días, chuletón de un kilo incluido), visitamos el Mercado Nuevo. Lo más curioso es que hay puestos con comida recién cocinada y muy variada. Eliges y te sientas en las numerosas mesas que hay en un lateral. Estaba plagado de asiáticos degustando pasta y embutidos de la zona. A las tres y media, con una antelación de unos veinte minutos, accedimos a la Galleria degli Uffizi “sobre el río y casi en el aire”. Aquí todo fue mucho más cómodo. El palacio fue comenzado en 1560 por Vasari y tiene una de las más antiguas y famosas colecciones de arte del mundo. Se llama así, “Galería de los Oficios” porque su finalidad inicial era albergar las oficinas de las magistraturas. Las salas se dividen en dos plantas. Las colecciones acumuladas durante cuatro siglos se deben, sobre todo, al mecenazgo. Las primeras de los Médicis constituyen el núcleo originario de la Galería. En el siglo XVI hay casos de mecenazgo gracias a las corporaciones mercantiles que tuvieron una creciente importancia. El gremio de los banqueros encargó a Orcagna el tríptico de San Mateo, el de los mercantes pidió a Piero Pollaiolo y, posteriormente, a Botticelli una serie de Virtudes para la sala de Audiencia. A principios del XV, el rico y culto Palla Strozzi, encarga a Gentile de Fabriano la Adoración de los Reyes Magos. Cosme I también se convirtió en protector de artistas, concretamente de Fra Filipo Lippi y a Paolo Uccello. Las colecciones fueron ampliándose gracias a regalos matrimoniales o herencias de los grandes duques. En el siglo XVIII se compraron pinturas más antiguas y se organizó el núcleo de pintura francesa. En el XIX se preparan nuevas salas y la pinacoteca adquiere “El nacimiento de Venus” de Botticelli y “La Anunciación” de Leonardo da Vinci. “La primavera” de Botticelli se cuelga en 1919. En el siglo XX se adquiere la colección Contini Bonacossi. Nuestra visita duró tres horas y cuarto. Fue dificultoso ver las primeras salas debido a varios grupos que se aglomeraban alrededor de algunas de sus obras. Luego la visita fue más relajada. Destacar una pareja alemana que visitaba la Galería con su dos hijas, dos preciosas niñas rubias de unos 7 u 8 años, que se quedaban prendadas con todas y cada una de las obras. Nunca había visto a niñas de tan poca edad disfrutar tanto de un museo. Al salir, algo agotados con la visita y la acumulación de cansancio, decidimos ver la puesta, de espaldas al sol en el puente de la Trinitá. El Ponte Vecchio iba de derecha a izquierda sombreándose para después iluminarse artificialmente. Posteriormente, recorrimos parte del casco antiguo contemplando los edificios perfectamente iluminados. Se trataba de la última noche en Florencia. Realmente estaba fascinado por tanta belleza.


domingo, 28 de septiembre de 2014

BERTA BETANZOS



Berta Betanzos es una de las muchas deportistas españolas que destacan a nivel mundial. Hace unos días, en el campeonato del mundo de vela, disputado en Santander, mi paisana se clasificó octava en la clase 49erFX. Hasta el pasado año su especialidad fue la clase 470. Cuando posaba junto a ella tuve la sensación de estar al lado de una de las mejores deportistas que he conocido... y, además, pasisanuca. 

Este es su palmarés. Envidiable!!!!!



TítuloPaísAño
Silver medal.svgCampeonato Mundial Junior de 470Bulgaria2007
Silver medal.svgCampeonato Mundial Junior de 470Polonia2008
Skandia Sail For Gold RegattaReino Unido2008
Gold medal.svgCampeonato Mundial Junior de 470Grecia2009
Silver medal.svgCampeonato Mundial de 470Dinamarca2009
Silver medal.svgCampeonato Europeo de Vela (clase 470)Austria2009
Christmas Race de PalamósEspaña2009
Christmas Race de PalamósEspaña2010
Semana Olímpica FrancesaFrancia2011
Gold medal.svgCampeonato Mundial de 470Australia2011
Gold medal.svgCampeonato Europeo de Vela Olímpica 2011Helsinki2011

SIENA

Esperamos, a primera hora de la mañana, un autobús que nos llevará a Siena. Dos chicas inglesas “desayunan” un bollo gigantesco. Uno de los numerosos vagabundos que invaden la zona de la estación, se acerca con cierto sigilo a la altura de una de ellas y le pide algo de comer. La chica parte un gran trozo del bollo que está comiendo y se lo ofrece. Él mastica un trocito y, con cara de asco, tira el resto a la carretera.
 Atravesamos Florencia y divisamos una de las puertas de entrada a la ciudad y la zona amurallada. La población de la ciudad vive, mayoritariamente, en los barrios ya que se hace imposible vivir en el centro, invadido por los turistas. Además, los precios de las viviendas son inaccesibles en la parte monumental suponiendo la reducción de  vecinos y mayor número de oficinas y edificios deshabitados. Nos dirigimos por la región vinícola de Chianti hacía nuestra primera parada, el pueblo medieval de Monteriggioni, asentado en una pequeña colina natural, ya en la provincia de Siena. Dicen que las murallas y las casas que se construyeron en el siglo XVI están dentro de los mejores ejemplos conservados de su clase en Italia. Es circular y sus murallas tienen una longitud de 570 metros, siguiendo los contornos naturales de la colina. Tiene 14 torres colocadas de manera equidistante. En su interior hay una pequeña iglesia románica y negocios relacionados con el turismo. El poeta toscano Dante evocó con las torres de Monterrigioni una visión del círculo de gigantes rodeando el abismal infierno en la “Divina Comedia”. Este pueblecito medieval toscano ha aparecido en muchas películas de cine, destacando “Belleza robada” de Bertolucci, “El paciente inglés”, “La vida es bella” de Roberto Benigni, “Té con Mussolini” de Franco Zefirelli o “Gladiator”. Por la noche, el pueblo parece flotar sobre el valle, iluminado por una bella luz dorada. 
El centro histórico de Siena fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1995 por considerar que es la encarnación de una ciudad medieval. Lo primero que visitamos en su catedral, un ejemplo de la arquitectura gótica italiana. Está inacabada. Todavía pueden verse los restos de la parte abandonada tras los estragos de la peste en 1348. Allí se encuentra una escultura de Senio y Asquio siendo amamantados por la loba. Es el emblema de la ciudad. Según la leyenda, Siena fue fundada por Senio y Asquio, hijos de Remo. El interior de la catedral es impactante, todo lo contrario a la de Florencia que, salvo la cúpula, decepciona bastante. Hay un púlpito octogonal sostenido por leones y un pavimento de mosaicos perfectamente conservado. Destaca el altar y la biblioteca Piccolomini, joya manierista, con pinturas al fresco de Pinturicchio. En el techo se representan las Virtudes junto a escenas paganas, una armonía perfecta. 
Paseando por las calles de Siena destacan multitud de banderas de diversos colores según la zona correspondiente. Al parecer, Siena está dividida en diecisiete secciones. Cada sección se desafía con otras en Il Palio, la más grande e importante fiesta de tradición sienense, y la rivalidad existente es parte de la atmósfera que se vive los meses precedentes a la fiesta. Admiramos desde la parte más alta la Piazza del Campo que tiene forma de abanico. Sobresale el Ayuntamiento y el Campanile. Aquí se celebra la famosa carrera de caballos que tiene lugar dos veces al año, representando cada jinete a su distrito. Me encantan las plazas de las ciudades, cuando estudiaba en Valladolid sentía la necesidad de pasar todos los días por la Plaza Mayor. Conozco muchas plazas importantes de diversos países pero he de reconocer que la de Siena es especial, tal vez la que más me guste de las que he contemplado hasta el momento. He visto en varias ocasiones, por televisión, la Piazza del Campo, en la fiesta de Il Palio y he conocido en Siena cómo se desarrolla. La plaza se cierra minutos antes del comienzo de Il Palio. Los espectadores abarrotan la plaza y todos los balcones de los edificios, se calcula que más de cuarenta mil personas. La carrera dura apenas dos minutos y la zona que vence celebra durante semanas banquetes y “discusiones”. Los que pierden esperan vencer al año siguiente. Il Palio es ganado por el caballo, con o sin jinete, después de llegar primero tras recorrer tres vueltas a la plaza en el sentido horario. Las personas que asisten al evento son los propios habitantes de Siena y la mayoría de ellos, situados en el centro de la plaza, no ven absolutamente nada de la carrera.
Comemos un auténtico "panini" toscano relleno de sabroso jamón parmesano sentados en el banco (donde se sientan los espectadores de Il Palio) situado en el primer piso de un restaurante, con vistas privilegiadas a la Plaza del Campo. 
 En el regreso a Florencia hacemos dos paradas más, la primera de ellas en San Gimignano. Kilómetros antes de llegar se perfila inconfundible en el verde de la campiña toscana, surgiendo 13 antiguas torres (en tiempos de esplendor llegaron a ser 72) que le otorgan fama mundial. La torre era símbolo de poder en la Edad Media (Florencia tuvo más de un centenar), y las familias poderosas se desafiaban para construir la torre más alta como muestra de riqueza. Tras perdernos por sus bellas calles y contemplar las torres, las iglesias, las casas… tomamos , en la plaza de la Cisterna, un helado en la “Gelateria della Piazza”, que ha ganado varias veces el campeonato mundial del helado, aunque he de decir que el mejor helado que he probado, fue días antes, en Bolonia, concretamente de stracciatella. 
Antes de llegar a Florencia tuve la oportunidad de hacer una cata de vinos Chianti. Me decepcionaron los tintos y me encantaron los blancos.
 Al llegar a la estación de Florencia esperaban numerosos vagabundos, con botellas en la mano, que contemplaban amistosamente a los recién llegados.

viernes, 19 de septiembre de 2014

FLORENCIA 2

Madrugamos y esa mañana fuimos de los primeros en subir al Campanile de Giotto. Tiene una base cuadrangular de más de catorce metros y una altura de ochenta y cinco metros, quedando, no obstante, seis metros por debajo de la cúpula. Está revestido, como toda la catedral, por mármol toscano blanco, verde y rosa. Tiene cinco niveles y se hace necesario descansar en cada uno de ellos y comprobar la vista de Florencia a medida que se va ascendiendo. Una vez en lo alto, con la fatiga que supone subir los cerca de quinientos escalones, se hace imprescindible respirar el aire puro para intentar reponerse. La panorámica en las cuatro direcciones es espectacular. Vas reconociendo todos y cada uno de los edificios monumentales de la ciudad, fotografías las vistas y regresas, con mucha paciencia, por la hilera de visitantes que te encuentras, en dirección contraria, en todos los tramos de descenso, bajando los cerca de quinientos escalones que te llevan a la salida. Objetivo cumplido con sobrecarga muscular incluida. 
Ya se va notando el calor cuando atravesamos Ponte Vecchio. Las dependientas están abriendo sus pequeñas tiendas de joyería colgantes, con vistas al río Arno. Ponte Vecchio es el puente de piedra más antiguo de Europa. Aquí se han rodado escenas de películas tan conocidas como Hannibal (Ridley Scott. 2001) o Cosi de Alberto Lattuada y como protagonistas, Marcello Mastroianni o Nastassja Kinski. Atravesamos el puente y nos introducimos en el barrio de Oltrarno (al otro lado del río Arno) para dirigirnos al monumental Palacio Pitti y a los jardines de Bobolí. La entrada cuesta 23 euros y, por fortuna, hay muy pocos turistas en la cola. El Palacio es el complejo museístico más grande de Florencia, con 32.000 metros cuadrados. Construido en 1458, fue la residencia del banquero Lucca Pitti y albergó a los Duques de la Toscana, tras ser adquirida por la familia Médicis en 1549. Se divide en Galería Palatina, con las más famosas colecciones de los Médicis; los Apartamentos Reales, con una gran colección de retratos de los Médicis; la Galería de Arte Moderno; Museo de la Plata; Museo de la Porcelana; la Galería de trajes y Museo de carruajes. La subida hasta la tercera planta (Galería Palatina) acabó de destrozar mis doloridas piernas. Nos conformamos con ver la Galería Palatina, la Galería de Arte Moderno, los Apartamentos y una colección de joyas. Saliendo del claustro, una empinada cuesta nos dirige a los Jardines. Me recuerdan un poco a los de la Granja de San Ildefonso. Los jardines de los Médicis están situados en una antigua cantera que aprovechan para crear un teatro exterior con graderío. 
Allí se representaron las primeras óperas de la historia. Hay dos recorridos principales: uno recto (el que hice yo) en el que nos encontramos un ninfeo, el teatro , la fuente de Neptuno y una estatua de la diosa Fortuna y otro, en zigzag, en el que se encuentran varias grutas y numerosas estatuas de diversas épocas. Il Giardino di Bobolí se abrió al público en 1766. Tiene una superficie de casi diez hectáreas que le sitúa entre los más grandes de Europa en el interior de una ciudad. Fue el primer jardín construido en terrazas, ejemplo imitado, algo más tarde, por grandes palacios como el de Versalles. Nuestras piernas ya no responden después de pasear por Bobolí, sin embargo, nos queda ver el interior de Il Duomo y nuestra entrada caduca ese mismo día. Cuando llegamos a la catedral hay una cola de 400 metros pero comprobamos que se accede con velocidad. Al cabo de unos quince minutos estamos dentro. En la puerta, dos empleados de seguridad obligan a las mujeres y a las niñas a cubrirse los hombros. Muchos varones tienen problemas también con sus pantalones cortos. Varias rumanas hacen el agosto vendiendo pañoletas. Durante la visita a Il Duomo me sorprende ver a casi todas las niñas cubiertas de la cabeza a los pies. La Catedral Santa María del Fiore es descomunal, caben allí dentro 20.000 personas. La cúpula de Brunelleschi, la más alta levantada sin armazón, tiene 45 metros de diámetro. Es una de las más bonitas del mundo (he de decir que personalmente me impactó). En el interior de la cúpula se contempla una vista espectacular del fresco de “El juicio final” de Vasari.

jueves, 18 de septiembre de 2014

MUESTRA COLECTIVA EN ZAMORA

Del 4 al 19 de octubre tendré el privilegio de exponer en Zamora en un evento organizado por el colectivo MUESTRA CIUDAD.Una exposición colectiva que pretende exponer los trabajos de los creadores en distintos locales de Zamora . "Queremos que esto sea un evento donde los artistas puedan enseñar lo que hacen, sin ningún tipo de filtro temático".

martes, 16 de septiembre de 2014

FLORENCIA 1

Uno de los trayectos del tren Italo, similar al AVE español, recorre el trayecto entre Milán y Napolés, abarcando prácticamente la longitud peninsular. Una de sus paradas es Bolonia que cuenta con una de las estaciones más grandes de Italia. Para acceder a nuestro andén tuvimos que descender cuatro pisos. Tarda en recorrer el trayecto Bolonia-Florencia, cerca de cien kilómetros, media hora justa. Atraviesa los Apeninos, por un largo túnel, a una velocidad de trescientos kilómetros por hora. Al llegar a Florencia tienes la sensación de que acabas de tomar asiento en el tren.
La estación de Florencia es más asequible pero cuando sales al exterior una muchedumbre de todas las razas ocupa la calle tirando de grandes maletas. Te sientes aturdido en el desplazamiento al cercano hotel. El calor es similar al de Bolonia, unos treinta grados durante el día, aunque aparenta algunos más. Las obras en la calzada y el denso tráfico hacen dificultoso el recorrido. Tras dejar las maletas tienes la necesidad de perderte por Florencia. Al mirar el mapa y discernir sus monumentos, museos, palacios, paseos, parques… piensas que no lo vas a poder abarcar todo y, por tanto, tienes que seleccionar mucho para que las visitas puedan ajustarse a los días de duración de la estancia. 
Tras un corto paseo, al salir de una calle tengo ante mí Il Duomo (la catedral de Santa María del Fiore). No me lo esperaba, a pesar de seguir con la vista, durante el recorrido hasta allí, su impresionante cúpula. Está tan sumamente cerca que me resulta gigantesca y no me permite abarcarla entera a una distancia tan corta. Nunca me había impactado tanto un monumento. Aprecio sus colores, la fachada neogótica, la cúpula a la izquierda, el Baptisterio a la derecha, con sus celebres puertas … y me doy cuenta de que no estoy solo, miles de personas, la mayoría en grupos, de todas las nacionalidades, aunque con predominio asiático, miran con curiosidad hacia lo alto. Estoy en el corazón de Florencia estremecido por tanta belleza. Visitamos primero el Baptisterio. Contemplo durante varios minutos el techo, representa el Juicio Final, con mosaicos multicolores del siglo XIII; bajo él se haya una pila octogonal donde muchos florentinos célebres, el caso de Dante, fueron bautizados. La visita a la catedral y al Campanile la dejaremos para la mañana siguiente, convencidos de que no habrá tantas visitas como a esa hora de la tarde. En un corto paseo llegamos a la Piazza de la Signoria, un auténtico museo al aire libre. Allí están las estatuas de David (la original se encuentra en la Accademia); Perseo de Cellini (el original está en el Bargello); El rapto de las sabinas de Giambologna; la fuente de Neptuno… Desde ahí bajamos al Arno y vislumbramos el Ponte Vecchio por su lado “este”, lo atravesamos y seguimos hasta el siguiente puente de Santa Trinitá para contemplar el atardecer sobre el Ponte Vecchio. La jornada termina así. Nos dirigimos al hotel, mañana será un día largo y pleno de belleza y arte. Se hace obligatorio el descanso.

martes, 9 de septiembre de 2014

FOTO DE FLORENCIA


Esta foto realizada con un iPhone es la más representativa de las realizadas por mí en Florencia. La hice desde una ventana de la Galleria degli Uffici, hay algún reflejo si se fijan bien. Al fondo se aprecia la cúpula de Il Duomo.

BOLONIA, "LA ROJA"



Había leído en algún sitio, creo que un blog de un alumno español de Erasmus, que la entrada a Bolonia desde el aeropuerto es algo deprimente. Es cierto, los edificios están poco cuidados y dan  sensación de abandono, hay muchas pintadas, tendido eléctrico y cables de tranvía por todo el recorrido. Cuando llegas a la estación del tren comienza el bullicio y… el mal estado del pavimento. En el corto trayecto de la estación a mi hotel (Millenn) tengo que hacer maravillas para sortear peatones y otros obstáculos debido a los pocos pasos de peatones existentes y a las anárquicas y reducidas aceras. Sentado en una terraza, frente a la estación, contempló el reloj de la izquierda parado a las 10,25. A esa hora, el 2 de agosto de 1980, Bolonia sufrió un ataque terrorista en el que murieron 85 personas al estallar una bomba. Al día siguiente, me detuve en una placa que está justo debajo del reloj, recordando a esas personas fallecidas con su nombre y la edad correspondiente. Casi todos eran jóvenes, también dos niños de 2 y 3 años, respectivamente. Lástima.
El recepcionista del hotel me apunta en un minúsculo plano los lugares más destacados de la ciudad. Caminamos por la arteria principal de Bolonia, la Via Indipendenza, sobresaliendo el Teatro Arena del Sole y los antiguos anuncios publicitarios en la acera de mármol protegidos por los soportales. La portada roja de la catedral de San Pedro destaca al final de la calle, a la izquierda. Tras un par de kilómetros contemplando soportales, palacios e iglesias, nos damos de bruces con la Piazza Maggiore, corazón urbano de Bolonia. De un lado destaca la imponente iglesia de San Petronio, con el contraste del mármol blanco y los ladrillos marrones de su fachada inacabada. Del otro, el Palazzo d´Accursio, sede del ayuntamiento. La adyacente Piazza Nettuno está dominada por una fuente del dios del mar y su correspondiente escultura. Cerca de allí están las Due Torri, símbolo de la ciudad, que llevan los apellidos de las familias que las mandaron construir: Garisenda (48 metros de altura) y Asinelli (cerca de 100 metros de altura). La primera con un grado de inclinación de 3,2 metros y la segunda de 1,3 metros. Visitamos la colegiata di S. Bartolomé para contemplar su impresionante cúpula y avistamos parte de las torres de las  Sette Chiese. Luego el palacio del Archiginnasio, primera sede de la Universidad, fundada en 1088 (aunque el palacio es de 1563) y la más antigua del mundo occidental. Llama la atención la riquísima decoración de emblemas, escudos y memoriales que llenan todas las salas. En el Teatro Anatómico, hemiciclo de madera  construido en 1637, se enseñaba anatomía a través de la disección de cadáveres. En el techo se puede observar a Apolo en madera.
Bolonia es conocida como “la Ciudad Roja” por el color de sus techos y fachadas y por ser uno de los núcleos principales del comunismo italiano que ha gobernado la ciudad en diferentes periodos. Tiene el segundo casco antiguo medieval más grande de Europa, después de Venecia. Sus pórticos, que unen torres, calles y edificios, rondan los 42 km. de largo. Está encajada entre Florencia, Venecia y Milán, y aunque no esté contemplada en los circuitos turísticos del norte de Italia es muy amada por los italianos.
Durante nuestra estancia pudimos descubrir alguno de los llamados siete secretos de Bolonia. Uno de ellos es el reloj de la estación. Otro secreto descubierto fue contemplar el pene erecto de Neptuno (pulgar tensado de la mano izquierda emergiendo del bajo vientre). En la Piazza Maggiore se encuentra el arco de la voz (L´arco della voce), si te pones de cara a la pared y hablas, tu voz se oye a la perfección al otro lado del pórtico. Curiosamente hablé con una señora italiana que iba con su hijo. Me preguntó si era portugués. En Francia, una vez me preguntaron si era inglés, en Cuba si era italiano, en un Hard Rock florentino si era francés, pero nunca me habían confundido con un portugués. Curioso. Otro de los secretos descubierto fue la Finestrella. Desde allí es posible contemplar uno de los pocos canales que quedan en Bolonia.
En la librería Ambasciatori, la primera librería-restaurante que visitaba, pude ojear un libro que se ha puesto muy de moda en la ciudad. Se trata de “101 cosas que se pueden hacer en Bolonia”, de Margherita Bianchini. También, me llamó la atención un disco-libro de cada año. Contenía noticias y una selección de 20 temas musicales publicados  cada año. Me alegró que en el año de mi nacimiento estuvieran algunos de mis músicos favoritos: Miles Davis y Coltrane.
Cuando nos dirigíamos con las maletas en dirección a la estación para tomar el tren a Florencia, un camarero de un restaurante en el que habíamos comimos el día anterior nos saludó con un “Hola, coca-cola”.  Sin embargo, yo pensaba en: “adiós, Bolonia”.






IL MALESSERE DEL VIAGGIATORE DI FRONTE ALLA GRANDEZZA DELL´ARTE.



Llevaba varias semanas investigando sobre la renacentista Florencia y La Toscana, mi siguiente viaje, con la ayuda de mi hermano -con quien iba a coincidir un par de días por tierras italianas-. Sin embargo, días antes de viajar me informó que había pospuesto el viaje debido a una enfermedad que le tiene bajo de defensas. Ya teníamos seleccionados un par de restaurantes para celebrar nuestro encuentro, una vinoteca donde catar el Chianti, el vino regional toscano más conocido, y los hoteles. Él había reservado en Degli Orafi, un cuatro estrellas con vistas al Ponte Vecchio, escenario de la película “Una habitación con vistas” (Pensión Bertolini) y yo otro hotel más económico, el Delle Nazione. Estaba emocionado con el encuentro y, además, me daría alguna pista sobre la ciudad ya que cuando llegara él habría pasado casi una semana en Florencia.  Pero, bueno, así son las cosas y tendré que conformarme sin contar con su entrañable presencia.

Florencia ha sido marcada para siempre por Stendhal. Su famoso síndrome, también denominado “de Florencia” o “estrés del viajero”, se ha convertido en un referente ante la acumulación de belleza, principalmente artística. Stendhal, en su visita a la Santa Cruz en 1817, experimentó vértigo, temblores, palpitaciones, depresiones e incluso alucinaciones.  “… Saliendo de la Santa Cruz me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”. En Florencia ha habido muchas personas que han sufrido desvanecimientos en su visita a la ciudad, sobre todo en la Galleria degli Uffizi, pero no fue descubierto como síndrome hasta 1979, por la psiquiatra Grazziella Magherini. Observó más de cien casos similares de turistas y visitantes y escribió acerca de él.

Varias cosas me han sorprendido indagando sobre la Toscana en libros, artículos e Internet. Una de ellas es que los especialistas han descubierto cierta similitud entre los rasgos genéticos y fisonómicos de los toscanos con los etruscos.  Muchos de los rostros tallados en las urnas funerarias etruscas y las personas que te puedes encontrar en las calles toscanas son muy parecidos. El brustico, que significa asado, es un plato de pescado tradicional que deriva directamente de una receta etrusca. Una vez asado en una parrilla se come con las manos, como siempre se ha hecho.
Dicen que el helado fue creación de un chef de Catalina de Medicis que se llamaba Ruggeri (1519-1589), primer heladero del mundo y florentino de nacimiento. Todos los años se reúnen en Florencia los miembros de la prestigiosa escuela de gastronomía “Cordon Bleu” para celebrar un curso de preparación de helados que se denomina “Gelati Fantasiosi”.
El David de Miguel Ángel, que se puede contemplar en la Galleria dell´Accademia, concretamente en la alargada Sala del Colosso, ha tenido una vida llena de incidentes. Un dedo gordo se rompió accidentalmente con un martillo, perdió un brazo cuando unos gamberros le lanzaron una silla y, también, en una ocasión, le alcanzó un rayo. La escultura está realizada en un bloque de mármol de cuatro metros de largo que era de forma irregular, muy delgado y agrietado. Fue rechazado por escultores de la talla de Jacopo Sansovino y Leonardo Da Vinci. Miguel Ángel convirtió esos defectos del mármol en sus mayores virtudes. La escultura se concibió para ser expuesta en una plaza pública observable desde abajo. Fueron necesarios cuarenta hombres y cuatro días para mover la escultura realizada hasta la Piazza della Signoria, donde se convirtió en un símbolo de libertad.

Los florentinos lamentan que el turismo haya convertido a su ciudad en una de las más caras de Italia y temen que sea, muy pronto, un parque temático renacentista, con el David como mascota.  Personalmente, al igual que pasa con Venecia, creo que ya lo es.