viernes, 27 de septiembre de 2013

PRIMERA IMPRESIÓN DE VENECIA


FOTO: LUIS LÓPEZ

Por muchas fotos y documentales que se vean nunca podremos hacernos una idea de cómo es Venecia. Cuando vas atravesando el puente de la Libertad tienes una necesidad imperiosa de estar dentro de ese conjunto de islas, unidas por puentes, para saber realmente cómo está construida. Lo primero que te llama la atención, a la diestra, son esos trasatlánticos gigantescos que sobresalen entre los edificios. Una vez que el autobús te deja en Piazzale Roma aparece el puente de la Constitución, construido por Calatrava y que tanta polémica causó entre los venecianos, y justo debajo de él, descubres, nada escondido, el  Gran Canal en todo su esplendor, transitado por innumerables embarcaciones  y que te atrapa por la belleza de palacios y edificios a ambos márgenes, “la calle más hermosa del mundo”. En ese momento te das cuenta que  estás en Venecia y que, por fin, comienza la aventura de descubrirla, la sencillez de la vida lenta.

                      

Venecia te atrapa desde el principio, no es de esas ciudades que crean polémica en cuanto a su belleza. No he conocido,  ni creo que conoceré nunca, nada similar. Venecia tiene alma, tiene ese encanto que solo una mujer puede tener, Venecia es una mujer en esencia que con la madurez se vuelve más atractiva, más poderosa, más inimaginable, inalcanzable, tal vez.

Tomas el vaporetto y recorres el Gran Canal… y cuesta creer que no estás viendo uno de esos documentales de notable fotografía… sigues atrapado justo en el corazón de la ciudad siguiendo el curso del antiguo lecho de un río y escuchas por la megafonía palabras nuevas que con el paso de los días se van haciendo familiares: Ferrovia, Riva di Biasio, S. Marcuola, San Stae, Ca`d`Oro, Rialto, S. Silvestro, Sant`Angelo, San Tomá, Ca`Rezzonico, Academia, S. Maria del Giglio, Vallaresso, Salute y, por fin, San Marco. En ese primer viaje no te detienes en nada concreto sino que ves algo genérico que no es  otra cosa que los colores de Venecia, su sensualidad y una variedad de sensaciones diversas y personales. Colores cálidos: ocres, cremas, terracotas, granates… luminosos y serenos. Y toda esa belleza, a derecha e izquierda, desemboca en la fermata de San Marco. Paseas junto al hotel Danieli, ves atracadas numerosas góndolas con los gondoleros, verdaderos símbolos de Venecia, ataviados con sus camisetas de rayas, descansando. Te das cuenta entonces, mirando a tu alrededor, que Venecia parece congelada en el tiempo y compruebas que la laguna está siempre omnipresente formando un mosaico de innumerables islas, casi todas pobladas, salvo las más pequeñitas. Cuando llegas a la plaza, la música clásica, procedente de la terraza del café Florian, te hace pensar que grandes genios como Stravinsky, Wagner, Mahler… influenciaron desde Venecia el aspecto más  innovador de la música culta.

Ahora sólo quieres dejar los sentidos al descubierto y no pensar en nada que anule esa sensación que percibes en Venecia. Vista, oído, olfato, gusto y… tacto  inspirados al cien por cien. Decía William Borroughs que el secreto es permanecer, precisamente es lo que  tiene que hacer Venecia, permanecer lo más posible en el tiempo.