lunes, 13 de enero de 2014

PARIS EN EL PENSAMIENTO

Foto: Luis López

Leo una carta insustancial, al menos para mi,  que escribió en 1983 Julio Cortázar a un amigo español que viajaba  a aquel, por entonces, mítico, luminoso y lejano París. Ese amigo que visitaba frecuentemente la Rue Martel, ese edificio que hoy menciona que allí vivió Cortázar, posteriormente escribiría “Tiempo de viajes y rayuelas” y se llama José Alías. Lo he leído en un blog de Jesús Machamalo, escritor y periodista que tengo agregado en Facebook en calidad de amigo. Es curioso que en una sociedad absorbida por esas redes difundidas por Internet no exista todavía una de enemigos, estaría bien saber quienes son los enemigos de tus amigos y los tuyos propios, y que de vez en cuando la propia red te recordara posibles enemigos a añadir.
Tal vez todo esto que he escrito sea tan insustancial, o más, que la carta de Alías a Córtazar, pero aderezado con The James Hunter Six, el “soulman” blanco que ha publicado “Minute by Minute”, que ahora escucho, han vuelto  a encauzarme en la escritura, una humilde escritura que hacía meses tenia abandonada y ahora, de repente, regresa para intentar expresar sentimientos, relajarme y, sobre todo, me sirva como terapia para adentrarme en mi interior y conocerme mejor.
En una investigación se pidió a un grupo de personas que escribieran durante tres días sobre sus problemas emocionales. Al comenzar a escribir se sentían peor pero a medida que iban haciéndolo notaban que se beneficiaban del ejercicio de la escritura. Pasados los tres días, los investigadores comprobaron que se sentían mucho mejor y su rendimiento diario había mejorado.  Reprimir las emociones negativas produce un estrés que afecta a la salud, tanto emocional como físicamente y escribir, lo sé por experiencia, es terapéutico y relajante.

He pasado días raros y angustiosos, motivados por una cadena de acontecimientos laborales (cada vez vamos perdiendo más derechos) que finalizaron con una lesión de brazo de la que me voy recuperando. La lesión me permite escribir y ayer mismo ya tuve ganas de leer. Con esas pequeñas cosas conseguidas ahora soy más optimista, deseando que la vida siga su curso de la manera más tranquila posible. Mientras tanto, sigo escuchando esa vitalidad que produce James Hunter. Escritura, lectura y música para una jornada triste de invierno con París en el pensamiento.

3 comentarios:

Marino Baler dijo...

Mejora ese brazo y no te abatas por la situación.

Saludos.

Nube dijo...

Supongo que siempre tengo algo que decir, pero, en esta ocasión con mayor motivo, con o sin sentido, me he puesto a llorar, y es que la presión y la angustia que genera la insensatez y la maldad es dura, y, hay que saberla llevar, lo que la vida me va enseñando es que, no podemos dejar que el enemigo nos quite la sonrisa, porque si eres rico de espíritu nunca piensas en tener enemigos sino en ganar amigos, nunca pierdas el rumbo hacia el que va dirigido el timón de tu vida, y sobre todo no permitas jamás que te quiten la ilusión de vivir, aprender y, escribir unos artículos tan humildes como sabios y ricos.
Te dejo con Cortázar, París y James Hunter una mezcla explosiva (tomo nota), y, si algún día necesitas expresar en palabras tu furia no dudes en vestirla de fiesta para convertirla desde el corazón en un mundo de sueños entre todos juntos. TODO MI ÁNIMO. SIGUE NAVEGANDO EN LA ILUSIÓN CON UN HORIZONTE FIRME, RISUEÑO Y REAL. UN SUPER ABRAZO.

Luis Lópec dijo...

No llores, nubecita!!!!!!
Gracias, Marino, me encuentro mucho mejor.