jueves, 27 de octubre de 2011

CASTELLÓN INTERIOR


Comenzaré mi día por el final. Mejor así. O distinto, nunca se sabe. Referencias actuales: tumbado en la cama compartiendo dos sonidos bien confrontados. Más cercano, el sonido de un Adagio de Haydn con  el cello de Jacqueline du Pré, grabado por el sello EMI en 1989. En el otro rincón del  cuadrilátero que demarca la habitación, el sonido enaltecido de un mar agitado. Sobrellevo ambas resonancias y las disfruto por igual. Haydn acaba antes el musical encuentro y lo sustituye Köln Concert de Keith Jarret. El mar persiste con su repetición espontánea y minimalista.
Horas  antes de mi derrumbamiento en el catre disfruté de paisajes mágicos, indiscutiblemente  sorprendentes por las humedades recién llegadas. Nieblas acorralando los verdes árboles en el “Desierto de Las Palmas”;  lluvia pertinaz en la subida al castillo de Vilafamés; tranquilidad relativa en el humedal de Torreblanca. Cambié mi rumbo versátil, abandonando la serenidad  de mí querido Voramar en busca de otros placeres que ofrece el interior castellonense, tan hermoso con las primeras lluvias otoñales. Me dejé llevar de diferentes emociones fundamentales: la belleza del paisaje  estimulante  con las nuevas sensaciones estaciónales. A pesar de todo ello, eché en falta el café en su punto del hotel Voramar y las vistas al Mediterráneo desde sus miradores.  Recurrente y fundamental territorio ocasional y persistente.
Me duermo con Madeleine Peyroux sonando. Añoro, con los ojos cerrados ya,  momentos vividos de palpitaciones revolucionadas. Me despierta un dolor muscular en la espalda, producido, supongo, por casi nueve largas horas tumbado y un sueño que pasa por “El Nido” donostiarra. Me asomo a la terraza y el sol regresa de nuevo. Maravillosa mañana. 25 de octubre y desayunando en bañador. Disfruto del sol, del mar y sus sonidos imprescindibles y siempre manifiestos. El día comienza en un estado perfecto cuando acabo de  relatar algo que ya es pasado.

1 comentario:

Mariluz Arregui dijo...

Otoño extraño, verdad?

Afortunado, en ese escenario..
besos