sábado, 19 de mayo de 2012

M, V y yo


M. vive en París, en el arrondissement (distrito) 17, cerca de los Campos Elíseos.  Es ingeniero y trabaja por su cuenta. Tiene un negocio  que asesora  a empresarios extranjeros que quieren comprar terrenos, pisos, fabricas… en Francia. Habla a la perfección cuatro idiomas: francés, castellano, alemán e inglés. Es elegante vistiendo y tiene  aspecto de galán italiano. Anoche, estuvimos juntos unas horas hablando de su país, tan querido para mi, y de todo lo que está pasando en España. Tomamos  buen vino, un Dinastía Vivanco, Rioja baja, exquisito. Conversamos sobre los buenos vinos (su favorito español es el Pesquera y la denominación Borgoña en lo referente a su país de origen) y sobre una tienda espectacular de vino en París que ambos conocemos. Degustamos la sabrosa cena fría que habían preparado en Mandarina, con motivo de su octavo aniversario, y luego bebimos un cava muy elegante.
V. vive en Lugano, cerca de la frontera Suiza con Italia. Tiene un cargo de responsabilidad en un afamado banco. Habla a la perfección cuatro idiomas: italiano, español, francés e inglés. Llevaba un vestido largo de noche. Algunos familiares y amigos, cuando acabó la cena, fuimos invitados por ella, a una zona más apartada, para tomar unas botellas de cava. Faltaban cinco minutos para que fuese su cumpleaños. Ha venido a España para celebrarlo con su padres, jubilados que pasan varios meses al año en Peñíscola, con su hermana y su cuñado.
Después de servirnos, estuvo todo el tiempo mirando  su iPhone. Cuando dieron las doce todo el mundo estaba despistado menos yo que seguía atento sus movimientos. Me acerqué y le di un beso, diciéndole: “siento ser yo el primero que te felicita”. Sonrió con complicidad. Luego se acercaron sus familiares y le cantaron el Happy Birthday.
M. al irse de la terraza donde se celebraba la fiesta me dijo que le llamara cuando fuera a París para comer juntos. Se queda unos días en una urbanización a unos kilómetros de Peñíscola pero va a estar muy liado ayudando a su padre reparando alguna cosa de su finca. A V. la veré hoy y mañana. Cuando me fui, hacía las dos, estaba bailando con la mente puesta en otro lugar.

 Ambos son de la misma generación, tienen 44 y 40 años, respectivamente. Viven lejos de España pero son unos enamorados de nuestro país. Están muy preparados como lo están muchos de nuestros jóvenes que, sin embargo, no tienen oportunidades. España ya no es lo que era, se está quedando fuera en la carrera por el empleo. Nuestros jóvenes, muchos de ellos tan   preparados como V. y M. si quieren labrarse un futuro tienen que marcharse. Anoche estuve mucho tiempo dando vueltas al tema y hoy me he levantado con esa sensación de malestar que produce ser objetivo en éste país que se está cayendo. El problema no es que se caiga, es que no sabemos cuando se levantará. Una vez más me siento indignado y nadie parece hacer nada.

1 comentario:

julia orozco dijo...

Hola querido y admirado amigo, siento tristeza al leer lo que escribes pero es una tristeza cierta.Los jóvenes no ven un futuro y los no tan jovenes dicen que para que van a estudiar.Esta generación de la mas preparada es la que peor tiene el futuro.Espero de corazón que todos y cada uno de ellos tengan la posibilidad de conseguir un trabajo que les permita una vida digna.Besos inmensos de luz.