lunes, 28 de octubre de 2013

PASEANDO AL PERRO


Me había pasado algunas veces pero nunca en mi tierra. Cuando tenía dieciocho años, en Francia, me preguntaban  si era inglés; en Cuba, pensaban que era italiano; en Italia, preguntando a unas señoras mayores por alguna dirección, me miraban de arriba abajo y me ha hacían repetir, una y otra vez, que era español, desconozco la razón para que dudaran tanto sobre mi nacionalidad. Hasta cierto punto todo normal, nos habrá pasado a casi todos, supongo. Sin embargo, que en mi tierra duden de mi procedencia ya me parece el colmo.  Paseaba por la proximidad de la playa con Goofy, el westy de mi sobrina, cuando apareció por allí una perrita de la misma raza. A Goofy no le gustan los perros grandes, sus preferidos son los de raza schnauzer   y los de tonos grises u oscuros, sin embargo, tuvo a bien oler las partes más nobles de su semejante aunque a los pocos segundos ya estaba interesado en otras cosas. La dueña de la westy señaló que tenía nada menos que doce años pero yo escaneaba a la can y me parecía increíble que se conservara tan bien. El caso es que  Goofy, con la mitad de años que la perrita, no estuvo interesado en ella en ningún momento. Pero la mujer tenía ganas de hablar, decía que los perros socializaban mucho a las personas facilitando encuentros y amistades. Después de un rato hablando, más bien hablando ella, me hizo la inesperada pregunta ¿eres español? Respondí que era de allí, de Santander mismo… Te lo pregunto simplemente para que entiendas el significado de la orden que voy a dar a la perra, ya he olvidado su nombre, y la respuesta por su parte. Primero hizo sentar a la westy y, de repente, soltó a la perra: “ARRIBA ESPAÑA”, levantando, de manera sincronizada a la orden, su patita derecha hasta la altura de la cabeza. Me hizo gracia la actitud de la perrita pero pensé que no me extrañaban las dudas de la señora sobre mi nacionalidad, en ese sentido era cualquier cosa menos uno de esos españoles tan recalcitrantes y prehistóricos. Seguí con mi paseo, a veinticinco grados de temperatura, aprovechando el sol espléndido, mientras cantaba a Goofy:  “en el día nacional yo me quedo en la cama igual pues la música militar nunca me supo levantar… todos, todos me miran mal salvo los ciegoooooooos es naturaaaaaal…!


3 comentarios:

Marino Baler dijo...

Hay gente 'pa tó'. El abuelo de un conocido le puso a su hijo mayor de nombre Jose Antonio y a su hija Francisca (por si no tenía más vástagos); es fácil adivinar las connotaciones.
Te doy la razón, nada que como quedarse en casa el 12 de Octubre.

Saludos.

Nube dijo...

Vaya, así que todos te miran mal, Santander es una ciudad muy clasista, aunque he de reconocer que me encanta, sobre todo en verano, la playa es mi pasión; debe de ser similar a la ciudad en la que vivo, Burgos, que como tantas veces observo la actitud de las personas(el otro día voy a tomar una caña a un bar, debe ser que no tengo tanto "caché", mientras estaba viendo poner la cerveza en una copa maravillosa de cristal fino que a mí me encanta a la cúspide, pedí una igual, me dijeron qué ahí no la servían, dije, ¿cómo? mi cara debió dar lugar a servirla). En fin, no avanzamos, pero, yo el día nacional salgo con mis principios con la cabeza bien alta. Eres genial Luis, además, no hace falta más que leerte para saber que llegas muy lejos, y eso, no gusta... ¿verdad?. Algunos te miramos con muy buenos ojos, no lo pongas en duda. Un saludo.

Luis Lópec dijo...

Marino, jajajajaja, estamos de acuerdo.

Nube, te invitaré a una copita especial en mi casa familiar cuando vayas por Cantabria ¿quieres? Besito, linda.