sábado, 24 de septiembre de 2011

ME HE PERDIDO

Me he perdido ¿Es bueno?  No sé. Qué más da. El caso es desconectar de tantos días cargado de responsabilidades. Creo que lo estoy logrando. Escribo ahora  con la necesidad de hacerlo, bajo la luminiscencia de una luna casi llena;  tenues lucecitas de varias velas; algunos mosquitos al acecho y un margarita helado, recién  elaborado,  con el mimo necesario para que resulte agradable. Es domingo, me ha costado asumirlo en la perdida habitual de los días organizados debidamente. Compré churros, tras una dura espera de minutos vacíos y una calidez desmesurada en jornadas previas a ese  otoño  relativo del levante mediterráneo.  Compré, además, El País. No quiero perderme los destellos intensos de Vicent en ese mar proceloso que tan bien describe, de juegos, atardeceres y tiempos pasados atracados en el presente traspasado.  Leí, con el murmullo musical del mar;  la intensidad de la luz de septiembre;, la fiesta surrealista; los calores húmedos;  chocolate denso y churro sumergido, a Vicent, que evocaba a Otis Redding en su, ya siempre  clásico “Sentado en el muelle de la bahía”. La letra maravillosamente    “abandonada” que me recordó mi estado actual. “Sentado en el muelle de la bahía, al sol de la mañana (o la luna de la noche), desperdiciando el tiempo, veo entrar y salir los barcos”.

Ahora simplemente estoy y la soledad nunca me dejará solo”. No tengo oportunidad de escuchar ahora ese tema maravilloso, pero puedo tararearlo. Siempre Vicent. Siempre el Mediterráneo. Siempre la tierra mágica de Castellón en sus escritos. 
¿Saben una cosa? Un día,  nada más llegar a esta tierra, inventé una historia a través de una dama que conocí en los movimientos imprecisos del espionaje vecinal. Pues bien, mi dama novelesca, hecha realidad hoy,  se ha despedido de mi, nunca hubiera imaginado, ni en el mejor de los casos, que la protagonista de mi novela se despidiera de mi solicitándome, además, un beso.  Lo apuré degustándolo fetichistamente y después abandonó  el espacio real  de lo irreconciliable.

En mi novela inacabada, ese beso, obviamente más desconcertante, se producía a espaldas de su marido, tan cercano ahora,  en un puerto deportivo de Nueva York. No puedo evitarlo pero  esa escena “real” de algo lejanamente imaginario me decepcionó.

Los putos mosquitos me martirizan, no puedo seguir escribiendo. Contemplaré el inmenso mar clareado por una hermosa luna de septiembre. Anoche soñé con mosquitos, espero que ésta noche, avanzada ya, pueda hacerlo, al menos, con la protagonista de mi novela inacaba.
  

Parece que todo va a cambiar, pero todo continúa igual. No puedo hacer lo que la gente quiere que haga. 

Me he perdido ¿Es bueno?

3 comentarios:

Campurriana dijo...

Es normal, lógico...

Luis Lópec dijo...

Creo que sí, paisanuca. Gracias por tu ¿acertado? comentario.

Campurriana dijo...

Gracias a ti, Luis.