miércoles, 6 de junio de 2007

Castilla la Vieja, León, Vascongadas, Murcia y Castilla la Nueva


La lectura de un libro me ha trasladado a la época que me tocó vivir en tiempos del dictador Franco. Todo ha surgido cuando se describía, en un capitulo de la novela, un mantel de plástico decorado con el mapa de España de entonces. ¡Qué recuerdos! La geografía de España durante esos años era algo distinta a cómo es ahora. La actual Castilla y León estaba dividida es dos regiones; por un lado, Burgos, Soria, Segovia y Ávila, acompañadas por las actuales autonomías de Cantabria y La Rioja (esta división se denominaba Castilla la Vieja), y por otro lado estaba León. Esta región la componían León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia. Castilla la Nueva estaba formada por las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y la actual Comunidad de Madrid. Murcia era Albacete y la provincia de Murcia. El País Vasco se denominaba Vascongadas. El resto de las comunidades autónomas tenían la misma distribución que en la actualidad.

Recuerdo que contando 14 o 15 años teníamos, en mi instituto, un director que disfrutaba con unos métodos educativos un tanto peculiares y crueles. Formábamos en el patio en “fila india” y accedíamos a las aulas, que se encontraban en el primer piso, por una escalera. Rezábamos alguna cosa cuando nos encontrábamos en estricto orden militar. Más tarde estallábamos en gritos y alboroto al subir. Esas dosis religiosas nos infundían bullicio (gracias a Dios). Don Tomás, así se llamaba ese peculiar director, nada más producirse esta confusión, subía raudo a llamarnos la atención, aula por aula, conminándonos a volver a formar. Muchos días nos daban las diez de la noche en el patio, en el más estricto silencio, sin poder estudiar al llegar a casa. En multitud de ocasiones debíamos volver, a ordenarnos en silencio, los sábados por la mañana. Era una auténtica locura. Matute, el conserje (lo llamábamos así por su parecido a un dibujo animado de la serie “Don Gato”), saludaba al director de manera marcial e incluso comulgaba con sus excentricidades. ¿Tan malvados éramos?

En esa terrible época los autobuses urbanos costaban 3,50 pesetas. Vivía a dos kilómetros del instituto, así que mis padres me daban diariamente 7 pesetas para el autobús. Tan solo lo tomaba si llovía intensamente. De esa manera a las once y media, hora del recreo, podía comerme un bollito de pan con dos banderillas picantes (vaya mezcla, ahora me produce escalofríos pensarlo) que compraba en un puesto de chuchearías a doscientos metros del instituto. El problema era que en invierno, en el Santander de auqella olvidada época, llovía casi todos los días de manera intimidatoria y ese hecho constituía para mi un sacrificio: quedarme sin bocadillo.

Por fortuna, los jóvenes de hoy en día, no tienen esos problemas, todos se llevan preparado de casa un estupendo bocata para degustar en el recreo y si llueve, harto difícil ahora, sus padres les trasladan al cole en un automóvil de última generación. Dichosamente los tiempos han cambiado, los sistemas educativos también, pero siempre añoraremos esos años en los que la vida empezaba a gorgotear y nuestro futuro estaba por delante, sabiendo que cualquier situación venidera siempre sería mucho más favorable que la que sufríamos entonces miserablemente.

4 comentarios:

Javier Menéndez Llamazares dijo...

¡Qué bonitos son esos mapas! Castilla la Vieja de un color, León de otro...
A los leoneses, cuando los vemos, nos caen unos lagrimones tremendos. Porque luego nadie nos hace caso, nos llaman provincianos y se ríen de nosotros por pedir lo que todas las regiones ya tienen. Ya ves, no todo lo que salió de 1978 era tan bueno.

ASFOSO dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. ¡LEÓN LIBRE!.

C.C.Buxter dijo...

Muy buena entrada melancólica. Me ha recordado al poema de Antonio Machado en el que los niños repiten la lección mientras afuera se oye el repiqueteo de la lluvia...

Anónimo dijo...

Pero pon un mapa de la antigua división, que el que has puesto es un adefesio.

Y León libre, pero Cantabria también.