sábado, 17 de agosto de 2013

CHICA CON LIBRO Y SOMBRERO


Había que combatir ese calor de agosto y muy pronto me acercaba a la playa para bañarme y leer un poco tomando el sol de primeras horas. Antes, había quebrado todos los protocolos de la intimidad, ocultándome tras mis prismáticos, intentando descubrir a una chica de aspecto teutón que días atrás se mostraba cautivada por un libro excesivamente grueso en páginas. Eran las nueve de la mañana y allí estaba, en el mismo lugar de días anteriores, pero curiosamente no leía, se encontraba de pie, de espaldas al mar, cuando de repente, comenzó a desplazarse a su izquierda con pasos acompasados, cabeza alta y mirada al frente, hombros hacía atrás, empujando su pelvis levemente hacía adelante, sin encorvarse. Era una modelo desfilando por una  pasarela efímera, temporal. Cuando me acerqué a su lado estaba ya tumbada en su silla capturada por la  lectura. Tenía curiosidad por conocer lo que leía, nunca había visto a nadie tan cautivado por un libro, así que me metí en el mar y, disimuladamente,  salí justo enfrente de la chica blancuzca. Leía un libro que se titula “Temor del hombre sabio”. Con el paso de los días su cuerpo se volvió de un color similar al de los  cangrejos, las páginas avanzaban de manera rápida, mientras su sombrero de rafia, sus gafas de sol abatidas  y su piercing en la nariz seguían en el mismo lugar.   Una mañana, fisgando con mis prismáticos no pude dar con ella. Bajé a la playa buscando el lugar en el que siempre se encontraba aquella modelo paliducha, tirando a rosáceo, pero no estaba. Su libro, sus posturas, su movimiento de piernas, el piercing, las gafas, el sombrero, habían desparecido. Durante todo el día seguí explorando la playa con los prismáticos pero no había rastro de aquella familiar estampa de esos  días de agosto. Tal vez ahora haya terminado su libro y esté desfilando en cualquier punto del planeta. Sin embargo, siempre quedará su recuerdo en aquel lugar de la playa que, durante unos días, fue propiedad suya.

1 comentario:

Nube dijo...

Me gustan tus escritos por contar cosas sencillas y habituales que, pasean por la mente y terminan en la imaginación.

Un beso.