Paco Patata falleció hace un par de semanas. Me llevé fenomenal con él. Recuerdo que el Cafetín la Luna (siempre le llamamos simplemente “El Cafetín”) abría todos los días, pero con la peculiaridad de que cada mes trabajaba uno de los socios y el otro se tomaba descanso. Al principio, solíamos tomar “quemadillo”, (el quemadillo de ron es una bebida caliente, elaborada quemando ron con azúcar, granos de café, canela y a veces limón, lo que evapora el alcohol y suaviza su sabor) y decíamos a Paco, que lo habíamos echado de menos, sin duda los preparaba mucho mejor que su socio, con los “mojitos” pasaba lo mismo. “El Cafetín” era nuestro refugio, allí coincidíamos con amigos y pasábamos horas y horas charlando, riéndonos, bebiendo y escuchando muy buena música. ¡Vaya momentos!, irrepetibles. Un par de veces coincidí allí con un grupo musical que estaba muy de moda, “Radio Futura”. Eran originarios de Zaragoza y cuando tenían algún concierto en Madrid siempre paraban en “El Cafetín”.
Paco, posteriormente, montó con el mismo socio (Miguel Ángel) y Álvaro Medina el “Planta Baja”, pero al poco tiempo vendió su parte y comenzó a hacer, profesionalmente, lo que más le gustaba Diseño Gráfico. Seguía coincidiendo con él y nos teníamos un cariño mutuo de grandes amigos. Le llamaba “Casrrojo” y le hacía una gracia tremenda, siempre fue progresista de izquierdas y luchador incansable por las clases sociales más vulnerables y humildes. Era un ejemplo en ese sentido. Mantenía con él mucha relación por las redes sociales, hasta que un buen día dejó de publicar noticias. Le llamé por teléfono, le escribí WhatsApps y correos electrónicos, pero no recibí respuesta. Por medio de un amigo de ambos me enteré que había tenido un derrame cerebral o algo similar y que estaba internado en una residencia sénior. El día 1 de marzo falleció.
Como escribe Esther Guerrero en Soria Noticias, con gran cariño y admiración:
“Paco recuperó a Don Carnal casi medio siglo después de que la Dictadura lo hubiera desterrado del calendario y de la memoria pública. Consiguió que la ciudad volviera a mirarse sin complejos y que recuperáramos la risa como forma de identidad. Y ahora, en contraste, su muerte nos sorprende en pleno invierno e impone el silencio que él supo romper.
La vida ha sido especialmente cruel con Paco en estos últimos años. Le ha ido arrebatando fuerzas, espacios y rutinas, pero no erosionará su recuerdo. Tu ausencia pesa, vecino, pero tu huella permanece”.
Descansa en paz, querido amigo.





