Los vencejos (Apus apus) son aves extraordinarias adaptadas a la vida en el aire, capaces de estar hasta 10 meses sin tocar el suelo. Pasan su vida entera volando: comen, beben, duermen e incluso se aparean en pleno vuelo. Al tener patas extremadamente cortas y débiles, nunca se posan en el suelo o cables, ya que no pueden alzar el vuelo desde ahí; solo se aferran a paredes verticales para criar.
Desde primeros de mayo estuvieron construyendo sus nidos, un ir y venir durante los amaneceres y los atardeceres. Me conquistó uno de ellos durmiendo fuera del nido, sujeto a la pared del edificio con sus cortitas patas, absolutamente todas las noches. Para dormir, mientras incuban se sujetan de forma vertical a la pared. Tienen unas patas extremadamente cortas con cuatro dedos provistos de uñas fuertes y afiladas orientadas hacia adelante. Esto les funciona como auténticos ganchos de escalada para aferrarse a la pared.
Durante algunos días aparecieron pequeños huevos rotos en la plataforma del edificio, supongo que por haber nacido los polluelos. Según he leído en julio abandonan el nido. (El vencejo común manifiesta una elevada fidelidad a su pareja y suele regresar cada año al mismo nido. La puesta habitual es de dos o tres huevos, de color blanco, aunque puede oscilar entre uno y cuatro. Ambos sexos incuban 20 días y alimentan a los pollos unas 10 veces cada jornada hasta que estos vuelan, a la edad de 40-45 días).

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