No conocí a mi madre, falleció en mi parto, en una clínica santanderina de la calle Lealtad, a poco metros de la bahía. Tan solo pude contemplarla en un cuadro que tenían mis abuelos en una sala de su casa en Corbán. Cuando nací, ella no tendría más que veintitrés o veinticuatro años. En la pintura se veía a una mujer morena, atractiva, con personalidad, me sentía orgulloso de ella. Durante mucho días, de muchos años, contemplé su cuadro, destacando su belleza, su pelo moreno y la pintura granate que iluminaba sus labios. Por desgracia, cuando demolieron la casa de los abuelos desapareció la pintura. Nunca volví a ver a mi madre.
“Torlavega”, sin embargo, siempre tuvo imán para mí. Cuando era niño viajé muchas veces en tren con mi abuelo a la localidad de la comarca del Besaya. Mi abuelo cogía la bicicleta y yo viajaba en el sillín trasero. Desde su casa, en Corbán, hasta la estación de Adarzo hay unos cinco kilómetros, pero a mi el viaje se me hacía eterno. Luego, tomábamos el tren a Torrelavega y, una vez allí, mi abuelo hacia sus compras y regresábamos a Adarzo, donde estaba aparcada la bicicleta. Para mi era una experiencia sensacional, única.
En la ida nos sentábamos en los ventanales de la derecha del vagón del tren para, antes de llegar a Barreda, observar un cablecarril (teleférico industrial), que desplazaba carritos llenos de carbón en su interior, colgados en el aire. Los materiales se transportaban desde el puerto de Requejada hasta las zonas de almacenamiento de la planta de Solvay para producir carbonato sódico.
Cuando perdíamos de vista los carritos en el aire, me cambiaba de lado de asiento de vagón para contemplar el poblado obrero y “las casas inglesas” de la compañía, que se empezaron a construir en 1914, y aunque Solvay era de origen belga, el estilo arquitectónico de estas viviendas se conoce popularmente como "inglés" por su estética de ciudad-jardín y el uso de materiales y formas típicas del historicismo británico (las casas presentan fachadas de ladrillo visto rojo, tejados de teja cerámica y, en muchos casos, entramados de madera decorativos que evocan el estilo cottage), existiendo en la disposición del poblado una jerarquía social clara:
- Directivos e Ingenieros: Chalets individuales más grandes con amplios jardines.
- Técnicos medios: Viviendas pareadas con un diseño distintivo.
- Obreros: Bloques de viviendas más sencillos pero integrados en el mismo entorno verde.
Para fomentar la paz social y el bienestar de los empleados, Solvay dotó al barrio de infraestructuras como un Casino, escuelas (hoy convertidas en centro formativo), hospital, campo de fútbol e incluso pistas de tenis.
Desde la estación de Adarzo a la casa de mis abuelos regresábamos muy despacio en la vieja bicicleta. Allí nos esperaba la abuela con unas buenas viandas para recuperar energías perdidas, mi abuelo hacia un gran esfuerzo con los pedales. Afortunadamente casi no había coches y eso favorecía nuestro desplazamiento sin apenas peligro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario