domingo, 22 de junio de 2014

¿DEBEN LOS NIÑOS SER ESPECTADORES DE LAS CORRIDAS DE TOROS?


En Zamora son las fiestas de San Pedro y acabo de pasar por la plaza de toros. Me ha llamado la atención la larga fila que había en las taquillas a las seis de la tarde para sacar  las entradas para un espectáculo taurino que dará comienzo a las seis y media. Me he fijado en el cartel para comprobar quienes eran lo que toreaban y no he reconocido a ninguno de ellos. Sin embargo, me ha llamado mucho la atención que en la parte superior del cartel  anunciaran que los niños menores de ocho años entraban gratis a la plaza. Ese anuncio me estremeció, ya no sólo está  prohibida la entrada a los menores para ver un espectáculo tan sanguinario y atroz (algo que me sorprendió), sino que además pueden entrar de manera gratuita.
Cuando era menor de edad mis padres y mis abuelos me llevaron a muchas jornadas taurinas en la plaza de toros de Cuatro Caminos en las fiestas santanderinas de Santiago. Recuerdo el colorido de la plaza, el sol, los asientos estrechísimos marcados en el cemento que rodeaba el contorno circular de la plaza, las almohadillas para apoyar los glúteos, la bota de vino fresco, los pañuelos, el vestuario de las madrinas, el desfile preliminar de toda la cuadrilla… todo lleno de colorido y con sabor a fiesta auténtica. Pero también recuerdo la sangre, las banderillas que se clavaban en la espalda de los toros, las cornadas a los caballos de los rejoneadores con el consiguiente chorro de sangre, las cogidas a los toreros, la puntillas, el arrastre del toro sin vida…  Pasaba mucho tiempo con los ojos cerrados.

Soy contrario a las corridas, al menos desarrolladas de la manera actual, respeto a los aficionados a los toros, considerando, eso sí, que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos. Los animales también tienen derechos que les estamos negando. Haciendo historia, por ese trance han pasado muchos seres vivos, sin ir más lejos  humanos de color o mujeres, en general, que no tenían los mismos derechos que el resto de los mortales. Soy optimista y creo que las corridas celebradas como se celebran ahora tienen el tiempo contado. Los niños no pueden ser participes de ese espectáculo digno de sociedades anticuadas por el mero hecho de que lo permita (por desgracia) la ley y, lo que es peor, sus padres, que son los primeros educadores. Algo tiene que cambiar y estoy seguro que lo hará pronto, se trata tan sólo de sentido común.