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sábado, 15 de marzo de 2025

AMPROS, Asociación Cántabra en Favor de las Personas con Discapacidad Intelectual.






Cuando voy a coger el autobús para ir al centro de Santander, o al regreso, o cuando voy a tomar unas rabas y un vermú a Casa Miguel, en mi barrio, en Corbán, siempre coincido con algunas personas con discapacidad intelectual que se dirigen, o retornan, a su trabajo (o de su trabajo) en AMPROS, que según su Web es una fundación cuya misión es contribuir a mejorar la calidad de vida de cada persona con discapacidad intelectual o del desarrollo y su familia, así como difundir, defender, reivindicar y promover derechos y apoyos, creando oportunidades que les permitan alcanzar sus proyectos de vida y su plena ciudadanía, basándonos en principios de eficiencia en la gestión, innovación y compromiso ético. AMPROS nace como asociación en 1965 fruto de la iniciativa de un grupo de padres de personas con discapacidad intelectual que buscaban, inicialmente, una escolarización adecuada para sus hijos. Una vez concluido este periodo formativo, centraron sus esfuerzos en lograr su inserción en el mundo laboral ordinario o a través de los centros especiales de empleo. Estos fueron los primeros pasos de una asociación que en 1970 fue declarada de utilidad pública.

Todo eso me resulta muy familiar en la actualidad, cuando llevo cuatro años jubilado de una vida profesional de 45 años junto a esas personas tan especialmente hermosas en todos los sentidos. Si supieran cuanto les echo de menos… Y todo empezó precisamente ahí, en el mismo lugar, cuando con 13 años comencé a verlos por mi barrio, dirigiéndose por la cuesta que conduce al cementerio y a la isla de la Virgen del Mar, a su centro especial de empleo. También coincidía en el autobús. Les tomé un cariño especial, no eres para menos, su comportamiento era muy natural y adaptado al medio en el que se movían, en unos tiempos en los que todo lo diferente era más difícil. Me conquistaron para siempre.  Mi vocación empezó entonces. Cuando tenía 18 años, recién cumplidos, ya estaba estudiando en Valladolid la carrera de “Educador de personas con discapacidad intelectual”. Fue maravilloso conocer a otros compañeros que se formaban junto a mi, personas de una calidad humana portentosa. Y también, profundizar en el conocimiento de esos seres con unas condiciones que experimentan dificultades para realizar ciertas actividades debido a deficiencias físicas o mentales, así como restricciones en su interacción con el entorno que la rodea. Durante 45 años de mi vida aprendí tanto que me siento en deuda con ellos.

Después de ese periodo profesional, a tanta distancia de mi familia, he regresado a Corbán, a mi hogar, y es maravilloso seguir observando a esas personas tan naturales, espontáneas y sinceras. Me trasladan de nuevo a ese mundo maravilloso y lleno de humanidad que tuve que dejar por edad. Me siguen conmoviendo, es mi mundo, no tengo dudas. Me hacéis feliz cuando os observo en ese trajín diario que es vuestro trabajo, vuestra vida.

miércoles, 24 de octubre de 2012

PERSONAS, siempre, ESPECIALES




Valentina. Modelo de la marca española Dolores Cortés Kids.


Mi religión no permite hacer concesiones pero hoy me la he saltado a la torera. En una ocasión comenté a un conocido sirio, musulmán, que había una cosa que me gustaba de su religión y es poder tener varias mujeres (siempre en el sentido erótico-festivo del asunto, no traten de machista el comentario)  y otra que no me gustaba, no poder beber alcohol. Él, me contestó sagazmente: -para pecar no importa qué religión profeses.  He pecado por una razón innegable, acompañar a un colega de trabajo en el inicio de su viaje más largo: la muerte. Tendré, por tanto, que confesarme por haber ido a misa y soportar uno de esos soporíferos, intrascendentes y despersonalizados sermones en relación a la vida y la muerte, declamado por un “pastor de la iglesia”. Y lo he soportado estoicamente porque he querido acompañar a sus alumnos, que también son los míos,  a esa despedida precipitada que siempre nos sorprende sigilosamente, que nos produce un vacío momentáneo y nos hace mirar al pasado en el tiempo compartido con el recién ausente.
Llevo más de tres décadas junto a ellos y siempre me sorprenden. Me siguen sorprendiendo a pesar de creer que los conozco bien. Hoy han acompañado a su maestro de taller en su funeral. No podían ir todos y los que se han quedado en el Centro estaban desconsolados. Les explicamos que no podían ir todos a la iglesia y que otra vez serían ellos los que irían. Todos aceptaban de buen grado que fuesen otros. Una vez allí, los veinte o veinticinco que han podido acudir al sepelio lo han vivido emotivamente, de esa manera  que solo ellos viven las cosas importantes. Una chica, bastante unida  a él, ha depositado una rosa encima de su féretro. Otro chico, aprovechando que acababa de comulgar, ha roto todos los protocolos y ha saludado, uno por uno, a todos los miembros de la familia con la consiguiente reprimenda de su acompañante al ocupar de nuevo su lugar en el banco.
Yo iba acompañando a cuatro chicas que, aunque no tenían una relación directa con el fallecido, al acabar el funeral han comenzado a llorar de manera angustiada. Cuando hemos salido a la calle he tratado de consolarlas pero no he podido conseguirlo hasta llegar a las puertas del Centro. Lloraban de esa manera que lloran los amigos íntimos, los familiares, las personas que pierden algo importante. He de decir que me contagiaron, aunque me apartaba para que no me vieran llorar a mi también y sus sollozos se amplificaran. Durante el resto del camino fui pensando en lo grandes, lo agradecidos, lo naturales, lo gratificantes que son y en la suerte que tengo por estar a su lado viviendo momentos que quedan grabados para siempre.
Llevo mucho tiempo a su lado y me siguen sorprendiendo, como sorprenden las personas importantes, de gran talla humana y emocional. He de decir, por último, que siento gran admiración por esos seres sensibles –invisibles casi siempre-, humildes y apasionados de vivir la vida de la manera en que la viven y etiquetamos irresponsablemente. ¡Cuánto tenemos que aprender de ellos! Personalmente, tengo la suerte de seguir aprendiendo a su lado, que sea por muchos años.

domingo, 30 de octubre de 2011

TODOS IGUALES, TODOS DIFERENTES


Desde mi terraza disfruto viendo patinar a una niña rubia de unos trece años. Sube con dificultad una rampa de madera y aventuro que tendrá dificultades al descender. Así es, finalmente, casi con el cuerpo en el suelo, acierta a agarrarse a un cabo que sujeta las estacas de la rampa. Cuando, por fin, toma contacto con el firme, retorna la belleza de su silueta deslizándose como si fuera un querubín. Desvío la mirada y veo otra niña calcada a la patinadora. Es idéntica. Deben ser gemelas. La patinadora se dirige a su gemela y apoya sus manos en la silla de ruedas en la que permanece postrada. Ayudándose de los patines ambas se deslizan a gran velocidad. Sus melenas ondean al viento y las dos comparten un momento íntimo lleno de felicidad. Me impacta la escena. De repente, aparece el que supongo es su padre y recoge con un amor encomiable a su hija discapacitada mientras la más ágil y versátil se dirige a las olas de un enérgico mar. Se ha quitado los patines y ahora, descalza, introduce sus esbeltas piernas en la blanca espuma que forman las olas al romper. La hermana y su padre no la pierden de vista desde la rampa de madera. La escena me hace recapacitar ¿a quién no? Dos muchachas en la flor de su vida demostrándote lo diferente (o lo cruel) que puede llegar a ser la suerte del ser humano. La niña de la silla lleva cubiertas sus piernas por un pantalón de chándal azul celeste. La otra niña, con un pantalón corto vaquero, sin embargo, deja al descubierto sus bellas piernas, tan iguales y tan diferentes de las de su hermana. Mientras juega con las olas, su padre arrastra la silla de ruedas hasta el mar. La niña “en movimiento” hace varias piruetas para disfrute de su hermana. La muchacha impedida no pierde de vista a su hermana mientras su padre apoya la barbilla en la silla y le dice al oído algún secretillo. Al cabo de los minutos todos vuelven al paseo marítimo. La de las piernas al aire vuelve a ponerse los patines mientras la otra ensaya movimientos para desplazar su silla. Pienso en aquella frase que puso de moda una institución: “todos iguales, todos diferentes”. Nunca una frase significó tanto en ese preciso momento que no logro borrar de mi pensamiento.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Nothing is impossible



Ayer, dentro de las proyecciones a concurso del X CERTAMEN INTERNACIONAL DE CORTOS “CIUDAD DE SORIA” tuve la suerte de ver “Héroes. No hacen falta alas para volar” de Ángel Loza.

Ángel concedió, antes del comienzo de su corto, unas palabras al público. Comenzó diciendo que si alguien busca en su film morbo ya puede salirse del recinto. Relata la historia de un joven que nació sin brazos debido a una droga -la talidomida-( se empezó a utilizar en los años 50 para tratar a las mujeres embarazadas y que provocó malformaciones en los fetos) que tomó su madre durante el embarazo. Sin embargo, eso no le ha impedido al francés Pascal Kleiman convertirse en uno de los DJ más prestigiosos del sonido techno.

Pascal nació sin brazos y por esa razón empezó a desarrollar una gran capacidad en sus pies y a utilizarlos en su vida diaria. “Lo hacia de forma natural e innata”, afirma Kleiman.

Estudió derecho en Toulouse, aunque pronto se dio cuenta de que aquello no era lo suyo. “Lo único que hace que me exprese es la música”, señala el famoso DJ. Corría el año 1989 cuando empezó a pinchar y desde entonces ha conseguido llenar las pistas de baile de las discotecas más renombradas del mundo. En la actualidad es DJ “residente’ en discotecas de Valencia y Toulouse. Sus giras recorren todo el mundo.

Hace varios años Ángel Loza acudió con unos amigos a una discoteca de Madrid, donde esa noche Pascal pinchaba. El director de cine quedó maravillado con las habilidades del DJ. “Sus ojos me transmitieron que era alguien muy especial”, “a los 15 minutos le dije: tú y yo vamos a hacer una buena película”. Desde ese momento son buenos amigos.

El documental narra la vida del pinchadisco francés y los obstáculos que ha tenido que superar a lo largo de ella. “Creo que todo el mundo debería ver mi película, sobre todo los políticos, para que oberserven que es en la enseñanza donde se cambia el mundo”, afirma el cineasta. “No hay nada imposible en esta vida, todos podemos hacer lo que queremos. Lo importante es hacer aquello con lo que disfrutemos”, añade.
En este sentido, Pascal se siente satisfecho porque ha conseguido su sueño: “Vivimos en una sociedad que no está hecha para nosotros, por lo que hay que adaptarse a ella. A veces se pasan las cosas por no hacerlo a tiempo. Yo siempre he tenido una buena capacidad de adaptación, por lo que he conseguido muchas cosas”. “Eso sí, no me considero ningún héroe”.

Un ejemplo más que hace constatar que la voluntad humana está por encima de cualquier impedimento, sea del nivel que sea.

Pascal pinchó anoche, dentro de los actos del Certamen, en la Sala Avalon de Soria.

viernes, 11 de enero de 2008

LOS IGUALES




Hace pocos meses participé en un seminario sobre sexualidad y afectividad. El profesor fue Félix López, catedrático de psicología de la sexualidad de la Universidad de Salamanca, una eminencia de esa parcela en los discapacitados psíquicos. Nos comentaba a los asistentes que la evolución sexual de los jóvenes siempre estaba sostenida, de manera implícita, por los iguales. Los iguales, los de la misma edad, los de similar desarrollo evolutivo, van descubriendo ese maravilloso mundo acompañados siempre por sus amigos, con ellos despejan incógnitas, comparten nuevas experiencias; en definitiva crecen y progresan en los novedosos sentimientos y emociones de una etapa (o varias) determinada.



Durante estas últimas vacaciones de Navidad, al igual que en años anteriores, me reuní con mis amigos de adolescencia y juventud para cenar. Todos hemos cambiado bastante. La vida ha sido amistosa y, a veces, cruel. Hemos tenido experiencias dispares y durante esa noche departimos sobre ellas. Uno de mis amigos, Héctor, tiene un hijo de 17 años con síndrome de Down y nos contaba, a instancia mía, como se desarrolla en plena adolescencia. Cursa tercero de BUP en un colegio “normal” y empieza a tener problemas que nunca había experimentado antes. Su amigo del alma y compañero ya no le llama por teléfono y se hace preguntas. El padre le contesta que tiene otros amigos que juegan a baloncesto y él no tiene cualidades. Le dice que tiene que echarse nuevos amigos con gustos similares. Al parecer está enamorado de la chica más guapa de la clase. ¡Claro!, le pasaría a cualquiera. El problema es que no le hace caso (como suele pasarle a zutano).

No voy a pronunciarme sobre si estoy de acuerdo o no en que los discapacitados psíquicos vayan a un colegio “normal”. El problema siempre surge -si es que puede llamarse problema- cuando los iguales te abandonan .Esa es la complicación por la que atraviesa ahora Nacho. Los iguales no están con él para afrontar el descubrimiento de la sexualidad (y de la vida en general) y siempre son necesarios. ¿En el supuesto de haber asistido a un colegio “especial” tendría este problema que se le plantea ahora? Considero que tendría más oportunidades de tener amistades pero cada individuo es un mundo y no hay recetas sobre la individualidad. Nacho ahora no quiere ir a un centro especializado, ve a los usuarios distintos, raros.

Como profesional y amigo tan sólo le di tres simples consejos (basados en la experiencia) a Héctor. Es un adolescente, trátalo como tal. Respeta sus decisiones pero intenta darle varias opciones que tu pienses que son acertadas. Actúa con sentido común y compórtate como padre, intentado no subestimarlo ni sobreprotegerlo.

La noche resultó hermosa. Todos hablamos de nuestras andanzas, nos animamos, nos consolamos, reímos, nos emocionamos. Es productivo mantener la amistad con tus iguales. Nos despedimos con un fraternal abrazo. Héctor me abrazo con contundencia, sabe que siempre estaré a su lado, lo estoy siempre en la distancia.

viernes, 17 de agosto de 2007

JOTA


“No es la dificultad lo que impide atreverse, pues de no atreverse viene toda dificultad”
(A.Schopenhauer)

El relato que voy a iniciar trata de una persona, por ello quiero preservar su intimidad, su honor y su propia imagen. Eludiré cualquier comentario sobre su diagnóstico. Mi enfoque va a ser puramente educativo, basado en la buena practica y en procesos o secuencias interrelacionadas entre si para dar respuesta al cliente. Los parámetros para orientar todas las acciones del momento presente son sencillos: qué hacemos, para quién lo hacemos, para qué, con qué propósito lo hacemos.
Jota es un chico intelectualmente catalogado como Límite o Borderline (El concepto formal del Trastorno Límite de la personalidad, abreviado como TLP, es relativamente nuevo en el campo de la sicopatología. No apareció en el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM) publicado por la Asociación americana de Psiquiatría hasta el 1980.
Es a partir de ahí, una vez logrado el estatus oficial de "trastorno de personalidad" cuando se dispara el interés por esta patología. Este estatus se logró tras grandes controversias y disputas iniciadas en los años 70. La nomenclatura oficial y criterios diagnósticos se acordaron mediante compromisos entre los diferentes modelos y atendiendo a datos empírico-descriptivos. Con esta definición se deja atrás definitivamente la idea del borderline como oscilando entre la neurosis y la psicosis).

En la actualidad está en mi Centro (internado en este momento vacacional) de manera provisional. Normalmente trabaja en un Centro Ocupacional y la intención de su ingreso es que esté con nosotros en calidad de reposo familiar (así lo denominan institucionalmente, lo siento).
Lo conocí hace unos días, cuando ingresó. Como he estado de vacaciones una semana tan sólo coincidimos dos días. Antes de comenzar mis vacaciones le prometí que cuando volviera haríamos una marcha hasta la zona más alta de la ciudad, concretamente en la sierra de Santa Ana, lugar donde están ubicadas las antenas de televisión -lo solicitó él-. Le hacía ilusión y a mi me serviría para realizar una terapia fuera de la institución. Considero que son las que mejor resultado dan, igualan a usuario y terapeuta y puedes incidir en aspectos que nunca se tratan custodiados entre cuatro paredes.

Ayer tuve un día difícil, último día de vacaciones, paseo por una zona de dunas (varios kilómetros), viaje con parada en Bilbao, larga visita a un museo, algo de tensión y los típicos coletazos depresivos al abandonar a mis seres queridos. Hoy llegué a mi lugar de trabajo cansado. Cuando vi a Jota le recordé que habíamos quedado para realizar la larga marcha a la montaña.
¿Te apetece ir …? le dije con una voz suave y monótona, deseando que se apiadara de mi, contestándome que me estaba esperando. Ejem, biennnnn, respondí, prepara buen calzado, ropa ligera y algo de agua para el camino.
La caminata duró tres horas. Una hora y media para subir, veinte minutos de descanso una vez arriba y hora diez minutos para bajar. Respondí a quinientas preguntas sobre asuntos de todo tipo, desde la formación de las nubes a la superstición, pasando por el medio ambiente, los puntos cardinales, las enfermedades, las relaciones sociales, los indios del Amazonas e incluso fútbol. Curiosamente en el ascenso hablamos de temas como los que he enumerado anteriormente y una vez sentados de su problemática personal. Soy de los que considera que es mejor dejar hablar al usuario interrumpiendo lo menos posible. Mis contestaciones son siempre contundentes, irremplazables y basadas en mi experiencia y en el sentido común. No suelo indagar en la llaga y si lo hago doy muchos rodeos para no ir directo al problema. Durante la bajada ya no éramos cliente y expendedor, éramos colegas (llegar a esa situación, al menos desde mi óptica personal, es llegar a la meta que te has trazado). Me dio más información de él, en esos momentos, que muchos de los chicos que trato durante años. Información sobre de que manera se enfrenta a los problemas, sus proyectos a corto plazo, temores, actitudes, futuro, problemática que había planteado a su familia…
Se despidió de mi con un: muchas gracias por el paseo y por la conversación. Mis ojos se llenaron de lágrimas, tragué saliva, le tendí la mano y no pude articular palabra. Llevo más de veinte años de experiencia profesional y nunca nadie me había dado las gracias por mi vocacional trabajo. No olvidaré a Jota.

viernes, 9 de marzo de 2007

UN MINUTO DEMASIADO LARGO


Carlos Pérez, colega que trabaja en un Centro de Educación Especial de Barcelona e imparte formación en Estimulación Basal, puso un ejemplo sobre la duración de un minuto a los asistentes a un curso dirigido por el. Mantuvimos silencio (yo participaba también) durante esa precisa fracción de tiempo y ciertamente acordamos que la intensidad y variabilidad que puede tener depende de los parámetros de cada momento y situación.

Vivimos en una sociedad que se mueve a velocidad frenética, cada día tenemos que realizar infinidad de cosas dentro de una escala temporal que nos agobia, olvidando aspectos importantes sobre algunos asuntos y sobre los demás que hacen que seamos cada vez más maquinales y por lo tanto más inhumanos.
El tema del minuto, aparte de tratarse de una confirmación individual, trataba sobre el ejemplo de Alicia, una persona con pluridiscapacidad, con problemas, por tanto, notorios y de reacción lenta a los estímulos, no obstante se esforzaba diariamente en mejorar su condición física y mental. No recuerdo bien si el ejemplo comentado por Carlos se desarrollaba en la calle o en su centro de intervención terapéutica, pero el caso es que Alicia, sentada en su silla de ruedas, permanecía a primera hora de la mañana en una zona por donde pasaba la gente. Al encontrarse con ella le saludaban: buenos días, y ella comenzaba a responder, aunque sus problemas motrices y sensoriales le impedían imprimir velocidad a todo el área que entra en contacto en el desarrollo del lenguaje hablado. Cuando Alicia completaba la frase con gran esfuerzo: “bu e nos dí as”, la persona que le había saludado ya no se encontraba dentro de su espacio visual.
Al cabo de no mucho tiempo Alicia dejó de saludar.

Ya sé que es poco probable detenerse ante una persona discapacitada, lo que intento hacer ver con este escrito es darnos cuenta de lo importante del tiempo y su traslación a ciertas personas. Tal vez podamos perder (yo diría ganar) un minuto de vez en cuando para saludarnos mirándonos a la cara, percibir nuestro entorno e interiorizar que convivimos en un mismo espacio.

viernes, 9 de febrero de 2007

CARTA DE UN DISCAPACITADO PSÍQUICO


Soy discapacitado psíquico. Haciendo historia, he sido también idiota, subnormal y retrasado mental, ente otras cosas. No sé leer ni escribir. Me comunico mediante gestos faciales y algunos movimientos corporales (soy tetrapléjico). La mayoría de las personas que se encuentran a mi alrededor creen que soy tonto o algo parecido, sin embargo me doy cuenta de todas las conversaciones y razono de una manera, me parece a mí, bastante lógica, aunque al no existir medios para medir mi inteligencia todo el mundo me trata de manera distinta al resto de los mortales, como si se tratará de un bebé. Todos los días tienen que asearme, no controlo esfínteres y tienen que alimentarme. No tengo control motórico sobre mi cuerpo y sus posturas. Me gustan muchas cosas, aunque al no poder comunicarme de la manera que establece el protocolo de los seres humanos, es difícil hacerlas ver y cambiar las perspectivas sobre mi persona y mis gustos. Adoro los días soleados y asomarme a la ventana de mi sala a contemplar los movimientos de los pájaros, su ir y venir acompañado de cánticos sincronizados. Me gusta la música clásica, me produce tranquilidad y permanezco relajado cuando suena, algo que me sienta especialmente bien ya que siempre estoy rígido y tirante. Lo que más me gusta es irme a casa los fines de semana o durante las vacaciones, mis padres me entienden mejor y allí tengo menos rigidez y los horarios son más flexibles, no madrugo tanto y me acuesto más tarde. Es agradable ver la tele junto a mis padres y escucharles como hablan, es una sensación indescriptible. Con ellos me comunico mejor sin nadie que interfiera.

Los días en mi centro especializado son rutinarios, a las ocho de la mañana me despiertan y me asean de manera cuidadosa. Más tarde me dan el desayuno con mucha medicación. Tras un descanso comparto en una sala de terapia: juegos, destrezas y habilidades junto a mis compañeros y a la educadora. Luego me trasladan a fisioterapia para recibir tratamiento especializado a mis problemas físicos- Hay veces que me desnudan y me introducen en una bañera con agua calentita que llaman hidroterapia, creo que es el mejor momento del día, me encanta. A continuación comida, nuevamente sala de terapia, merienda, juegos, aseo personal, cena y a descansar. Al final del día me encuentro agotado. No suelo dormir bien, me cuesta conciliar el sueño y mientras tanto pienso en mi vida, en el futuro inmediato tan rutinario y cruel. Tan sólo deseo pensar en el día a día sin profundizar mucho más…

Hoy ha sido un día distinto y raro. Llevamos poco tiempo en el nuevo centro y los últimos días han limpiado todas las dependencias a fondo, los trabajadores iban y venían con prisa y parecían atosigados, no entendía que pasaba pero ya se han despejado mis dudas. He oído que es la inauguración y vendrá el Presidente. No sé quién es el Presidente pero debe ser alguien muy importante. A mí me han vestido con la ropa que me ponen cuando me voy a mi casa y han aseado a fondo mi silla de ruedas. Las personas que me cuidan hablan y hablan, están tremendamente preocupadas y muy activas.
Desde la ventana de mi habitación he visto venir mucha gente; algunos padres de compañeros; policías; coches oscuros; personas con traje y corbata hablando con sus teléfonos… Alguien ha comentado que a las doce inauguraba el Presidente el nuevo Centro y que después todos los invitados se reunirían a comer ricos menús que transportaban unas furgonetas muy bien decoradas, creo que hablaban de algo que no sé si he entendido bien ¿catering? Mis jugos gástricos han empezado a hacerse latentes y se me hacía la boca agua cuando hablaban de la comida: canapés; gambas; torreznos; embutidos ibéricos; pasteles y hasta café y champán. Todo ha transcurrido de manera muy rápida y mis compañeros que saben hablar decían cosas desagradables sobre la visita de tantas personalidades. Luego me he enterado que en el acto inaugural (descorrer una cortina y leer una placa que han pegado en la pared) y en el ágape no ha habido representación nuestra. Ningún compañero ha sido invitado y eso que dicen que esta es nuestra casa y que tenemos que sentirnos a gusto y disponer de la misma intimidad que la que tienen todas las personas en su propia vivienda. ¡Qué gracia! inauguran nuestro hogar y ninguno de sus residentes está presente junto al resto de las muchas autoridades, prensa, etc. Eso sí, por la tarde he visto la tele, junto a todos mis compañeros, enterándome entonces del acto en cuestión, ciertamente no había representación nuestra por ningún lado, estábamos escondidos, como si molestara nuestra presencia.

Los trabajadores han hablado cerca de nosotros y estaban enfurecidos, decían que se acercaban las elecciones y que claramente se trataba de un acto electoral. Yo no entiendo de eso, no puedo votar (al igual que la mayoría de mis compañeros), tal vez por eso se hayan olvidado de nosotros.

El día, al menos, ha sido distinto y se agradece, he escuchado conversaciones que de otra manera no hubiera conocido, creándome así mi propia opinión, aunque desgraciadamente no pueda compartir con nadie. Creo en las palabras de las personas que permanecen conmigo durante todos los días y considero, por lo que dicen, que la política está al margen de nuestros problemas e inquietudes vitales. Hoy más que nunca me he sentido discriminado y quiero hacerlo público, aunque tan sólo puedo decir estas palabras: -Que les aproveche y que nuestros padres sepan lo que hay que hacer en próximas elecciones. Así me sentiré mucho mejor.

LUZ SOROLLANA

  La luz ya es “sorollana” y al borde del mar una pareja de unos 35 años juega a las palas. Desde mi terraza la visión es formidable, esa lu...