miércoles, 25 de septiembre de 2013

SESTIERE DE DORSADURO

                                                              FOTO: LUIS LÓPEZ

La última mañana en Venecia madrugué. A las siete ya estaba acomodado en la parte trasera del vaporetto apuntando con mi cámara  al amanecer, justo encima del Gran Canal. Desde  la fermata de Tronchetto disparé hacia el puente que parece la raspa de un gigantesco pescado. En Zattere, cerca de la estación marítima de Dorsoduro, me deleité con un gran velero atracado entre San Basilio y el ponte Lungo, luego decidí perderme por el intrincado de calles y puentes intentando seguir la ruta hasta Piazzale Roma. Llegué al corazón de la zona oeste del sestiere de Dorsaduro, donde los pescadores venden bogavantes y anguilas vivas en pleno Campo de Santa Margherita (en Venecia, las plazas, a excepción de San Marcos, se denominan “campos”) instalando sus puestos en plena calle, también fruta desde un barco atracado en el canal… Los comerciantes del “campo” limpiaban la plaza de restos nocturnos de botellas, copas, vasos de plástico, que indicaban que la “movida” se había instalado en la noche veneciana ¿se hará litrona en Santa Margherita? Los bares del sestiere estaban atestados de clientela tomando café y escuchaba desde el exterior cánticos a voz en grito. Me parecía estar en una de esas películas magistrales de Fellini. Seguía el rastro de las panaderías con los panes recién horneados, los más populares de la ciudad, mientras cientos de estudiantes de primaria caminaban frente a mi, todos impecablemente vestidos, para dirigirse al colegio. Minutos más tarde esos escolares cambiaban de edad para convertirse en estudiantes de secundaria. Se diferencian de los nuestros por tener menos sobrepeso. Desde el otro lado del río San Trovaso pude observan la construcción de las góndolas. Anteriormente, en un reportaje de   televisión pude ver cómo se construían, de esos talleres  tan sólo salen seis o siete al año.  En los últimos puentes, ya cerca de mi hotel, pensé lo poco que quedaba por disfrutar y recapitulé sobre lo acontecido en esos seis intensos días por el Véneto. Sin duda, mi primera impresión sobre Italia había culminado con un notable alto. A pesar de todo lo que supone la invasión turística, los italianos habían pasado con nota alta, digno de una nación tan maravillosa, intensa, histórica, fundamental, culta, musical y tantas cosas más como es Italia. Gracias por hacerme la vida tan fácil allí. Ya estoy deseando volver.