Me preocupa la masificación turística, también conocida como turismo de masas o overtourism, que sufre mi tierra. Santander se ha sumado activamente al debate sobre la turistificación en el norte de España. El fenómeno de "refugio climático" y su consolidado atractivo paisajístico han disparado el volumen de visitantes, tensionando la convivencia local.
Lo viví el invierno anterior en la ciudad de Málaga y hace dos años en Gran Canaria. En Málaga leí varios artículos sobre manifestaciones de los vecinos. Con lemas como «Málaga para vivir, no para sobrevivir» o «Ni alquileres por las nubes, ni salarios por los suelos», las movilizaciones denunciaban que el turismo masivo expulsa a los vecinos de los barrios. Posteriormente, en Las Palmas de Gran Canaria, también me hice eco de la presión que padecen de las viviendas vacacionales en barrios como Guanarteme, La Isleta, o los conjuntos históricos de Vegueta y Triana. La conversión de hogares residenciales en negocios turísticos reduce la oferta de alquiler y dispara los precios para los residentes locales. Los pequeños comercios de barrio cierran para dar paso a negocios enfocados en los turistas.
Todo eso repercute en en el aumento de precio de las viviendas y en todo lo relacionado con los gastos habituales al encarecerse absolutamente todo la que supone vivir el “día a día”.
“Santander está apostando por un modelo de turismo que combina naturaleza, paisaje litoral, espacios verdes, rutas culturales y experiencias de bajo impacto ambiental, un atractivo para un perfil de visitante cada vez más consciente, que valora la sostenibilidad, la autenticidad y la calidad de la experiencia”. (Gema Igual, alcaldesa de Santander. FITUR 2026).
En 2020, la exconcejala de Turismo, Miriam Díaz, explicó en esa misma Feria, que “Santander no quiere entrar dentro del fenómeno de la turistificación. Hemos apostado por un modelo de calidad y sostenible que proteja al máximo nuestra ciudad y a sus visitantes, que equilibre los intereses de los santanderinos, los del sector –incluyendo al comercio, la hostelería y el tejido empresarial- para que los ciudadanos prosperen y los de los turistas”, señaló entonces.
Sin embargo, en el verano de 2026 los santanderinos estamos experimentado problemas debido a la masificación. Hay muchas personas que han cambiado, debido al clima generalmente, sus segundas viviendas que adquirían en Salou, Peñíscola u otros destinos mediterráneos, por este nuevo refugio climático que es la costa cantábrica, sobre todo madrileños, castellano-leoneses, vascos y aragoneses.
La realidad es que en julio y agosto Santander está “petado”, no se puede aparcar, para comer hay que reservar con tiempo, las calles y playas están atestadas de gente, cada vez llegan más cruceros turísticos… Considero que habrá que tomar medidas inmediatas para que nuestra ciudad no se convierta en un destino turístico inviable para los residentes.
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