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DORIAN WOOD EN SALA BERLÍN

Foto: Pedro Anguila.

He leído en algún lugar que Dorian es un diamante perfecto.  Escuchando ahora “Pearline” y habiéndolo conocido en persona he de decir que estoy de acuerdo. Gay declarado (en su concierto en Zamora, concretamente en la Sala Berlín, vestía una camiseta negra con la palabra “maricón” en blanco), comprometido con las injusticias contra las mujeres y a cualquier ser humano, americano de raíces costarricenses y nicaragüenses, con una voz especial y carismática, sólida formación clásica y, ciertamente, exclusivo.
En el concierto pensé que iba a presentar su disco “Rattle, Rattle” -financiado en parte a través de crowdfunding- que le ha llevado 4 largos años crearlo. Él dice que lo compuso “como una experiencia total, para escucharlo bajo la influencia de hongos psicodélicos en un bosque cubierto de alacranes”. Sin embargo, tuvo más protagonismo, en el concierto, su nuevo EP “Down, the dirty roof”, que a mí, personalmente, me gusta mucha menos.
Cuando se le pregunta si le gustan los juegos de contrastes, al pasar su música de la experimentación y las disonancias a buscar armonías y melodías, él contesta que todo le sale como le sale.
 El concierto, que duró una hora y veinte minutos, estuvo repleto de esos contrastes musicales. Se mostró simpático e irónico con una sociedad en la que la agresividad, los malos modos, lo oscuro, el rechazo, los días malos, son la tónica general. “Hay veces que quiero dar puñetazos al mundo entero para que todos suframos por igual y nos quedemos calladitos en nuestro sufrimiento colectivo”. Le dio tiempo a hablar de su padre, de su abuelo (pianista), de lo dura que es la vida para un homosexual… y, sobre todo, cantó (con esa voz que recuerda a Antony, evidenciando influencias de góspel o blues y compositores como Tom Waits o Nick Cave) y actúo.  De eso sabe mucho. Durante la presentación de una opera en Estocolmo, salió desnudo cantando el tema principal. La sala estaba llena, todos bebiendo champán y celebrando la inauguración del festival (Fringe Fest). Cuando salió a escena contorneándose, también salieron los teléfonos móviles de todos los espectadores. Hubo risas, susurros sarcásticos y un blog que publicó la crítica del concierto, al día siguiente, hablando de un “mexicano” que había salido a cantar desnudo y no tenía pene. Wood se defendió “obvio, hacia frío esa noche y se me había escondido, el pobre. El propósito de mi presentación era mostrar que existe una forma de desnudez que no es sexy, sino aterradora”… Por suerte, en Zamora, sólo cantó, danzó e interpretó.
La sala llena ovacionó a Dorian Wood al finalizar cada tema interpretado. Emocionado, se despidió de la gira española que le ha llevado por varias ciudades de la península. Espero y deseo que vuelva pronto… y si es a Sala Berlín, mejor que mejor.

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