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miércoles, 19 de agosto de 2026

ALMARAZ (2)



Hay personas que te atraen desde el momento en que las conoces. Es química, pura y dura. Se activan sustancias cerebrales como la dopamina, que genera euforia y deseo; la oxitocina, que fomenta la confianza y el apego; además de las feromonas corporales, que detectan de forma inconsciente la compatibilidad biológica genética entre ambos.

Fue un viaje intenso en atracción. Yo hablaba apasionadamente, en esas pocas ocaciones que he narrado experiencias personales y profesionales, creo que me pasé en intervenciones ya que ella permanecía callada y no mostraba excesiva complicidad, pero a mi me parecía que era la persona propicia para saber algo más de mí. 

Hicimos una parada en el área 103 (Almadrones. Guadalajara) y me pareció que  estaba nerviosa y ensimismada, rotundamente no me iba a abrir su corazón en ese viaje a Extremadura. Cuando llegamos a Almaraz tuvimos buenos momentos junto a nuestros compañeros, fue mágico. Pasamos un rato nocturno en el hotel y "ella" fue la primera que se recogió alegando cansancio. Mi habitación era inmensa y "ella" estaba al otro lado del tabique. Me hubiera gustado golpear calmadamente la puerta contigua e invitarla a un zumo de maracuyá, pero no me atreví. La vida siempre tiene momentos de los que  te arrepentirás.

"He tenido la suerte de visitar Extremadura en bastantes ocasiones. La primera vez que lo hice supuso para mí un extraordinario descubrimiento. Paisajes variados, arbolado, abundancia de agua, rincones de innegable belleza, exquisita comida aderezada con productos de la tierra, habitantes sencillos, abiertos y cálidos. Hacía tres años que no regresaba a Extremadura y lo hice, precisamente, el pasado fin de semana. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la Asociación de Arte a la que pertenezco, organizó una exposición y una jornada inaugural con participación de varios artistas. El lugar elegido fue Almaraz, concretamente su moderna y multifuncional Casa de Cultura. Todos los artistas que allí acudimos tuvimos el placer de percibir el calor y la gran acogida que nos dispensó el municipio cacereño. El acto inaugural fue emotivo, sincero y sencillo. Posteriormente, pudimos disfrutar de la compañía de la Alcaldesa de Almaraz, así como de otras personalidades, comprometidas con su pueblo y con la solidaridad generosa y espontánea.

Compartimos con parte del pueblo –todos estaban invitados- un vino español magistralmente dispuesto. Los productos seleccionados eran de la tierra y nos dejamos guiar, de manera inteligente, por nuestros sentidos. Pero si la bebida y la comida eran merecedoras de los mejores elogios, para todos nosotros mucho más importante fue la compañía. Nos hicieron sentir como en nuestra propia casa y eso es algo muy difícil de conseguir. Gente llana, campechana, noble… anfitriones encantadores.


Ya en mi domicilio, en la fría y alta tierra castellana, a orillas del río Duero, recuerdo con placer aquellos instantes y el calor que aportan los amigos, el pueblo blanco, el silencioso y cercano embalse de Valdecañas, los ahora poco pletóricos olivos verdes, la bien custodiada iglesia, las posadas cigüeñas y una exposición que recordará durante todo el mes que hay mujeres que sufren y que necesitan más atención.


Volveré pronto. Quiero disfrutar más intensamente de mi querido amigo Ángel, de sus amistades y familiares. Recorrer junto a él esos paisajes, ahora tan lejanos en la distancia y tan cercanos en mi mente, que merece la pena disfrutar sin la prisa que supone la obligación.


Almaraz, un abrazo agradecido a todos. No cambiéis". 9 de marzo de 2009






lunes, 17 de agosto de 2026

CHESTER Y LOS HIPPIES (2)


La zona que comenté en 2010, por esos caminos desde la casa de mis abuelos (que ahora es mi casa) hasta la isla de la Virgen del Mar, se han convertido en urbanizaciones, más o menos de lujo, en unos prados verdes que eran inmensos y estaban  plagados de vacas lecheras que ya han desaparecido. Todo avanza de una manera desmesurada, pero por suerte sigo disfrutando de ese camino que me lleva al mar.

El exnovio de Asun era un jugador de fútbol, que luego fue entrenador famoso y, por desgracia, falleció en accidente de tráfico cuando iba a tomar su puesto. Lamentable.


En vacaciones de verano me gustaba pasear con mi perro Chester hasta la playa. Se trataba de un perro de raza “pointer”, que como todos los de caza era muy juguetón y cariñoso. Le llamábamos Chester por dos motivos. El fundamental era que estaba coloreado como un cigarrillo pero con los colores cambiados. Tenía el rabito blanco y el resto del cuerpo de color whisky. El segundo motivo, era que nuestro padre fumaba tabaco de la marca Chesterfield. Desde la casa de mis abuelos hasta la playa de la Virgen del Mar hay una distancia de algo más de un kilómetro, por caminos que sólo transitábamos los vecinos (ahora se han convertido en urbanizaciones). El último tramo se hacía por el interior del, entonces, campo de tiro militar , que con el paso de los años se convertiría, durante las fiestas patronales de Santiago, en lugar de celebración de las Ferias. Eran tiempos en que las generaciones más jóvenes de toda Europa y América, a excepción de los países que teníamos la desgracia de vivir en una dictadura fascista, practicaban la libertad en un movimiento llamado Hippie. En Santander, durante esos primeros años setenta, se veían, en el buen tiempo, cantidad de coches con matriculas extranjeras que portaban distintivos con las letras D, ND y CH, principalmente. Los niños de aquellos años pensábamos que la pegatina CH correspondía a la extinta Checoslovaquia. Frente a la isla de la Virgen del Mar, detrás de las rocas que delimitan “Los Baños de Cleopatra” y el chiringuito de toda la vida, aparcaban muchas furgonetas alemanas, holandesas y suizas que disfrutaban “por la patilla” de varios días de sol (y lluvia), paz, nudismo y amor. Me gustaba pasar por donde estaban esas parejas compuestas por tipos melenudos y chicas rubias exuberantes que campaban a sus anchas como Dios les trajo al mundo. Me encantaba contemplar a esas rubias extranjeras desde cierta distancia. Cuando me veían me saludan con una sonrisa y el brazo extendido y yo les devolvía el saludo completamente ruborizado. Chester siempre se acercaba a ellos para olisquearlos y yo, con la excusa de retirarlo de allí, podía examinar más de cerca sus cuerpos bien formados. Era una experiencia que me encantaba. Incluso en alguna ocasión me invitaron a una coca cola mientras ellos, desnudos, fumaban algún tipo de tabaco que olía muy fuerte. Me hacían preguntas pero yo no les entendía y, además, siempre tenía prisa por irme. Sin embargo, me sentía muy feliz en ese ambiente tan liberal y relajado, aderezado de música diferente a la que emitían las emisoras de radio españolas. A partir de los dieciséis años y hasta después de acabar mis estudios, pretendía imitarlos dejándome el pelo largo y fumando, de vez en cuando, algún canuto con mis amigos y amigas de “El Caracol”, la discoteca de moda en Santander, con la mejor música del disyóquey Regino. Por entonces tenía trece o catorce años y lo único que me importaba era aprobar en septiembre las asignaturas que me habían quedado en junio, jugar al fútbol con mis amigos y descubrir que las chicas no eran tan simples como las imaginaba pocos años atrás. Más o menos, a esa edad, me enamoré por primera vez de Asun. No duramos mucho, ella era mucho más madura (había dejado a un novio –muy famoso en la actualidad- por mí) y yo un tipo tímido e inexperto. El primer amor me venía demasiado grande. Por esa época escuchaba todas las noches, antes de dormirme, un programa musical que dirigían dos cachondos mentales. Sólo recuerdo que uno de ellos se llamaba Charli (se llamaba "Rollos nocturnos"). Mi música de cabecera no era otra que “Cosmo´s Factory” de los Creedence C. Revival. Empezaba, por tanto, a encauzar mi vida. Me estaba haciendo, poco a poco, adulto. Afortunadamente, todavía dudo si he llegado a conseguirlo. (17 de marzo de 2010)



sábado, 6 de junio de 2026

UNA MAÑANA "TRANQUILA" EN LA PLAYA- 2

 


Cuando escribí esta entrada estaba de vacaciones. Disfrutaba de un día de playa con unos amigos. Se llama Cala "La Foradada" y está al norte de Vinarós, casi en el límite de la Comunidad Valenciana con Catalunya. Cuando íbamos allí llevábamos cervezas, vermú y algo de picar. Disfrutábamos de la tranquilidad y nos bañábamos en aguas muy limpias y cristalinas, al acabar la jornada íbamos a comer un arroz a un chiringuito, que por desgracia se cerró por jubilación. Han pasado casi trece años y he querido recordar ese momento, que es ciertamente cómico y divertido.

 
"Había recorrido quince o veinte kilómetros para disfrutar de una cala que cumplía algunos requisitos imprescindibles para disfrutar la mañana. El día era perfecto, sol en todo su esplendor, mar tranquilo,  poco impacto humano, agua trasparente… con ese preludio   coloqué mi silla, me desnudé hasta lo que permite la ley y saqué mi libro con el sol de frente, relax total. Unas voces en el agua hicieron que levantara la vista de mi libro. Parecía una voz maqueada, de dibujos animados, sorprendente…  pero muy molesta, al menos en ese momento pretendidamente zen. Cuando eso ocurre maldices todo, imagino que entiendan lo que intento explicar, a todos nos ha pasado.   Dos niños estaban bañándose frente a  mi, más tarde supe que se llamaban Luis y Rafa. Ambos sujetaban sendas gafas de snorkel a modo  de volante y viajaban por una supuesta autopista marítima. Tenían 7 y 8 años, supuse, y estaban sumergidos, nunca mejor dicho, en dos personajes imaginarios. Incomodaban mucho en esa situación pero pronto afloró en mí la sonrisa, eran cómicos cuando escuchabas su conversación. Durante más de una hora viajaron por lugares imaginarios para ellos pero existentes realmente. De repente viajaban a Burriana para comer, en un restaurante, un chuletón con wasabi, pez globo con arroz…

 -¿Cómo se entra a Burriana, Rafa?
- No he estado nunca, Luis. Ya veo, por la segunda rotonda a la derecha.
- Mamá, ya estamos en Burriana, decía Luis con el “auricular” de sus gafas y tubo en una supuesta conversación telefónica .
- Vamos ahora con el camión a reparar los maseratis y los ferraris a Italia.
- Estamos en Marsella, saca otra botella de vodka.
- Vamos a Roma que se nos hace tarde.
-Ya nos hemos bebido entre Marsella y Roma tres botellas de vodka…

Yo me tronchaba de risa con sus comentarios y sus fantasías, sobre todo con las marcas de los coches y esa comida tan selecta. Me hicieron recordar cómo era yo a su edad. Mi infancia fue especialmente divertida gracias a mi hermano, siempre estábamos desplegando imaginación, sin embargo, no teníamos conocimiento de comidas especiales ni de coches de alta gama… pero sin teléfonos, sin juegos de ordenador, sin internet y sin tantas otras cosas que los niños tienen en la actualidad, nosotros éramos felices. Cuando estábamos encerrados en un piso una larga alfombra  nos servía de estadio para nuestros jugadores de papel,  carreteras pintadas con tiza  eran las etapas de nuestros ciclistas recortados para insertar en las chapas, diálogos improvisados con marionetas; la familia Telerín; Epi y Blas; Pedro Picapiedra, Pablo Mármol y cónyuges. En la calle, nuestro juego favorito era dar patadas a un balón, subirnos a los árboles (recuerdo que a uno le llamábamos “el helicóptero”) o destrozar, sólo de vez en cuando, “los mijotes” (maizales) que eran grandes ejércitos de soldados en formación. Cuando dejé de escuchar a  Rafa y Luis envuelto en mis pensamientos de infancia, comprobé que estaban al otro lado de la cala con su madre y juntos se metían en el mar para practicar buceo. Se alejaron bastante de la playa y disfrutaban esta vez de un paisaje real que formaba el fondo del mar. Rememoré también las playas de mi infancia tan diferentes a la que tenia a la vista en ese momento. Continúe leyendo pero no me concentré del todo, cada dos o tres minutos  levantaba la vista para ver  donde se encontraban Rafa, Luis y su madre. Al cabo de un rato les olvidé y sin embargo ahora, pasados unos días, he querido escribir sobre esos momentos que, de alguna manera, más tarde se vuelven mágicos y distantes".
9 de septiembre de 2013

martes, 28 de abril de 2026

ISLA CONTADORA





Estuve en Isla Contadora a finales del siglo pasado y he recordado este escrito. Compruebo que "Captain Morgan" ya no existe y tampoco el único hotel existente entonces en la isla, un hotel de madera, con grandes habitaciones con vistas al mar y variedad de restaurantes de diversos países. También se abandonó un lujoso resort de estilo colonial francés que fue un epicentro glamour en los 70´y 80´ y se conocía como la residencia de Christian Dior. Viví allí unos días inolvidables.



"Aquella mañana me despertaron los pelicanos que iban y venían a un peñasco cercano. Había quedado con un lugareño para que nos llevara en su cayuco a una isla cercana tan solo habitada por una persona. A la hora concertada partimos hacía la isla que se encontraba a escasas millas de Contadora. Nos daba la impresión de ir en una de esas pateras que recalan en nuestras costas mediterráneas procedentes de Marruecos.  A pesar de la inestabilidad de la embarcación, en poco más de una hora llegamos a una isla poblada. Todos los niños del poblado salieron a recibirnos, varios llevaban en sus manos medusas gigantes; las niñas grandes trenzas recogidas con lacitos de colores. Nos hicimos fotos y caminamos por la calle central hasta el colmado, donde tomamos unas cervezas refrescadas con grandes trozos de hielo. Desde esa parada, en menos de una hora llegamos a nuestra isla casi desierta. Aprovechamos para bañarnos en un mar de color turquesa, luego paseamos por la parte más accesible de la isla. Tenía la sensación de ser el único habitante allí, el único Robinson. Ya de vuelta, pagué el precio acordado por el curioso viaje. Por la noche, después de cenar, estuvimos muchos minutos persiguiendo la luz de las luciérnagas con una temperatura espectacular. El día anterior había dado un paseo hasta la mansión de Christian Dior espiado por centenares de  iguanas . Bañándome, con el agua a la altura de mis rodillas, un banco de peces “aterrizó” en la arena de la playa. Cuando miré hacía atrás pude observar a menos de un metro primero tres aletas y justo debajo de ellas sus respectivos tiburones. Salí a toda velocidad del mar tras llevarme uno de los sustos de mi vida. Horas más tarde pude avistar varias ballenas, a escasos cuatrocientos metros, batiendo sus aletas y sumergiéndose continuamente. Mi jornada acabó en “Captain Morgan” bebiendo algunos cubatas con un asturiano que llevaba varios años en Isla Contadora. Estuvimos bailando hasta el amanecer olvidándonos durante ese tiempo de donde veníamos, nos encontrábamos en el paraíso.  El sol apareció inmenso en Punta Galeón ese nuevo día de septiembre que me quedó marcado para siempre".  9 de junio de 2012

lunes, 27 de abril de 2026

ANGEL CLARE. Art Garfunkel



Estudiaba sexto de bachillerato en el Instituto y compartía habitación con mi hermano. Teníamos una cama nido,  nuestra habitación era pequeña y de esa manera optimizábamos el espacio, permitiendo tener dos camas en lugar de una. Yo dormía en la cama oculta, la que se sacaba por la noche. 
La vista desde la habitación era a un patio y no teníamos mucha luz en invierno. También una zona de estudio, aprovechando un rincón de manera inteligente con un potente flexo de escritorio, allí recibía algunos días clases particulares de un profesor joven que tenía un olor muy peculiar, distintivo de las personas poco higiénicas. Recuerdo que cuando se iba abríamos la ventana durante varios minutos.
Compartía también habitación con nosotros una tortuga que deambulaba todo el día por el piso, se llamaba "Maroc", el último verano viajamos con nuestros padres por el norte de Marruecos y la encontramos en una playa. Mi hermano y yo volvimos desde Tánger a Madrid en avión (habíamos ido en el coche de mi padre y yo me examinaba de una oposición en Santander, así que adelantamos el regreso). Metimos a "Maroc" en una bolsa y se vino con nosotros a España.
Mi hermano se preparaba para examinarse en el INEF y solía hacer ejercicios físicos en la habitación, mientras tanto yo leía o estudiaba, y ambos escuchábamos música en vinilo que un amigo de mi hermano le proporcionaba por espacios cortos de tiempo. Uno de esos discos era "Angel Clare", primer álbum de estudio en solitario de Art Garfunkel, lanzado el 11 de septiembre de 1973. Éramos jóvenes y teníamos toda la vida por delante, la música era nuestra cómplice. Así conocí muchos discos que luego estarían vinculados a mi vida para siempre.
Hoy estuve en una feria de antigüedades en Zamora. Entre otros puestos había uno de vinilos y encontré "Angel Clare", y lo compré, claro, no lo tengo en mi colección. De alguna manera recuperé parte de mi adolescencia y de mi formación en la música que siempre me ha marcado y me marcará.





sábado, 25 de abril de 2026

MEMORIA HISTÓRICA. TÍO OLEGARIO-2


"Tío Olegario era hermano de mi abuela materna. Durante la guerra civil española fue capitán de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y combatió contra los nacionales. He leído que en el año 1936 la CNT tenía en España dos millones de afiliados. Tío Olegario fue capturado y hecho prisionero por el bando contrario, permaneciendo en la cárcel de la calle Alta, en Santander, durante varios años. Afortunadamente no se le imputaron crímenes de guerra.

Durante los años que su hermano permaneció en la cárcel, mi abuela le llevaba, todos los días, la comida. Tenía que desplazarse desde Corbán hasta la calle Alta, unos doce kilómetros entre ida y vuelta, andando. En la sala de espera de la cárcel, donde se reunían los familiares, comentaba que coincidía con un perro pastor alemán, ya no recuerdo su nombre. Ese perro también proporcionaba diariamente la comida a su dueño encarcelado. Mi abuela investigó sobre ese tema, le resultaba conmovedor. Un día siguió al perro y acabaron en la Estación del Ferrocarril. Una vez allí, el animal se subió a un vagón de un tren con destino a Torrelavega. Mi abuela preguntó a varios trabajadores de la Estación y todos conocían al famoso can. Al parecer, diariamente tomaba un tren en Torrelavega hasta Santander y luego realizaba el recorrido en sentido contrario. Todos los inspectores le conocían, conocían su ocupación y por eso le dejaban viajar gratis junto al resto de viajeros. Un buen día mi abuela le echó en falta. Por primera vez no había acudido a su cita diaria. Le informaron que el perro había muerto el día anterior.

Tío Olegario salió de la cárcel y tuvo que abandonar, por orden judicial o tal vez ministerial, su tierra. Se instaló en Palencia, conoció a una maravillosa mujer, se casó y pasó el resto de su vida en la ciudad castellana. Cuando yo era aún niño recuerdo que viajaba con mi abuela a visitarlo. La consigna que siempre recibía era que no hablara nunca de la guerra. Así que me sentaba frente a él, en la cocina de su casita, y escuchaba la radio, su pasatiempo favorito. Me quedaba mirándolo absorto como si se tratara de mi héroe favorito. La emisora siempre era la misma: Radio Paris Independiente. Yo no entendía nada de lo que decían pero permanecía ausente escudriñándolo. Los domingos por la mañana siempre veíamos juntos el concierto que daban por UHF. Era su respiro dominical.

Cuando Franco accedió al poder, casi todos los vecinos de mi abuela, en Corbán, desaparecían en camiones. Mis familiares nunca volvieron a verlos. Ella temía por su vida, al fin y al cabo era hermana de un traidor. Pasaban los meses y, afortunadamente, nadie se fijó en ellos. Mi abuela llevó una vida intensa de trabajo pero su humildad, su arrojo, su saber mirar al frente, su generosidad y un gran sentido común (y del humor) le sirvieron para hacer más llevadera su vida y la de su familia. Ha sido una de las mujeres más importantes de mi vida. De ella aprendí a ser perseverante, a no olvidar de donde provengo, a ser tolerante, abierto, disciplinado y honrado.

Los políticos ahora nos hablan de la “memoria histórica”. Mi memoria histórica es la que he escrito y nadie puede dar marcha atrás. Nuestra memoria nos tiene que servir para seguir adelante por un camino más humano, más tolerante y más pacifico. Lo demás no es que sobre, incluso puede estar bien, el problema de fondo es que los votos mandan y para ese cometido suelen ser las intenciones. Soy ateo de la política".


(7 de noviembre de 2007)



HABITAMOS EL PAÍS DE NUESTROS RECUERDOS


Llevo unos días investigando sobre el llamado "Frente Norte" y he sabido que Tío Olegario, antes de la caída de la República estuvo destinado en San Martín de Elines. Logré esta información que acompaño.



El documento detalla información sobre Olegario Cortes:

  • Afiliación: Estaba afiliado a la C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo), un sindicato de ideología anarcosindicalista que fue clave en el bando republicano.
  • Acción: El 25 de junio de 1937, Olegario solicitó la evacuación de sus familiares al extranjero.
  • Contexto geográfico: La solicitud se realizó en Santander.
  • Referencia de archivo: Carpeta 75, Serie "O", Folio 88.


Contexto histórico en Santander (junio de 1937)

La fecha del documento, 25 de junio de 1937, es sumamente relevante. En ese momento, el frente del Norte estaba colapsando tras la caída de Bilbao (19 de junio). Santander se convirtió en el próximo objetivo de las tropas franquistas y en el principal refugio para miles de personas que huían del avance nacional.

  • Evacuaciones: Debido al inminente asedio, muchas familias vinculadas a sindicatos o partidos republicanos intentaron evacuar a niños y parientes, principalmente hacia Francia o la URSS, para protegerlos de los bombardeos y la represión posterior.
  • Caída de la ciudad: Finalmente, Santander caería en manos del bando sublevado dos meses después de esta ficha, el 26 de agosto de 1937



Durante la Guerra Civil (1936-1937 en la zona), la Colegiata de San Martín de Elines sufrió un grave deterioro al ser utilizada como cuartel por las milicias. Se produjeron destrucciones de patrimonio artístico y religioso, aunque algunas tallas románicas se salvaron al ser ocultadas por vecinos. La zona formó parte del frente norte, cerca del sector de La Lora. 


Detalles del conflicto en San Martín de Elines:

  • Uso militar de la Colegiata: La iglesia fue convertida en cuartel, utilizándose para cocinar y causando importantes daños estructurales y artísticos.
  • Destrucción y saqueo: Se destruyeron ornamentos sagrados y se fundieron campanas para fabricar cañones.
  • Salvaguarda del Patrimonio: Dos tallas románicas de madera se salvaron de la quema gracias a que un vecino las escondió en un pajar.
  • Contexto del Frente: San Martín de Elines se situó cerca del frente de combate de la zona de Valderredible y el sector de La Lora, una zona de fortificaciones intensas. 


La zona norte de la provincia de Santander vivió el conflicto con especial intensidad entre 1936 y 1937, antes de la caída del frente norte.

lunes, 13 de abril de 2026

TORRELAVEGA- 2



Cuando era muy chiquitín mi abuela me llevaba al cementerio donde estaba enterrada mi madre, pero antes visitaba a familiares y amigos de Campuzano. Tendría cinco o seis años y era un poco enojoso pasar por esa situación en la que todos me besuqueaban, lloraban y, como consuelo, me daban unas monedas. Era un momento embarazoso para mí. Mi abuela que no había podido estudiar, pero era lista como un demonio, se dio cuenta de lo incomodo que me resultaba la situación y no se volvió a producir. Por lo tanto, no volví a “Torlavega” hasta mediados de los 70 para ver los conciertos que  se celebraban en el interior del mercado de ganados. Montaban un escenario con grandes bafles y, durante toda la tarde y noche, permanecíamos en nuestros sacos de dormir viendo a Granada, Lole y Manuel, Triana, Sound Electrónic Enciclopédic, Companya Dharma, Bloque, Ibio, Iceberg… Esos macroconciertos se realizaron durante tres veranos y siempre estuve acompañado de mi mejor amigo Cuco. Después me fui a estudiar a Valladolid y ya no regresé con asiduidad a Torrelavega hasta hace un par de años. Fuimos a visitar el mercadillo que se celebra todos los sábados y nos pareció un espacio muy cómodo, con productos alimenticios de la zona: quesos, pan, frutas, verduras… y, también, ropa de todo de tipo. Regresamos cada cierto tiempo y aprovechamos para visitar a Pablo de “Stefano”, en la céntrica calle Consolación, comprar los mejores hojaldres en la confitería Blanco, tomar una Gilda en la clásica taberna Chema y comer en algún restaurante cercano a la plaza roja (Baldomero Iglesias). 

Me encanta pasear por el centro de la ciudad, buena parte de ella peatonal. Por sus calles y plazas hay mucha información mediante placas y carteles, uno de ellos está al salir de la Plaza Roja por una de sus calles, explica quién era Baldomero Iglesias. Sintetizando,  Baldomero Iglesias (1849-1884), nacido en Torres (Torrelavega), fue un heroico capitán de la marina mercante que murió salvando a 102 personas en el naufragio del vapor "Gijón" en 1884. En su honor, una céntrica plaza de Torrelavega, popularmente conocida como la “Plaza Roja” (recibe su apodo del característico color arcilloso de sus losas) lleva su nombre.


Hace unas semanas visité por segunda vez el Parque de Doñana y me alojé en Matalascañas. En el hotel coincidí con un grupo del Imserso de Cantabria, llegaban desde Santander al aeropuerto de Sevilla y desde allí les trasladaba un autobús a la localidad onubense. Tuve la oportunidad de  hablar con varios paisanucos y había varios de Campuzano, cuando se enteraron de que mi madre era natural de allí (se lo había comentado al que parecía el más anciano del grupo), una señora se acercó a mi mesa y me dijo que acababa de jubilarse y, por lo tanto, cerrar un bar que era muy popular en el barrio. Obviamente, yo no lo conocía y la mujer se llevó una decepción. No tuve la confianza suficiente para explicarle lo cruel de esa parte de mi vida y tampoco me apetecía, sin embargo me quedé con las ganas de saber el nombre de ese local tan celebre. 

sábado, 11 de abril de 2026

TORRELAVEGA. (CAMPUZANO Y SOLVAY)



Me gusta Torrelavega, “Torlavega”, que siempre hemos dicho por aquí. De alguna manera también es mi procedencia, mi madre era “campuzanega”, del barrio de Campuzano, el más habitado de Torrelavega, con algo más de diez mil habitantes, claramente obrero y humilde.

No conocí a mi madre, falleció en mi parto, en una clínica santanderina de la calle Lealtad, a poco metros de la bahía. Tan solo pude contemplarla en un cuadro que tenían mis abuelos en una sala de su casa en Corbán. Cuando nací, ella no tendría más que veintitrés o veinticuatro años. En la pintura se veía a una mujer morena, atractiva, con personalidad, me sentía orgulloso de ella. Durante mucho días, de muchos años, contemplé su cuadro, destacando su belleza, su pelo moreno y la pintura granate que iluminaba sus labios. Por desgracia, cuando demolieron la casa de los abuelos desapareció la pintura. Nunca volví a ver a mi madre.


 “Torlavega”,  sin embargo, siempre tuvo imán para mí. Cuando era niño viajé muchas veces en tren con mi abuelo a la localidad de la comarca del Besaya. Mi abuelo cogía la bicicleta y yo viajaba en el sillín trasero. Desde su casa, en Corbán, hasta la estación de Adarzo hay unos cinco kilómetros, pero a mi el viaje se me hacía eterno. Luego, tomábamos el tren a Torrelavega y, una vez allí, mi abuelo hacia sus compras y regresábamos a Adarzo, donde estaba aparcada la bicicleta. Para mi era una experiencia sensacional, única. 


En la ida nos sentábamos en los ventanales de la derecha del vagón del tren para, antes de llegar a Barreda, observar un cablecarril (teleférico industrial), que desplazaba carritos llenos de carbón en su interior, colgados en el aire. Los materiales se transportaban desde el puerto de Requejada hasta las zonas de almacenamiento de la planta de Solvay para producir carbonato sódico.

Cuando perdíamos de vista los carritos en el aire, me cambiaba de lado de asiento de vagón para contemplar el poblado obrero y “las casas inglesas” de la compañía, que se empezaron a construir en 1914, y aunque Solvay era de origen belga, el estilo arquitectónico de estas viviendas se conoce popularmente como "inglés" por su estética de ciudad-jardín y el uso de materiales y formas típicas del historicismo británico   (las casas presentan fachadas de ladrillo visto rojo, tejados de teja cerámica y, en muchos casos, entramados de madera decorativos que evocan el estilo cottage), existiendo en la disposición del poblado una jerarquía social clara:

    • Directivos e Ingenieros: Chalets individuales más grandes con amplios jardines.
    • Técnicos medios: Viviendas pareadas con un diseño distintivo.
    • Obreros: Bloques de viviendas más sencillos pero integrados en el mismo entorno verde.


 Para fomentar la paz social y el bienestar de los empleados, Solvay dotó al barrio de infraestructuras como un Casino, escuelas (hoy convertidas en centro formativo), hospital, campo de fútbol e incluso pistas de tenis.


Desde la estación de Adarzo a la casa de mis abuelos regresábamos muy despacio en la vieja bicicleta. Allí nos esperaba la abuela con unas buenas viandas para recuperar energías perdidas, mi abuelo hacia un gran esfuerzo con los pedales. Afortunadamente casi no había coches y eso favorecía nuestro desplazamiento sin apenas peligro.


(Continuará).

domingo, 15 de febrero de 2026

EL DESVÁN DE LOS BELLOS RECUERDOS (2)


Nuestra infancia hubiera estado llena de necesidades en relación a los niños de hoy en día, sin embargo no echamos en falta nada en especial, éramos felices con lo poco que teníamos: un balón, algunos juguetes, una televisión en blanco y negro con dos canales, algunos álbumes coleccionables de cromos, cómics de historietas..  nada especial, pero esas pequeñas cosas llenaban nuestro tiempo libre cuando podíamos salir solos a la calle a jugar. Hoy sería impensable. 


"En la frontera de los doce a los trece años decidí abandonar los juguetes que me habían acompañado durante mi infancia. Recuerdo muchos, en especial una gasolinera con aparcamiento incluido, de varios pisos, y algunos coches que se deslizaban por las rampas empinadas hasta llegar acelerados a la planta baja; los muñecos Epi y Blas; los también muñecos Cleo, Teté, Maripí, Pelusín, Coletitas y Cuquín; un fuerte con cowboys… pero sobre todo tengo en la memoria mi último juguete, un campo de hockey sobre hielo que me regalaron por aquellos Reyes mis tíos, Manolo y Carmina. Era similar a un futbolín. Consistía en un campo blanco y seis jugadores por cada equipo. Unos eran rojos y otros azules. Los jugadores de campo podían deslizarse por un carril de unos ocho centímetros y moverse trescientos sesenta grados intentando golpear con el stick una pequeña pastilla negra e introducirla en la portería contraria. Todo esto me vino a la cabeza mientras contemplaba la final olímpica de hockey el pasado domingo.

Aparte de juguetes, mi hermano y yo pasábamos las horas muertas con las chapas de los refrescos. Sólo nos servían las que no estaban dobladas o deformadas por el abridor. Teníamos de Coca-cola, pepsi, fanta, martíni, kas, mirinda, canada dry… Cada marca correspondía a un equipo que podía ser de fútbol o de ciclismo. Recortábamos, en redondo, con la medida justa, el cromo del jugador o ciclista, lo incrustábamos en el interior de la circunferencia de cada chapa y luego añadíamos, encima del cromo, un plástico transparente para preservar cada fotografía.
Si estábamos en la Calle Madrid, jugábamos con las chapas a fútbol, en una alfombra interminable que cubría todo el pasillo. Las porterías las confeccionábamos con cartulina y el balón era una ficha de parchís. Mis equipos preferidos siempre eran el Español o el Atlético de Madrid, mientras el favorito de mi hermano era el Real Madrid. Nos tirábamos horas allí agachados. Cuando pasábamos temporadas en casa de los abuelos, en Corbán, preferíamos, en el corral, marcar con tiza un recorrido sinuoso. Las etapas eran de unos cincuenta metros de longitud. Desplazábamos a nuestros ciclistas golpeando cada chapa con el dedo anular de la mano derecha. Había puertos de montaña, metas volantes… En una libreta anotábamos todas las incidencias y otorgábamos puntos a los primeros clasificados. Se establecían clasificaciones generales por puntos al finalizar cada etapa, de montaña, metas volantes y hasta teníamos un podium. Recuerdo algunos equipos: Karpy, Bic; así como algunos ciclistas (“corredores” los llamábamos): Ocaña, Piñeiro, Ventura Díaz, que era vecino en la “Ciudad Jardín” de mis tíos.

Era el año 68 y los cambios no sólo se producían en el interior de mi cuerpo, contemplaba en la única cadena de televisión, en blanco y negro, a estudiantes barbudos de Paris que se enfrentaban a multitud de policías impecablemente uniformados. Fuertes barricadas y humo por todos los lados. No entendía nada. Lo único que me importaba era que al día siguiente hiciera sol para ir a la playa. Más tarde, nos daríamos cuenta que las imágenes que entonces veíamos tendrían una importancia decisiva en el transcurso de nuestras vidas. Algo estaba cambiando en el mundo y en nuestro interior. Teníamos por delante muchos años para seguir inspeccionándolo todo, deseando que con prontitud el represivo blanco y negro que lo cubría todo se convirtiera definitivamente en un democrático y aperturista color. El erótico 69 estaba cambiándolo todo mientras nuestros juguetes se iban amontonando en el desván. En el desván de los bellos, y nunca desparecidos, recuerdos".

2 de marzo de 2010

sábado, 26 de abril de 2025

CLUB PIRATA (2)




Escribo justo a la altura de la ventana que fue la habitación de mis abuelos. Desde aquí se asomaban para controlar que estuviéramos bien. Eran otros tiempos, hoy en día con el tráfico que hay, la cantidad de personas que pasan por aquí... sería impensable vivir aquella experiencia. Hace 50 años todo era más tranquilo, pasaban por la carretera muy pocos automóviles y la gente que pasaba era conocida, vecinos del barrio. Esa bandera y los "socios" del Club Pirata permanecen por siempre en mis pensamientos.



"El otro día paseaba por la ciudad y me sorprendió una bandera colgada de un balcón. Era un día de Navidad en el que todo se convierte en violencia social. La gente va deprisa a realizar sus últimas y obsesivas compras y se nota un tumulto habitual en estos días tan extraños. Los coches parece que intentan atrapar a los peatones, los peatones se llevan por delante todo lo que les molesta, los niños emiten generosos gritos para poner nerviosos a sus padres. Todo se convierte en un incesante ir y venir hacía los reclamos despiadados de las navidades.

Miraba hacía ningún sitio en concreto y veía en las fachadas numerosos y similares papanoeles trepando por los exteriores de las casas en lo que a mi me parece un delito para el buen gusto. De repente y en medio de todos esos Santa Claus de trajes rojos y mejillas coloradas escalando las paredes (sin escrúpulos para quienes pudieran habitar sus interiores) apareció la bandera pirata. Quiero significar que en medio de tanta elocuencia consumista me pareció un maravilloso oasis en el desierto.

Y, es que ciertamente, Papa Nöel nunca significó nada para los niños de mi generación, sin embargo lo pirata me marcó mucho a mí y a mis familiares más coetáneos. Cuando tenía trece años junto a mis primos Ramón, Margarita y Mara fundamos lo que denominamos el Club Pirata. En la huerta de mis abuelos había un columpio que nos habían comprado cuando éramos más pequeños y lo que hicimos fue reciclarlo para que tuviera utilidad. Cubrimos su armazón con mantas y otros enseres para fabricar nuestra casa y lo habilitamos por dentro de manera que fuese lo más acogedora  posible. Teníamos linternas y varias velas. Por tanto la noche era algo maravilloso, todo se trasformaba en luces y sombras que hacían que nuestros sueños se convirtieran en realidad. Recuerdo que confeccionamos unos carnés, con fotografía incluida, y un gran dibujo con la bandera pirata, el icono de nuestra insurrección. Aunque, obviamente, había mandos en el Club, elaborábamos el decálogo de obligaciones y funciones de manera democrática, todas las voces eran iguales. Convencimos a mis pobres abuelos para dormir una o dos veces a la semana en nuestra caseta, y aunque era un suplicio para ellos, se asomaban cada media hora desde su habitación para convencerse de que estábamos bien, asumían nuestro reto con sutil advocación. Quiero suponer que les hicimos socios de honor.

Hoy, en uno de esos días en que los padres se gastan tremendas cantidades económicas en hacer felices a sus hijos con videojuegos y otras realidades virtuales poco ingeniosas, esa bandera pirata, que homenajea a esas personas de igual condición que se dedicaban al abordaje de barcos en el mar para robar todo lo que encontraban, y que ha servido para recordar esos juegos de infancia que nunca volverán, pero que perduran en lo más profundo de mis sentimientos, me ha demostrado una vez más que lo diferente, muchas veces, es significativo para el ser humano aunque vaya a contracorriente de las modas y de los momentos que hacen que los humanos nos volvamos más animales que nunca".

27 de diciembre de 2006

martes, 15 de abril de 2025

LA MAR



Pues no me tocó la lotería ese año (tampoco ningún otro), pero ahora con la jubilación por suerte pasó más tiempo al lado del mar, ya sea en Santander o en Peñíscola. Cantábrico y Mediterráneo. Cuando trabajaba, que es el caso de la fecha del escrito que acompaño más abajo, salvo en vacaciones, que estaba más semanas disfrutando de su compañía, tan sólo podía quedarme cuatro o cinco días. Mi verdadera premio de la lotería es disfrutarlo ahora tan a menudo y durante tanto tiempo.
Ya no corro por la playa, doy paseos y ya no me baño en invierno, considero que tiene que haber tiempo para todo y los años empiezan a pesar (con gusto). Hay que cuidarse.


"De vez en cuando me escapo al mar. Si has leído alguno de los artículos publicados anteriormente en este espacio te darás cuenta que el mar es uno de mis sueños, el titulo del Blog es elocuente.
Nací a trescientos metros del mar y ese aspecto marcó decididamente el devenir de mi vida, está claro.
Desde hace demasiados años vivo en el interior peninsular y no disfruto como quisiera de él. Recuerdo que cuando empecé a vivir en Castilla buscaba en cada paisaje su visión y siempre lo intuía tras las montañas o al final de un escenario ocre, pero nunca aparecía. Ahora ya me he acostumbrado, o mejor dicho me he resignado, a no buscarlo.
Estos días disfruto de su compañía en una especie de barco varado a su lado. Cuando necesito reponer energías vengo aquí. Esta vez, al igual que la anterior, en solitario, sin compañía y eso beneficia mi relación con él (o ella, los marineros de mi tierra siempre le nombran la mar).
Cada mañana me descalzo y recorro corriendo los húmedos arenales, más tarde me baño para dejar que me acaricie y disfrutar de su frescura.
Hoy es día dos de diciembre y me he bañado en el Mar Mediterráneo. Recuerdo que cuando tenía entre catorce y dieciséis años quedábamos los amigos en la playa, jugábamos a las palas, deporte muy popular en Santander  y luego, en pleno invierno, nos bañábamos en un gélido Mar Cantábrico. El tiempo desde entonces ha cambiado, ahora es más cálido y todo tiene un concepto distinto, nada tiene que ver la temperatura actual con la de hace diez años. El otro día escuché que incluso los refranes no se entienden por las nuevas generaciones, están obsoletos.
No es igual bañarse hoy en día en el Mediterráneo que hace varias décadas en el Cantábrico. Puede decirse que hoy la temperatura del mar aquí sería similar a la del Cantábrico en verano. Pero me he bañado y a alguno de los caminantes del paseo marítimo esto les produce escalofríos, algunos me preguntan: ¿Cómo está el agua? y les contesto que estoy acostumbrado para no alargar la conversación, ¡me quedo helado!
Acabo de levantarme de la siesta con su murmullo acompañándome. Dentro de un rato me iré a un SPA a reconfortarme de los malos ratos y mientras tanto, esperaré al día veintidós para saber si he tenido suerte con la lotería de Navidad y empezar a vivir como un rey. Ahora intento esperar ese día sin remordimientos, disfrutando al máximo con su animada y ruidosa compañía."

10 de diciembre de 2006

jueves, 3 de abril de 2025

AUTOBÚS A CORBÁN


Foto- Cantabria y Santander en el recuerdo
El autobús salía de la Plaza de las Estaciones

El otro día vine en el autobús número 2 (Corbán- Consuelo Berges) -En otra entrada contaré la curiosa y activa vida de Berges-. Llovía en el trayecto desde la parada a mi casa y recordé la cantidad de veces que hice ese mismo recorrido de apenas 400 metros. Cuando era estudiante me desplazaba desde Corbán hasta la parada de Cuatro Caminos y desde allí iba andando a la Filial 2 del Instituto Pereda en el santanderino Barrio Pesquero. La compañía de transporte entonces no era municipal como lo es ahora, lo llevaba la empresa Muñoz, “Los Muñoces”  llamábamos a los autobuses, eran de un amarillo crema con alguna linea azul. Yo lo cogía todos los días a las 8:10, venía de Liencres y no siempre podía ir sentado. Entraba en el Instituto a las 9:00. Era horario de mañana y tarde, concretamente de 9 a 13:30 y de 15:30 a 18 horas. Comía en Cisneros nº 9, nuestro domicilio, y al salir iba a casa de mis abuelos a dormir. Otras veces me desplazaba al Instituto desde Cisneros, por la calle Cervantes, el túnel de las Estaciones, calle Madrid y por la antigua Tabacalera llegaba al Barrio Pesquero, una distancia de unos dos km. Muchas veces llegaba calado, no conocíamos las danas, pero llovía mucho más que ahora y los aguaceros eran frecuentes. También me pillaban en el recorrido de la parada de Corbán a casa de mis abuelos.

Una temporada el trayecto Corbán- Santander y viceversa lo hice en moto. La distancia entonces era de unos cinco km. y al igual que cuando iba caminando los chaparrones eran frecuentes. Ese recuerdo de llegar empapado a casa o al Instituto ha quedado grabado en mi interior. En ese reciente regreso a casa desde la parada del autobús 2 iba mejor preparado de ropa y calzado, además no llueve de la misma manera y con la misma intensidad y frecuencia que lo hacía entonces. Los años han pasado, pero los recuerdos persisten, creo que se trata de una extraordinaria señal. Y que siga lloviendo que es necesario para todo.

jueves, 21 de febrero de 2013

HISTORIAS DE LAS DOS ESPAÑAS



Mi abuela siempre me contaba historias y anécdotas ocurridas durante la posguerra  Viviendo en Corbán, veía como llegaban camiones para trasladar a algún lugar, desconocido para ella, a vecinos suyos que nunca más volvería a ver. Y, aunque nunca tomaron partido por ninguna de las “dos españas”, mis abuelos tenían miedo, ocurrían demasiadas cosas a su alrededor y, además, un hermano de mi abuela había sido oficial de la CNT, del bando republicano,  durante la guerra, y permanecía encarcelado. Ella recordaba con pena a sus vecinos desparecidos, refiriéndose a ellos, casi siempre, por el mote con el que eran conocidos. Cuando lo hacía se emocionaba y le caían lágrimas gigantescas de sus pequeños ojitos escondidos tras unas lentes excesivamente gruesas.
Pasado el tiempo, una vez al año viajábamos a Palencia a ver a su hermano, que tras  varios años de cárcel lo desterraron fuera de los limites de su provincia. Vivía en Palencia, en una casita pequeña junto a su esposa, una de esas casas de barrio construidas en la época franquista que  eran decoradas con aquel horrendo escudo a base de yugo y flechas. Cuando me levantaba el domingo, Tíolegario estaba viendo el concierto de música de la UHF, entonces en blanco y negro. Fue mi primera relación con la música clásica y creo que fue en aquella casa palentina donde realmente me enganché a ese tipo de música que tan poco había escuchado por  entonces.  Era niño y descubría en él a un personaje carismático, sencillo y muy cariñoso. En casa siempre se habían referido a él  como una persona que había perdido la guerra y tenía que pagar el peaje por ser del otro bando. Me pareció siempre una persona culta, solitaria, que tenía la cabeza llena de ideas personales… y mucha tristeza en su interior.

Muchos años más tarde de aquello, han pasado ya más de cuarenta de aquella época triste y gris, he acabado de leer un libro de esa romántica guerra (así la definieron en algunos lugares de Europa). Es recomendable ya que se trata de una novela basada en hechos reales de una zona del estado español, concretamente de León. Se titula AYER NO MÁS y la firma Andrés Trapiello en la editorial Destino. Un niño presencia el asesinato a sangre fría de su padre en los primeros años de la guerra. Setenta años más tarde reconoce en la calle a una de las personas que participó en aquel sangriento episodio…
Leyéndolo me han venido a la mente aquellas escenas que siempre contaba mi abuela y que son tan similares en la novela. Ahora, reposada su lectura, analizo aquella parte de la historia más agitada de España y siento pena por todas las familias, que al igual que la mía, sufrieron muertes, persecuciones, cárcel y, sobre todo, revanchismo. Sometidos en la actualidad a una de las mayores crisis nacionales después de aquella que supuso la guerra civil y su larga posguerra, quiero suponer que nada ni nadie podrá llevarnos a otra guerra fratricida. Sin embargo, muchas veces  pienso que necesitamos urgentemente una revolución pacifica que aparte a toda esa gentuza que se encuentra agrupada en torno a los partidos políticos, la banca, los sindicatos, las ordenes religiosas y las grandes fortunas.  Espero que muy pronto pueda leer otro libro que hable de esa revolución y, por encima de todo, la haya podido vivir activamente. Soy optimista.

MI COLECCIÓN DE VINILOS. 3- VAYA CON DIOS- "Night Owls"

  VAYA CON DIOS- "Night Owls"       Género- Pop, Jazz, Soul       Sello- Ariola Records       País- España       Publicado- Abril ...