Hace un tiempo,
Marino Baler, levantino instruido, arquitecto de realidades tangentes, amante de la poesía modernista, defensor de los buenos sentimientos y que siempre tiene algo interesante que contar en su blog cada vez con más adeptos, me nombró
“Trovador del siglo XXI”. Hace escasos días, mi tocayo
Luis Bello Langer, enamorado de su musa, intelectual de clase trabajadora, rebelde con causa, distribuidor de servicios para instaurar la cordura, viajero en potencia, me designó
“Humanista” (con todas sus letras). Y saben, todo eso me queda muy grande, no acabo de digerirlo, me considero mucho más sencillo. Transparente, eso sí; luchador de causas perdidas; comprometido y entusiasta de rebeliones necesarias. Pero “Trovador”, amigo Marino, me queda grande y no sabes cuánto lo siento. Quisiera cantar en occitano, crear excelente literatura, escribir buena poesía de temática amorosa… y, aunque lo intento, no llego a ese pedestal impuesto. Tengo muchas ganas pero demasiadas carencias para considerarme ese
“Trovador” que supones soy.
Por otra parte, ser
“humanista” es una actitud que hace hincapié en la dignidad y el valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las personas son seres racionales que poseen en si mismas capacidad para hallar la verdad y practicar el bien. Amigo y tocayo Luis, sabes que intento ser consecuente con la practica del bien, que en muchos de mis escritos valoro la dignidad y los valores de la persona, aunque, eso de
“humanista” con todas sus letras corresponde a personas que se caracterizan por una inquietud hacía la esperanza, hacía la investigación, hacía la verdad, hacía la tolerancia , hacía la compasión en lugar del egoísmo. Lucho por unos principios, pero no me considero todo lo humanista que quisiera. Tal vez sea demasiado cobarde para adoptar un valor y una actitud tan importantes y necesarias.
No obstante, gracias a ambos. Me siento reconfortado por haber sido reconocido por dos personas por las que siento admiración y con las que siempre estaré en deuda.
Esto de escribir sin pausas, sin mirar atrás, sin corregir nada, es lo que tiene. Así se queda. Gracias, otra vez, mil veces.