martes, 21 de septiembre de 2010

LOS DÍAS SE VAN IGUAL QUE EL AGUA DE LAS MANOS


Primer día de trabajo. El despertador suena media hora más temprano de lo normal. Siento fresco deambulando por el apartamento y me encuentro desubicado. Todo ha cambiado excesivamente de un día para otro. Ayer, me asomaba a la terraza a contemplar el mar, prácticamente a esa misma hora, con una única prenda sobre mi cuerpo y hoy, con pijama y todas las ventanas cerradas, tirito de frío. Por arte de magia, o más bien por cuatrocientos kilómetros de distancia, la temperatura ha bajado muchos grados. En todos los sentidos.
Ya en el garaje, tardo más de la cuenta en realizar las maniobras para salir. La falta de costumbre tras casi un mes sin hacerlo. En la calle, la gente va muy abrigada. Afortunadamente he tenido la feliz idea de ponerme una chaqueta de punto, ¡Cuánto tiempo sin hacerlo! Mientras pienso en la cantidad de cosas que tengo que hacer, escucho la música que ponen en la radio, a modo de rap alguien canta algo así: “los días se van igual que el agua de las manos…”, y rememoro los días pasados, el calor, el mar, los amigos…pero sobre todo la última noche pasada en Peñíscola, la despedida -mi despedida- coincidió con el último día de fiestas y disfruté, a pesar de la pena de marchar, con los fuegos artificiales que iluminaban el castillo y el Mediterráneo y ¡cómo no! con el Himno Valenciano, interpretado por la Coral y la Banda Municipal, que siempre me emociona particularmente.
Por suerte, mi primer día de trabajo ha llegado a su fin. Ya queda menos para el próximo verano.

2 comentarios:

Mariluz Arregui dijo...

Qué magnífica foto.....Enhorabuena!!

Me gustaría para mi colección.

Luis Lópec dijo...

Es una foto muy romántica ¿verdad?
Es tuya.