domingo, 28 de septiembre de 2008

COLLIOURE


A la caída de Barcelona en febrero de 1939 Antonio Machado huye de España -- en una ambulancia, con Joaquín Ramón Xirau y Pilar Subías -- y se exilia en Collioure, donde poco después se produce la muerte del poeta y la de su madre con sólo tres días de intervalo. En su bolsillo se encuentra un último verso: "Estos días azules y este sol de la infancia". El profesor sevillano y su madre, Ana Ruiz, están dignamente enterrados en el cementerio de Collioure. Gracias a D. Antonio, Soria y Collioure están hermanadas aunque, desgraciadamente, existe muy poco intercambio entre ambas ciudades a todos los niveles. Desde este humilde espacio reivindico una mayor colaboración entre ellas para que se produzca una fructífera, y esperada, relación.

La última etapa de mi viaje a Francia, hace tan sólo unos días, me condujo a Colliure. Estuve allí hace diez años en un desplazamiento relámpago desde su hermana catalana Tossa de Mar y, ciertamente, me cautivó. Con anterioridad a mi primera visita había visto fotos en la prensa de la ciudad de la “Côte Vermeille” pero nunca pensé que fuese tan bella y agradable, tan genuina y diferente.

Tras una década sin aparecer por Collioure he podido comprobar que ha permanecido fiel a su idiosincrasia. Tiene marchamo. Sus habitantes y autoridades saben que posee una personalidad firme, única y exclusiva. Por ello saben defenderse de posibles detractores y son conscientes que la peor ofensa para la exclusividad casi siempre es el turismo. Pero Colliure, al igual que muchas personas, mejora con el tiempo. Ha establecido, en su particularidad, un distintivo de fidelidad. Desde mi personal perspectiva a veces recuerda a la exclusiva St. Tropez, aunque mucho más asequible, por suerte. Su turismo es especial, respetuoso, afable, sin duda fruto de la tradición y de saber salvaguardar lo íntimo, lo personal, lo tradicional. Espero que sepa seguir así con el paso de los años. Sería una vanidad merecida y necesaria. Acabo de regresar y ya pienso en poder regresar cuanto antes a Collioure.

2 comentarios:

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Es que en medio de los días grises del exilio, cómo no recordar el azul de la infancia. Collioure mira al Atlántico, ¿no? Cultiva un conocimiento bastante más tímido, exclusivo si se quiere pero no prohibitivo...con la carga que llevan podrían explotarla comercialmente, pero el precio final podría ser muy alto.

Saludos afectuosos, de corazón.

Marino Baler dijo...

La madre del poeta cumplió su palabra: "yo moriré cuando muera Antonio", dijo tiempo atrás. Solamente tres días después moriría. Excelente lugar Colliure, recuerdo la primera vez que estuve delante de la tumba del poeta y de su madre. Un sentimiento de rabia, impotencia y vergüenza me invadió por alguien como D. Antonio que por motivos infames descansa lejos de su tierra.

Un saludo.