jueves, 11 de septiembre de 2008

¿SIGLO XXI?

Creo que he comentado en alguna ocasión mis problemas con Hacienda y con Tráfico. Desde que Hacienda se encarga de confeccionar la declaración sobre la renta de las personas físicas siempre, salvo este último año, me ha proporcionado molestias. La primera vez que recibí la Declaración en mi casa comprobé que estaba a mi nombre una finca en un pueblo cercano a Soria. Envíe un escrito a la Delegación Provincial de Hacienda explicándoles que no era de mi propiedad y… hasta ahora. Sin embargo en la siguiente Declaración no sólo era propietario de la finca indicada sino que además me asignaban una casa en la misma localidad. Sin perder tiempo, y con la contrariedad que eso supone a cualquier ciudadano, me acerqué a la Delegación de Hacienda de mi ciudad. Después de los trámites pertinentes rellené un impreso y, al parecer, quedó solucionado el tema.

Pero, por desgracia, hace unos días tuve que visitar de nuevo esa importante institución. Resulta que hace más de un año me echaron una multa en San Sebastián por exceso de velocidad. Con algo de retraso pagué la multa. Al cabo de unos días de hacerlo recibí una notificación en mi domicilio. Me reclamaba Hacienda 55 euros por pago fuera de plazo. Así que recogí en la relatada Delegación un impreso e hice el ingreso desde mi banco. Todo comodidades para pagar. Pasaron unos meses desde éste ingreso y me llegó un aviso de mi banco informándome que Hacienda pretendía embargar de mi cuenta la cantidad de 55 euros. Me acerqué de nuevo a la Delegación Provincial de Hacienda y expuse a un funcionario mis quejas. Acostumbrado a hacerlo me dio la siguiente explicación: al haber pagado tarde la multa se había iniciado el proceso de embargo y, con toda probabilidad, se habían cruzado los papeles. Increíble, pensé, desde mi pago hasta la salida de esa notificación había transcurrido una semana. En este momento vigilo mi cuenta corriente para que no se produzca el más que probable embargo por parte de los ineptos (o no) de turno.

Pero eso no es todo. Hace menos de un mes recibí en mi domicilio una nueva multa por exceso de velocidad. Desde que han instalado los radares en las carreteras españolas todos los que viajamos con asiduidad nos hemos visto sorprendidos por las correspondientes sanciones. Para no tener que pasar por los tramites explicados más arriba pagué, por giro postal, la cantidad económica correspondiente a la infracción, con un descuento del 30% (creo) por hacerlo dentro del mes siguiente a recibir la notificación. Las dos opciones que te da tráfico para realizar el pago son: Giro postal (con un coste cercano a los 6 euros) o realizar un ingreso en un banco concertado. Me resultó significativo que la sanción fuera cometida a mediados de junio en un punto kilométrico de la carretera nacional Zaragoza- Valladolid, en dirección a esta última ciudad, y me llegara dos meses más tarde.
En el siguiente viaje que realicé en esa misma dirección comprobé que el kilómetro donde cometí la imprudencia no existía. La cólera se apoderó de mí y seguí conduciendo hacía mi destino pensando hacer la pertinente reclamación. Al llegar a mi domicilio unos días más tarde tenía en el buzón un impreso de Correos con el importe de la multa, ya pagada, descontados los gastos del giro postal. Afortunadamente subsanaban el error pero, como pasa siempre, el contribuyente es el que paga el pato. En este caso casi 12 euros (6 de cada giro postal) por un nuevo fallo funcionarial. Increíble en pleno siglo XXI.

1 comentario:

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Claro...ahora, Impuestos te propone una declaración de Renta y, si estás de acuerdo, la envías ¡hasta por móvil! El problema radica en que, según los funcionarios, las máquinas no se equivocan.

Peligrosa dependencia...porque sabido es que a veces fallan y, si nos basamos en ellas, el sistema entero tambalea. Saludos afectuosos, de corazón.