jueves, 29 de diciembre de 2011

FERNANDO ZÓBEL

Yo creo que era   la primavera del 80 cuando visité por vez primera Cuenca. Se trataba de  un fin de semana e hicimos noche en la ciudad de las casas colgadas. En aquella época hice amistad con alguno de los miembros del grupo artístico soriano SAAS- 2, ocupando la vocalía de fotografía. Había finalizado mi formación en la Sociedad Fotográfica Alto Duero, en un curso dirigido por D. Manuel Lafuente Caloto y estaba especialmente sensibilizado con el arte contemporáneo que se realizaba por entonces. Cuenca era una de las cunas del nuevo arte y, por tanto, visita obligada para los que queríamos conocer lo relativo a las nuevas tendencias. Llegamos el mismo sábado y encontramos un hostal en el centro de la ciudad. Curiosamente, el termino hostal tan sólo se utiliza en España y ha sobrevivido en el tiempo. Tengo entendido que se diferenciaba del hotel porque se situaba en las afueras de las ciudades. Aunque, está claro, que con el tiempo eso ya no tiene nada que ver. Visitamos la ciudad y degustamos sus diferentes y exquisitas tapas y raciones. Al regresar al hostal, no serían más de las doce de la noche, las cuatro ruedas de mi flamante Dyane 6, apodado “El Soviet” por su color ROJO, estaban rajadas. En esa calle céntrica, otros dos vehículos, también con matricula forastera, tenían las mismas marcas que “El Soviet”. El día siguiente, por desgracia al ser domingo, tuve que dedicarlo a encontrar un taller y cambiar las ruedas, con el consiguiente impacto para mi maltrecha economía. A pesar del inconveniente, a las pocas semanas regresamos a Cuenca y pudimos disfrutar de su museo de arte contemporáneo, deleitándonos con sus artistas y adquiriendo mi primera obra de arte de uno de los culpables de la apertura del museo, Zóbel. Desde entonces, han pasado varias décadas, dicha obra ha permanecido siempre en el salón de mi domicilio junto a otras pinturas de uno de aquellos artistas de mis primeros años en Soria, José María Herrero. Posteriormente, he regresado en varias ocasiones a esa ciudad de la que  he permanecido enamorado, y, por supuesto, siempre he visitado ese maravilloso museo de vistas espectaculares.