miércoles, 29 de septiembre de 2010

HOY EMPIEZA TODO



El pasado sábado, visitando a mi sobrina en su nuevo piso de estudiante, en Salamanca, recordé cuando tenía más o menos su misma edad y salí de casa por primera vez para establecerme en Valladolid, con su mismo propósito: estudiar.

La acompañaban sus padres y acababan de realizar una limpieza a fondo del apartamento recién alquilado. La veía más responsable que otras veces y con cierta incertidumbre. De alguna manera se encontraba “a la espera”. Había ido unos días antes a Salamanca para familiarizarse con su nueva situación. Comenzaba una nueva vida. Posiblemente, como comentábamos su padre y yo, la época más feliz de nuestras vidas.

Los tiempos han cambiado, no sé si para bien o para mal. Antes no éramos tan dependientes de nuestros padres, no disponíamos de tantas facilidades. En mi caso, pude estudiar gracias a una beca con la que pagaba el alquiler de mi vivienda, junto a otros tres compañeros, y un trabajo provisional en el que, básicamente, pasaba a máquina apuntes y me encargaba de la biblioteca. Sin embargo ahora, los padres te llevan cómodamente en su coche a la ciudad en la que estudiarás, te ayudan a limpiar el inmueble e, incluso, te administran televisión, video, ordenador personal y hasta un nuevo colchón. Todo va mejorando con el tiempo.

Lo que imagino no ha cambiado nada son los sentimientos, las emociones, las inquietudes ante unos años en los que se irá olvidando esa dependencia total de los progenitores para depender de uno mismo. Comienza la época de la toma de decisiones que ayudará a ir madurando. Época, por tanto, de revelaciones y esperanzador futuro.

Mis primeros días se caracterizaron por el descubrimiento de una ciudad distinta, tristeza contenida al echar en falta a mis seres queridos y una soledad descomedida que duró más tiempo de lo debido. Los primeros fines de semana eran aburridos y solitarios, caminaba de un lugar a otro sin destino premeditado. Por suerte, con el paso de los meses se afianzaron amistades y el estudio ayudó a olvidar las tristes jornadas de las primeras semanas. Imagino que ahora con Internet todo será más fácil al estar en continuo contacto con tus amistades.

En mi primer regreso a casa retomé la felicidad de reencontrarme con lo que me pertenecía. Sin embargo, sabía que mi destino estaba lejos de allí. Con el paso del tiempo mi predicción se cumplió. Aprendí algo muy importante: mi hogar está dónde yo estoy; mi tierra es la tierra que piso día a día; la felicidad puede estar en cualquier lugar.

Querida sobrina, empiezas una nueva vida, aprovéchala, sólo se vive una vez. Todo lo demás, al igual que ahora me pasa a mí, queda en el recuerdo. No olvides vivir al día y recordar el pasado y de dónde provienes. Sólo así serás tu misma.

3 comentarios:

julia dijo...

Es verdad,Luis,solo recordando de donde venimos podemos ser libres.Mucha suerte tiene tu sobrina al tener un tio como tú.Besos amigo y que el Universo te conceda todos tus sueños.

Patricia dijo...

Me gusta mucho como expresaste esa sensación de inicio y despegue.
Lo mejor para tu sobrina.
Patricia

Luis Lópec dijo...

Julia, gracias de nuevo. Suerte mutua. Besos.
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Gracias por tus deseos. Besos, Patricia.