viernes, 17 de diciembre de 2010

HENDRIK RÖVER EN LA CARRETERA. "No temáis por mí"


Minutos antes de comenzar el concierto, charlando en la barra con Hendrik y
su guitarrista acompañante Juan, repasando el ambiente del local, no podía
menos que recordar esas películas norteamericanas en las que un cantante de
country va recorriendo distintas salas de los estados de Kentucky o Texas,
con un publico que, posiblemente, sea el menos apetecible para mostrarles el
repertorio musical elegido.

Pasadas las once de la noche, el encargado de vender las entradas se dirigió
a nosotros e informó a Hendrik que podía empezar cuando quisiera. En la
calle la temperatura era de cinco grados bajo cero. En el interior no
llegábamos a 20 las personas congregadas. Con ese panorama, un cantante lo
tiene muy difícil para ofrecer su mejor faceta. No obstante, Hendrik, gran
contador de historias, defensor de lo ecológico y un poco pesimista, fue
desmenuzando casi todo su nuevo disco “No temáis por mí”, 12 canciones con
gusto a rock de carretera y con un aire puramente folkie. El título de su
nuevo disco, el segundo en solitario, fue premonitorio de lo que vendría
después. Hendrik Röver, líder de la banda de culto “Los Deltonos”, fue
interpretando historias de perdedores, por lo visto nada autobiográficas, en
un acústico con formato de cantautor, introduciendo entre medias, versiones
de Grateful Dead, Steve Earle, Doc Watson o J. Jones. Había leído en alguna
entrevista a Röver que solía escuchar a Los Dillards, Charlie Rich, Chris
Night, Slaid Cleaves
e incluso a Kris Kristofferson y esas influencias se dejaron notar en su concierto. También conocía que al principio de cantar
en solitario miraba una y otra vez a su alrededor buscando a los miembros de
su grupo. Me lo recordó cuando echaba miradas asesinas, primero a una pareja
sentada en la barra que no hacía más que vocear y hablar a gritos por su
móvil, y luego, a medida que iba interpretando sus temas, a un par de tipos
que conversaban ladrando (no es mi intención, ni mucho menos, insultar a los
perros). Ambas situaciones eran tremendamente molestas, no sólo para él sino
para el escaso público que nos habíamos acercado a la Sala Avalon para
contemplar a uno de los más grandes rockeros nacionales, todo un lujo a
nuestro alcance. Incluso en una ocasión, Hendrik tuvo que dejar de cantar
para soltar: “vaya momento para poner a moler el café” (ya saben ustedes el
molesto ruido que producen las cafeteras en esa situación). Lo mismo que
Hendrik, tengo la seguridad que no volveré a ese antro soriano. Los molestos
camareros y algunos clientes demostraron una falta de educación, una
ignorancia y una incorrección hacía ese profesional que daba lo mejor de sí
mismo realizando a la perfección su trabajo. Pero 24 años en el escenario
dan las suficientes tablas y arrestos como para capear, justo al lado de la
plaza de toros, las más adversas situaciones. Hendrik, con un pundonor
impresionante, agradeció nuestra presencia con 4 temas de regalo. Al
finalizar, los que disfrutamos del concierto, a pesar de la desfavorable
situación, agradecimos su buen hacer adquiriendo el nuevo disco doble.
Hendrik, que tardó 24 años en venir a Soria, no creo que tenga ganas de
regresar en otros tantos.

El día 28, en Liérganes, será otra cosa. Espero estar presente en la
tierruca. Mientras tanto, suerte esta noche en tu concierto de Jaén y en tu
gira subvencionada por el Ministerio de Cultura en “Girando por Salas". Gracias por
todo, amigo. Fue un placer saludarte y escucharte.

EL SAMBENITO


De todos es sabido que hablar del tiempo es una salida fácil cuando quieres intercambiar alguna palabra con alguien de manera superficial. El otro día recurrí a ello en los pasillos exteriores de mi lugar de trabajo. En mi casa tengo una estación meteorológica (un aparatito sencillo) que mide algunos aspectos sobre la temperatura interior y exterior, la humedad, las temperaturas más extremas… y anteayer, poco antes de dirigirme a mi trabajo, comprobé que en la calle hacía algo menos de siete grados bajo cero. Como mi coche por suerte duerme bajo techo no tuvo tiempo en los dos kilómetros justos que separan mi casa de mi lugar de trabajo de ajustar la temperatura al llegar, así que, aprovechando que una compañera me adelantaba apresurada por el pasillo comentado anteriormente, le pregunté si conocía la temperatura del momento. Girando la cabeza hacía donde yo estaba me contestó: -No lo sé, ese tema lo lleva mi marido. Me quedé perplejo con la inesperada respuesta y después de unos segundos no pude menos que reírme, algo que duró cerca de diez o doce minutos. Sabía que a los hombres nos cuelgan el sambenito de apoderarnos del mando de la tele, de llevar el papeleo financiero, de cambiar las bombillas, pero lo de controlar e informar de la temperatura nunca lo había oído. Conté la anécdota a varias compañeras durante la jornada laboral y absolutamente todas se carcajearon con tantas ganas que disfruté de lo lindo. A veces hablar del tiempo además de un recurso fácil puede animarte el día.

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El sambenito es una prenda utilizada originalmente por los penitentes católicos para mostrar público arrepentimiento por sus pecados, y más adelante por la Inquisición para humillar a los condenados por delitos religiosos.

En origen se trataba un saco de lana bendecido por el cura, de donde viene el nombre de saco bendito que da lugar a sambenito por asimilación fonética con San Benito. El sambenito usado por la Inquisición era una especie de gran escapulario con forma de poncho. Estaba hecho con una tela rectangular con un agujero para pasar la cabeza, que una vez puesta le llegaba al condenado hasta poco más abajo de la cintura por el frente y por la espalda, dejando los hombros al descubierto. El sambenito solía llevar motivos que aludían a la condena: una cruz de San Andrés en el caso de los delitos leves, demonios y llamas en los delitos más graves que se castigaban con la muerte en la hoguera. Muchas veces llevaban escrito el nombre del condenado, como en el caso de los famosos sambenitos de la iglesia de Santo Domingo de Palma de Mallorca, que originaron el asunto de los chuetas (personas marginadas por ser familiares de los condenados). Los reos eran paseados por la ciudad descalzos, vistiendo el sambenito y con un gran cirio encendido en la mano. El sambenito a menudo era expuesto públicamente tras la ejecución de la sentencia para que sirviera de memoria y ejemplo.

En la actualidad se utilizan expresiones como "llevar un sambenito", "te cuelgan un sambenito" o "cargar a alguien un sambenito" con el significado de cargar con una culpa inmerecida o perder la reputación y ser despreciado por algún oprobio.

Tomado de Wikipedia.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

HENDRIK RöVER



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El músico cántabro Hendrik Röver, parte fundamental de Los Deltonos, actuará esta noche a partir de las 22,30 horas, en la Sala Avalon de Soria dentro de una intensa gira de presentación de su nuevo álbum No temáis por mí.

En esta nueva entrega, que salió a la venta el pasado mes de octubre, Hendrik vuelve a utilizar con apabullante seguridad una amplia variedad de sonoridades de raíces norteamericanas acústicas y eléctricas.

Allí estaremos.

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HOTEL OVERLOOK


Acababa de hablar por teléfono con el hotel de la foto (tomada de su web en ese momento). Me recordó a las imagenes de "El Resplandor", basada en la novela homónima de Stephen King y considerada la película maldita de Stanley Kubrick.Además de la tensión sobrehumana a la que sometió a todos los actores y el incendio del set de decorados del hotel Overlook -que pospuso el rodaje varias semanas-, se unió a esta serie de infortunios una reducción del metraje de la versión europea, impuesta por el propio Kubrick tras comprobar el fracaso comercial que estaba sufriendo en Estados Unidos, y un pésimo doblaje en España que el tiempo ha hecho famoso.
¿Dónde estará la habitación 237 del hotel de la foto? Nevaba intensamente en el momento de la conversación, la temperatura era de -17º y recordé aquellas imagenes inolvidables de... "Cuando llega el invierno la familia queda aislada del mundo exterior y fantasmas, reales o imaginarios, pronto comienzan a ejercer su maléfica influencia sobre Jack. Las fuerzas malignas del hotel y su propia demencia lo llevan al límite y Jack, inmerso en un espiral psicótico, ataca a su mujer e hijo en una desquiciada persecución. Al final, Wendy y Danny escapan pero Jack muere congelado atrapado dentro de un laberinto cerca del hotel".
La habitación 237 de ese hotel, curiosamente, correspondía a la persona con la que hablaba.

lunes, 13 de diciembre de 2010

RELATO DE UN SUEÑO NOCTURNO INCOMPLETO


Cuando salí al exterior, un sol codificado dañó mis ojos, apartando, intuitivamente, mi vista hacía el suelo. Una vez habituado a la luz recién amanecida, sentí desolación por el inhóspito paisaje que surge de cualquier anárquico polígono industrial, con naves despersonalizadas, basuras, falta de urbanización… Ese panorama se hacía mucho más patente, más exageradamente descuidado, nada más dejar, prácticamente a escasos segundos, una luz tenue, una compañía inigualable, un calor inagotable y unas sensaciones que se filtraban por todos los sentidos. Duro golpe ese cambio tan radical. No obstante, el sol iluminaba, con ese color tan característico del amanecer, una extensión considerable de una especie de basto desierto que destacaba de manera brillante sus formas, haciéndolas, extrañamente, más abordables. Asimismo, al abandonar ese paraíso descrito anteriormente, instintivamente alcé la vista hacía un ventanal en el que divisé, con cierta dificultad, una figura conocida que me saludaba en la, tal vez, última despedida.
Nada más dejar atrás las sucias calles, un paisaje familiar me acompañó durante cientos de metros. Eran plantas de alcachofa que daban otro matiz a ese espectáculo de luces, colores y formas que se divisa tras los parabrisas del coche en marcha. Decenas de kilómetros más allá, también divisé, muy a lo lejos, una cordillera nevada. Ciertamente, podría haber estudiado todas sus altas cimas. Se trató de una visión inesperada y sobrecogedora, de las que te ayudan a mirar hacía adelante sin perder de vista lo que dejas atrás.
Durante el viaje de regreso (casi siempre, después de una ida siempre hay una vuelta) examiné mentalmente la sinfonía inacabada de las relaciones interpersonales; las situaciones psicológicamente angustiosas que provoca la mente y ralentiza o anula tus más vitales deseos; el abandono que no se demuestra en la despedida, sino después; en el tormento que supone disponer situaciones, a veces más reales que las cotidianas y perseverantes, que van a durar escasas horas. Entonces, durante ese análisis rápido pero exhaustivo, vital pero pasajero -aunque teniendo todos los componentes cerebrales y corporales más intensos- todo desaparece. Se evapora, de repente, lo que, curiosamente, tiene más componentes reales que la continuidad de cualquier rutina por muy generalizada que sea.
Bajo un condicionarte anímico importante y grandes dosis de inquietud por aspectos que te juegan malas pasadas, sentí que las cosas importantes, una vez más, son las que calan hondo en el corazón. En ese instante, ya en mi vida habitual (si puede llamarse así), tuve un momento agridulce. Por una parte, algo había empapado todavía más mi pequeño corazón e, inexorablemente, por otra, algo podía estar desmoronándose lejos de ese lugar. Sentí, entonces, tristeza reprimida. Ese abatimiento del que se tarda en salir por muy fuerte que seas. La realidad y el sueño tienen en común que pueden jugarte esas malas pasadas.

viernes, 10 de diciembre de 2010

SOBRE EL TERRENO


La lluvia caía tensamente, según el libro que leía y trata de Vietnam y la guerra de independencia sobre el yugo colonial que supuso Francia. Sin embargo, en ese instante, me encontraba cara al sol (con perdón) desprendido de casi todas mis prendas de vestir. Recordaba que la vida es lo que va pasando mientras nos empeñamos en hacer otras cosas y no hacía más que dejar que pasara sin oponer resistencia alguna. El día anterior me había acercado, dando un largo paseo, al castillo, suponiendo que estaría instalada la exposición con las fotografías finalistas del Concurso Lluís Oms, cuyo jurado ha tenido a bien elegir una fotografía de mi autoría, pero, por lo que me hicieron saber, todavía no se ha inaugurado. Aproveché, ya que me encontraba allí, en lo más alto de la Ciudad en el Mar, para visitar la Taberna “Ánfora” de Molinos y Dani. Por suerte sólo éramos tres parejas en el restaurante, así que me deleité con la seleccionada música de jazz que sonaba. Allí comes lo que han pescado el día anterior. En esta ocasión “galeras ahogadas” (la galera siempre ha sido conocida en la zona como el langostino de los pobres), patatas con pulpo (lo bordan) y un caldo con patatas, pescado y marisco. Mientras esperas a que te sirvan puedes curiosear todos los motivos marinos, en su mayoría antigüedades, que adornan las paredes. Escrutándolo, observé una foto de Molinos con el artista “del terreno” Ripollés . Molinos me contó algunas anécdotas y curiosidades sobre tan peculiar artista que no desvelaré para preservar la intimidad de ambas personas. Después del café nos obsequiaron con unas rosquillas caseras y un porroncito de una especie de mistela, muy bien aderezada, con un regusto (o retrogusto) a anís. Con el bandullo lleno y una temperatura muy alta para diciembre, pasaba de veinte grados, y viento sur di un paseo muy gratificante durante los tres kilómetros que separan el Castillo, y su fortaleza, de mi hogar. Luego, reposando en el sofá, con la tele encendida, aluciné con la programación que nos meten en vena, o mejor dicho en el cerebro, los responsables de unas televisiones sin escrúpulos. En una de ellas, un concursante que se desplazaba deprisa y corriendo por algún país asiático (del tipo al del libro que comentaba al principio), tras una juerga nocturna, se encontraba con resaca, algo que según él era una invento de la izquierda ¿?. En otro programa para “tiempos de crisis”, de esos en que los ricos hacen ostentación de su poderío, presumiendo de mansiones inimaginables, coches tentadores y mujeres recauchutadas, un tipo al que acompañaba el entrevistador, se dirigió a recoger su coche aparcado en un garaje subterráneo de Madrid. Cuando subieron al LamborgHini de su propiedad confesó que para desplazarse por la ciudad en vez de utilizar alguno de sus dos Ferraris prefería hacerlo con el Lamborghini ya que pasa más desapercibido ¿? Por supuesto, después de aguantar tanta majadería, apagué la tele y contemplé algo mucho más bello y menos ingenuo: el mar… y el tiempo siguió pasando empeñado en contemplar una vista dotada de tanta belleza y tranquilidad.

viernes, 3 de diciembre de 2010

EMILY JANE WHITE







La cantante californiana presentará en nuestro país su próximo álbum, Ode To Sentience (Talitres). El álbum fue grabado en San Francisco junto a Ross Harris, y en él participan muchos de los músicos de su anterior trabajo Victorian America, bien recibido en general por la crítica: James Finch Jr (bajo), Carey Lamprecht (violin), Henry Nagle (pedal steel / guitarra eléctrica), Jen Grady (chelo / voces), Ross Harris (batería). En este enlace puedes descargar The law.

Su gira española incluirá SANTANDER (Sábado 4. Festival CUVA) y ZAMORA (Domingo, 5. Festival "Zamora Suena". Museo Etnográfico. 20,30 horas. Entradas: Sala Berlín)

MUSEO FARO SANTANDER

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