miércoles, 25 de julio de 2012

WITHIN AND WITHOUT


Escucho los mismos temas que he escuchado durante horas anteriores sin apenas darme cuenta pero que formaban parte del aderezo de un intenso momento pasado. Permanecía inmerso en algo que iba pasando, como en el cine, sin ser una película. Alguien me ha dicho esta misma mañana que era realidad, pero no tengo la certeza que se trate de un sueño o de algo que verdaderamente pasó.  Me encanta y me anima la música que suena ahora y, casi seguro, la disfruto con más concentración que en esa especie de sueño convertido en película y que, al parecer, fue realidad.  No lo sé, es difícil discernir en estos momentos de trance. Evoca tiempos ya pasados, de esos que se guardan en el corazón, en lo más intimo de tu cerebro, de tu mente, justo donde se guardan   las ilusiones y los sueños.

Veo ahora la caratula de un disco, “Within and Without” del grupo norteamericano Washed Out. Es una foto aérea. Sobre unas sábanas blancas, bastante arrugadas, la espalda de un chico tapa casi todo el cuerpo a una chica situado debajo de él en  posición contraria, tan sólo se ve una parte de su cara con el pelo muy revuelto, su ojo izquierdo cerrado mirando hacía abajo y parte de su oreja izquierda,  sus brazos rodean la cabeza del chico. El brazo izquierdo del chico está apoyado en la parte alta de foto, a la altura de la cabeza de la chica, su otro brazo descansa justo en la dirección contraria. Me produce sensaciones muy placenteras.  Creo que la persona que me dijo que era realidad es justamente la chica de la foto. Ahora caigo.

Aunque lo único que tengo claro ahora es el momento fatídico que significa el hecho de regresar. Retornar al ajuste inmediato que marca el tiempo reaparecido  de la rutina, esa misma rutina u organización vital a la que pertenezco sin, en realidad, ser participe o, más bien, participar sin desearlo.  Esa especie de viaje de retorno que puede durar ocho minutos o varias semanas, de ajustes concebidos y que van haciendo olvidar los sueños más hermosos… o no, tengo un lio.

En un coche voy serpenteando la sinuosa carretera que conduce al río, abro la ventanilla y respiro profundamente, algunas lágrimas me impiden ver con claridad, paro en el stop, tuerzo a la derecha, recorro pocos metros y, ya en la carretera general, vuelven las curvas, no me mareo ya que voy muy lento pero tengo ganas de llegar a mi destino. O, tal vez, tengo ganas de dar marcha atrás  y recorrer el viaje de regreso al sueño y revivirlo otra vez. O, tal vez, desee descansar de esos minutos oníricos que parecen horas o quizás días. O desee escuchar una voz amiga o poner la mente en blanco, u olvidarme de todo ya que tengo la certeza de que ha sido un sueño y me martiriza del mismo modo que atormentan los bellos momentos perdidos, instantes que sean reales o no, marcan el camino que la vida te ofrece cuando ya sólo queda el recuerdo de lo que nunca volverá.