Esta mañana con buena temperatura salí a caminar por la playa, suelo hacerlo, voy hacia el norte o hacia el sur, no tengo decisión determinada hasta que me encuentro en suelo arenoso. Me llevo por el sentido común dependiendo de cómo pueda estar la orilla del mar en ese momento. Mi determinación hoy, hacia las 8:30 horas (antes hago mi tabla física diaria de unos 45´) fue dirigirme al norte. Me encantó el paseo y me asombró el buen estado de la playa a la altura de los hoteles “Gran Hotel Peñíscola” y “Plaza”, algo sorprendente en Peñíscola donde la desidia suele ser algo sintomático. Me crucé con mi vecino Antonio, que regresaba hacia su domicilio.
Tras ese disciplinado y peculiar “amanecer” aterricé en la playa, donde cada vez nos concentramos más vecinos y que mi amigo Goio llama “la secta”. Nos bañamos, charlamos y, ahora, que están de vacaciones Curro y Rachel, unos años más jovenes que el resto, todos jubilados, esperamos a que lleguen con la mercancía. Yo les digo que son de “Glovo”, esos transportistas de comida a domicilio con esa mochila térmica amarilla, similar a la que ellos traen con cargamento de cervezas heladas. En la playa permanecemos cerca de tres horas y podemos tomarnos, con risas incluidas, tres latitas bien fresquitas. Menos mal que son cuatro días!!!
Hoy hizo un día húmedo, con un mar tranquilo y transparente, nos dimos varios baños, hablamos de nuestra procedencia y sus peculiaridades: Ateca (Zaragoza); Santurtxi (Bizcaia); Santander; Tolosa (Guipuzcoa)… y reímos, reímos mucho, para después acabar la jornada en la piscina.
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