G lleva tiempo queriendo ir a Tronchón, coincide en el gimnasio con Sofía que es de allí, su marido lleva la única quesería del pueblo. No se sabe desde cuándo se elabora este queso, pero hay datos que confirman que en 1615 ya era un queso célebre en toda España. Miguel de Cervantes hace referencia a él por dos veces, en los capítulos LII y en el LXVI, en la segunda parte de su gran obra maestra El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha:
“Yo como D. QUIJOTE , también he comido queso de Tronchón, si vuesa merced quiere un traguito, aunque caliente, puro, aquí llevo una calabaza llena de lo caro, con no sé cuántas rajetas de queso de Tronchón, que servirán de llamativo y despertador de la sed, si acaso está durmiendo. [...] dieron fondo con todo el repuesto de las alforjas, con tan buenos alientos, que lamieron el pliego de las cartas, sólo porque olía a queso”.
Tras llegar a Morella tomamos la carretera a Sorita y nos desviamos a Forcall, visitamos el pueblo y tomamos un café en la plaza, luego continuamos hacia Mirambel, uno de los pueblos más bonitos de España. Su centro histórico es uno de los conjuntos arquitectónicos más importantes de Aragón y
conserva en su totalidad el recinto amurallado y las notables construcciones, sin alterar la imagen y el ambiente Medieval.
Los últimos 10 km para llegar a Tronchón los hicimos por una pista asfaltada muy estrecha y con bastantes curvas. El pueblo está a 1100 metros de altitud en un entorno natural privilegiado. En la plaza nos encontramos a Sofia, los vecinos celebraban en el exterior del Ayuntamiento una subasta con productos donados por ellos mismos para recaudar fondos para la fiesta de San Antonio de Padua. Por un jamón dieron 60 euros, por una canasta de fruta y hortalizas 20 euros, por un tarta de chocolate 25, y así sucesivamente hasta finiquitar los productos. Sofia nos indicó que en la quesería estaba su suegra y que cerraría en menos de una hora, así que nos acercamos para comprar el famoso queso y otros productos km 0.
Antes de comer visitamos el trinquete, la cárcel y el lavadero. También tomamos unos vinos en el único bar abierto. Una vez allí saludamos a Pilar, la quesera madre, que ya había cerrado la quesería. Cuando fui a pagar el camarero me dijo que estábamos invitados, supuse que la invitación era de Pilar. Posteriormente, pedimos otros vinos y el camarero volvió a decirme que estábamos invitados. ¿Pero quién nos invita?, pregunté. El Mayoral, respondió.
El Mayoral es uno de los 56 vecinos del pueblo y es el encargado, junto a sus familiares, de preparar la fiesta. Su cargo es anual y, en principio, voluntario, pero de no haberlos el Ayuntamiento sortea el cargo. Supongo que la recaudación de la subasta sería para sufragar gastos (todos los vecinos estaban también invitados en el polideportivo a comer una paella).
Antes de regresar a la “Ciudad en el mar” comimos en Casa Matilde, pero eso será motivo para otra entrada en el blog.







