lunes, 8 de septiembre de 2008

ASIA


Comentaba el periodista Enric González, en “El País” del domingo pasado, algunas peripecias durante su primera visita a Corea del Sur. Cuando viajas al continente asiático, al menos si eres hombre, siempre te traes alguna anécdota relacionada con lo sexual. Enric se alojó en un hotel baato de Seúl frecuentado por gente de provincias que iba a hacer gestiones a la capital. Si no recuerdo mal, la primera noche llamaron a la puerta de su habitación. Se trataba del recepcionista con una oferta “Girls, mister?”. Enric cerró la puerta contestando que no necesitaba ese tipo de favores. La noche siguiente ocurrió lo mismo. Esta vez el recepcionista insistió ofreciéndole a su hermana pequeña. Enric, de nuevo, se negó a aceptar la oferta. La tercera noche recibió de nuevo la llamada a su habitación del mismo personaje. Cuando Enric abrió la puerta aconteció algo diferente a las otras dos ocasiones. Esta vez el recepcionista se metió en su cama. Enric escribía en el periódico que le resultó difícil y angustioso echar al tipo de la cama, no llegaba a entenderlo.

Estuve hace unos años en Tailandia y leyendo el articulo del autor de “Historias de Londres” e “Historias de Nueva York” recordé una anécdota que viví en Bangkok. Por suerte no me alojaba en un hotelucho como hizo Enric sino en el Twin Towers. En la puerta del hotel abundaban los taxis y los tuc tuc. Esa noche mi acompañante y yo habíamos quedado con una pareja de chicas madrileñas para ir a cenar. Decidimos ir a un restaurante especializado en pescado y marisco que nos había recomendado algún conocido. Pedimos un taxi y me senté al lado del conductor en el asiento delantero. Le di la dirección donde queríamos ir e, injustificadamente, empezó a dar vueltas por Bangkok . Llevábamos cerca de una semana allí y suelo orientarme bien. Comenté al taxista, que tan sólo conocía cuatro palabras de inglés, que estábamos dando muchas vueltas. Contestó que me llevaba a una casa de masajes de unas amigas suyas de confianza (lo de confianza lo supuse, ya he dicho que el tipo no sabía nada de inglés). Mis compañeras empezaron a gritar amenazando que bajarían del taxi de seguir dando vueltas y más vueltas. El taxista daba la sensación que ignoraba a las chicas, sólo hablaba conmigo y, por desgracia, seguía dándome “la vara” con la misma cantinela. Después de sucesivas conversaciones, “de indios”, pudimos convencerle para que nos llevara al restaurante. Nos bajamos cansados del taxi, la carrera había sido excesivamente larga aunque el precio era el apropiado. Cuando subimos los ocho o diez escalones que separaban el restaurante de la carretera nos dimos cuenta que no era el mismo que le habíamos indicado. Se había hecho tarde y el lugar tenía muy buena pinta. Propinamos varios juramentos y acabamos cenado correctamente y a un precio adecuado. El problema fue que no tenía marisco ni pescado.

En estos países siempre intentan aprovecharse del turista. Al no aceptar que el taxista nos llevara a la casa de masajes quiso asegurarse otra comisión, con seguridad menos golosa. Siempre hacen lo mismo y casi siempre se salen con la suya. Enric pudo salir airoso de los ofrecimientos inoportunos. Al menos... eso dice.

3 comentarios:

Hache dijo...

Algo parecido lo viví en Rio de Janeiro, fue incómodo, asqueroso y violento. Yo además era la única mujer de un grupo de 22. Y claro ... algunos de esos 22 sí buscaban esos servicios, a precios de cubata.

A quien te intenta convencer de que es una fuente de ingresos, pero yo debo ser muy corta de entendederas para según que temas.

;)

C.C.Buxter dijo...

Pues sí, es realmente lamentable, pero ya se sabe: la ley de la oferta y la demanda. Por desgracia no todo el mundo hace como tú, sino más bien al contrario; además, me temo que las personas que no dudan en invertir su dinero en "turismo sexual" sean luego en su país gente totalmente respetable y que está fuera de toda sospecha.

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Por desgracia, en algunas sociedades (aún en las que pintan de desarrolladas), se esconde tras la fachada la realidad de la prostitución como forma de subsistir y la falsa imagen de que, si se viene de tan lejos, uno andará forrado en billetes (aunque, como señala C.C. Buxter, si hay oferta es porque existe demanda).

Por desgracia, conductas como las señaladas son las que espantan a los posibles turistas y abortan una fuente de progreso para países en vías de desarrollo; no por nada en Chile se ha buscado potenciar aún más el turismo a la par de países como España o Italia.

Saludos afectuosos, de corazón.