jueves, 15 de marzo de 2012

LA ERA DIGITAL


Las personas de mi generación hemos vivido toda la evolución y los cambios referentes a las nuevas tecnologías. Algunos pensaban que podían dar la espalda a lo que iba llegando. Así, primero dijeron que ellos nunca tendrían un teléfono móvil,  ese artefacto sólo serviría para estar controlado y  nunca harían el "tarín" de hablar por la calle haciendo posturitas ridículas. Luego, apareció el ordenador de sobremesa, con un monitor gigantesco y más fondo que el Álvarez Cascos. Y, claro, más de lo mismo: eso no iba a servir para nada y con Internet llegaría todo lo malo y, además, se perdería el tiempo que se dedicaba a otros menesteres más tangibles y provechosos. Pero se confundían y el tiempo les ha quitado la razón. Incluso fue tanto el furor de estos nuevos artilugios que en la actualidad sería impensable vivir sin ellos. Ahora, pasados los años, me parece imposible que haya películas de cine en las que no aparezca un móvil o un ordenador. El furor del ordenador fue tal que pronto salieron los portátiles y esas mismas personas que renegaban de ellos, pero que sin embargo ya eran herramientas de uso común entre sus hijos, e incluso entre ellos, los que perjuraban no usarlos nunca, ya empezaron a entrar en la vorágine que suponía, y supone, la tecnología que no para de avanzar y evolucionar con los años.

Cuando aparecieron los primeros modelos de libros digitales me posicioné, aunque pareciéndome muy  interesante la nueva propuesta, con los que apostaban por seguir tocando el libro, oler sus páginas, recopilarlos, adorarlos, mecerlos… Poseo una colección de libros que me ha desbordado  y desde hace ocho meses tengo un Kindle que pedí directamente a EE.UU. con el consiguiente canon revolucionario del impuesto reglamentario. En ese tiempo he leído más de veinte libros, la mayoría muy voluminosos, el doble de lo que leía en papel. A principios de año dieron datos sobre las ventas en Estados Unidos de libros y, por primera vez, se habían vendido más digitales que de papel. Ahora, varias asociaciones luchan para que se quite el impuesto a los libros digitales para así potenciar la lectura.

Si he de ser sincero me da igual que la lectura se haga en el nuevo soporte o en papel, el caso es que la aventura que supone leer llegue a todas las personas, sean de la clase social que sean. Así, la sociedad será más educada y más libre. El problema es el de siempre: la cultura en general y los libros en particular siguen pareciéndome excesivamente caros. Todo es un negocio y aquí tampoco van a ceder. Vivimos tiempos en los que, por desgracia, hay aspectos mucho más importantes que el precio de los libros.