jueves, 8 de enero de 2026

GIJÓN





He estado cuatro días en Gijón y, a pesar del frío y de la tensión para viajar a la meseta por motivo de la intensa nieve por la autopista de la Ruta de la Plata, desde Pola de Lena hasta la provincia de León, han sido muy fructíferos. 

He visitado Gijón más de una veintena de veces, pero una ciudad nunca se acaba de conocer a fondo. Esta vez decidimos hacer un Free Tour, ya que nunca lo habíamos realizado en Gijón. Quedamos el día anterior a la festividad de los Reyes Magos en las “letronas” de Gijón, en el puerto deportivo. La muchedumbre estaba agolpada en esa zona al paso de la comitiva real y era un despropósito desplazarse por allí, sin embargo Marina, la guía, nos envío por WhatsApp el lugar exacto de donde se encontraba. El grupo los componíamos diez personas y un perro. Mi acompañante y yo llegamos los primeros, luego una pareja de chicas y, finalmente, otras cuatro personas con el perro, los otros dos no aparecieron. Salimos con casi 15 minutos de retraso por esos problemas de coyuntura. Estuvimos en la estatua de Pelayo (Plaza del Marqués), el  Palacio de Revillagigedo y luego en Cimadevilla (Cimavilla para los gijoneses). Cimavilla es el barrio más castizo de la ciudad más poblada de Asturias (un pueblo dentro de la ciudad). Tiene una fortificación romana que dio origen a la localidad. Era el barrio pesquero, el de las clases más desfavorecidas y el puerto se situaba donde ahora está el puerto deportivo. Allí estaban las putas, los cabarés, los restaurantes de pescado, las sidrerías (todavía quedan varias). Tienen su gentilicio particular “los playos” y todavía cuando salen del barrio para hacer gestiones dicen “voy a Gijón”. 


Sus plazas están llenas de sidrerías,  algunas históricas como "El Veleru" o "El Centenario". Otra es “El Lavaderu”, que se encuentra en la misma plaza (Periodista Arturo Arias, aunque se la conoce por la plaza del lavaderu), allí vivía Alberto Rambal (habla de él en otra entrada anterior). Hay una escultura de Rambal frente a su antigua casa, que fue incendiada tras asesinarlo. 

Tras visitar la tumba de Jovellanos, cuyos restos descansan en la Iglesia de Los Remedios, y su casa natal con vistas a la playa de San Lorenzo, ascendimos hasta lo más alto del peñón rocoso en forma de península redondeada, con vistas a las dos bahías: Poniente y San Lorenzo. Allí, una vez más, fotografiamos el "Elogio del Horizonte”,  la icónica escultura monumental del artista  Eduardo Chillida, ubicada en el Cerro de Santa Catalina. Tiene 10 metros de altura con vistas al Cantábrico. Está construida de hormigón y cuando uno se sitúa debajo se escucha la resonancia y reverberación del sonido del mar.

Comimos en bares emblemáticos como “La Galana” (lugar imperdible en Gijón) y “La Farola”. En “La Galana” comí una verdinas con pulpo exquisitas y en “La Farola” unas fabes con almejas insuperables. Por cierto compré verdinas (a 21 euros el kilo, nada menos), sidra y quesines. En quesos, Asturias es, seguramente, la región que tiene más variedad. Yo compré Rey Silo, Pitu, Gamoneú y una tabla variada de Vidiago, La Peral y ahumado.


Gracias a Marina, la guía, otro día visitamos la iglesia de San Pedro para ver la Capilla del Santísimo Sacramento “Panis Vitae”. Como comenté en la entrada anterior,  la girola que rodea el ábside del templo está decorada  con mosaicos diseñados por Marko Ivan Rupnik y su equipo artístico como parte de una obra de arte contemporáneo sacro que se inauguró en junio de 2012.  


Incluso tuvimos el privilegio de que un día saliera el sol para aprovechar a sentarnos en, para mí, la terraza con mejores vistas de Gijón, el “Café San Pedro”. Su único problema es que los pinchos tienes que taparlos constantemente y comer con precaución, ya que las gaviotas suelen llevarse la comida con una facilidad pasmosa.


Cuando salimos, desde "El Molinón",  caía agua nieve y nos esperaba bastante nieve en la autopista de la Ruta de la Plata. Conducí con extremada precaución y no hubo, por suerte, ninguna incidencia. Acabo de regresar y ya tengo ganas de volver a Asturias, me encuentro allí como si fuera la continuación de mi tierra, Cantabria.

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