lunes, 5 de enero de 2009



NOCHE DE REYES


Escribo estas letras horas antes de la tan deseada, para los más pequeños, noche de Reyes, llena de ilusiones. El sol permanece en lo alto después de unos días de lluvias intensas. Lo tomo, casi desnudo, en mi privilegiada terraza peñiscolana, tan bien orientada al sur. De fondo, el arrullo de las olas de la playa norte y, a volumen muy bajo para no distraer mi atención del soniquete del mar, la voz melodiosa del gran Chet Baker . A mi lado, descansando sobre el suelo, el nuevo libro del castellonense universal Manuel Vicent.

Manuel Vicent es para mi, junto a Javier Marías y José Ángel Barrueco, entre otros, uno de los mejores –por no decir el mejor- columnista que conozco. Los domingos, cuando compro “El País” lo primero que hago es empaparme del buen estilo de Vicent en su columna semanal de la contraportada del diario madrileño. Su última aportación se titula “El tiempo” y trata, justamente, de su paso. Comienza diciendo que “el tiempo no existe. El tiempo sólo son las cosas que te pasan, por eso pasan tan deprisa cuando a uno ya no le pasa nada”. Luego habla de los cambios de luz dependiendo de las estaciones y lo rápido que pasa el año. Compara en todo ese largo proceso, que es la vida, la diferencia de perspectiva ante esas permutas dependiendo de la edad. Cuando uno es viejo, o más bien se siente viejo, todo es monotonía, todo resbala a gran velocidad sin que deje posos. Sin embargo, en la infancia, en la adolescencia, en la juventud, los veranos y los inviernos son largos. Todos los días hay sensaciones nuevas que van contra el tiempo. Nuevas emociones, nuevas expectativas. El gran Vicent finaliza el artículo deseándonos para el nuevo año ”...felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales, y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina…” El autor de “León de ojos verdes” (libro que leo actualmente y que recomiendo a todos los que quieran disfrutar de una lectura agradable y magistralmente escrito, además de ambientado en nuestra provincia castellonense) nos ofrece intenciones algo retorcidas, no cabe la menor duda, pero son recetas para combatir la reiteración, la repetición, la redundancia de nuestros actos. Son fórmulas sabias para desafiar el sentido de nuestra vida. Un sentido que nunca nos someterá a ser viejos. Porque la vejez, ya lo he dicho en este espacio alguna vez, no trata de la edad sino del espíritu, y hay que combatirla con nuevas sensaciones que nunca debemos dejar pasar.
Pero ahora, con vuestro permiso, seguiré disfrutando de este día soleado de enero y del mar azul que me devuelve a mi infancia, cuando junto a los míos esperaba nervioso a que se hiciera de noche para que su magia nos envolviera en sueños maravillosos. Y es que el tiempo existe, Sr. Vicent. Existe en nuestra memoria, en nuestro presente y en un soñado y disfrazado futuro.

5 comentarios:

myself dijo...

Disfruta de esta maravillosa tierra y si tienes tiempo te recomendaría otra visita, donde comienza la obra que estas leyendo, la terraza del Voramar.
Espero que te guste.

Only dijo...

Chapeau. Ni una palabra más.


Bueno, sí, que no puedo evitarlo:
que los deseos para el nuevo año de Vicent me encantan, son la sal de la vida,
aunque los imposibles-inconfensables , los sobresaltos y las alarmas parezcan rompernos el corazón,
son precisamente los que lo hacen latir. Y en eso estamos, digo yo.

Olé, guapo.

Luis López-Cortés dijo...

Gracias por vuestras palabras myself y Only.
Conozco muy bien Benicassim y por supuesto el Voramar.No obstante, gracias por el consejo.

Marino Baler dijo...

Los reyes (aunque sea republicano Xd) te han dejado un regalo en mi blog.

Felicidades.

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Debe de haber otras partes del Mundo...pero, hasta donde yo sé, en España se le da más preponderancia a la Noche de Reyes que a la Navidad. ¿Tomando el Sol casi desnudo...en pleno Invierno?

Da placer toparse con un buen columnista y seguirlo religiosamente de modo periódico. Sobre el tema en cuestión, el tiempo es el mismo pero no tenemos esa sensación toda la vida...quizás exponernos a lo inesperado nos ayude a valorarlo más.

Saludos afectuosos, de corazón.