martes, 28 de abril de 2026

ISLA CONTADORA





Estuve en Isla Contadora a finales del siglo pasado y he recordado este escrito. Compruebo que "Captain Morgan" ya no existe y tampoco el único hotel existente entonces en la isla, un hotel de madera, con grandes habitaciones con vistas al mar y variedad de restaurantes de diversos países. También se abandonó un lujoso resort de estilo colonial francés que fue un epicentro glamour en los 70´y 80´ y se conocía como la residencia de Christian Dior. Viví allí unos días inolvidables.



"Aquella mañana me despertaron los pelicanos que iban y venían a un peñasco cercano. Había quedado con un lugareño para que nos llevara en su cayuco a una isla cercana tan solo habitada por una persona. A la hora concertada partimos hacía la isla que se encontraba a escasas millas de Contadora. Nos daba la impresión de ir en una de esas pateras que recalan en nuestras costas mediterráneas procedentes de Marruecos.  A pesar de la inestabilidad de la embarcación, en poco más de una hora llegamos a una isla poblada. Todos los niños del poblado salieron a recibirnos, varios llevaban en sus manos medusas gigantes; las niñas grandes trenzas recogidas con lacitos de colores. Nos hicimos fotos y caminamos por la calle central hasta el colmado, donde tomamos unas cervezas refrescadas con grandes trozos de hielo. Desde esa parada, en menos de una hora llegamos a nuestra isla casi desierta. Aprovechamos para bañarnos en un mar de color turquesa, luego paseamos por la parte más accesible de la isla. Tenía la sensación de ser el único habitante allí, el único Robinson. Ya de vuelta, pagué el precio acordado por el curioso viaje. Por la noche, después de cenar, estuvimos muchos minutos persiguiendo la luz de las luciérnagas con una temperatura espectacular. El día anterior había dado un paseo hasta la mansión de Christian Dior espiado por centenares de  iguanas . Bañándome, con el agua a la altura de mis rodillas, un banco de peces “aterrizó” en la arena de la playa. Cuando miré hacía atrás pude observar a menos de un metro primero tres aletas y justo debajo de ellas sus respectivos tiburones. Salí a toda velocidad del mar tras llevarme uno de los sustos de mi vida. Horas más tarde pude avistar varias ballenas, a escasos cuatrocientos metros, batiendo sus aletas y sumergiéndose continuamente. Mi jornada acabó en “Captain Morgan” bebiendo algunos cubatas con un asturiano que llevaba varios años en Isla Contadora. Estuvimos bailando hasta el amanecer olvidándonos durante ese tiempo de donde veníamos, nos encontrábamos en el paraíso.  El sol apareció inmenso en Punta Galeón ese nuevo día de septiembre que me quedó marcado para siempre".  9 de junio de 2012

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