sábado, 20 de octubre de 2012

PEQUEÑO INCIDENTE EN TAILANDIA


ISLAS PHI PHI


No soy partidario de dar propinas a los indigentes pero ayer lo hice al contemplar a una mujer, creo que rumana o húngara, que permanecía apoyada en un coche a la salida de Lidl en Soria. Llovía a chaparrón y ella aguantaba estoicamente con su paraguas abierto y una cajita metálica para recaudar monedas que había situado en el muro de salida. La conozco de otras veces, siempre está allí esperando la solidaridad de los clientes del supermercado con una amplia sonrisa que se agradece en los tiempos que corren.
El caso es que compraba lo que siempre compro cuando voy a Lidl, es decir, chocolate; almendras: yogures; papel higiénico; cerveza alemana; vino blanco “Verdejo”: sidra normanda... y me vino a la memoria una anécdota que me ocurrió hace algunos años. Una cliente me recordó a alguien que conocí entonces. Viajaba con destino a Bangkok y coincidí en el avión con dos conocidos sorianos que vivían en Logroño. Aproveché el momento “sin cinturón” para saludarlos e  ir al servicio. Al comprobar que estaba ocupado, decidí sentarme en el último asiento del avión, al lado del pasillo, para esperar a que se desocupase tan minúsculo habitáculo. Al sentarme, algo crujió bajo mis posaderas, me levanté y comprobé que se trataba de lo que quedaba de unas pequeñas gafas. Al tiempo que palidecía notablemente, una chica, que precisamente hablaba con mis conocidos sorianos, se acercó para certificar el siniestro, echándome una mirada repudiable. No sé qué le dije después de excusarme por el desaguisado. Era una especie de Jerry Lewis con cara de pasmado y con un discurso diacrónico. Estuvimos más de media hora intentando buscar una solución y decidimos que comprase unas nuevas gafas en Bangkok y yo se las pagaría ¡claro! Cuando salí del servicio, la chica de las gafas estaba hablando con mi amiga de Candilichera y, al pasar, ambas me miraron de manera detestable. Cuando conté lo sucedido a mi acompañante, también corta de vista, me puso a caer de un burro ¿A quién se le ocurre sentarse en otro asiento? ¿Serás irresponsable? Te va a costar un ojo de la cara pagar unas gafas nuevas en Tailandia... El viaje, que previsiblemente (con perdón) iba a ser de placer, se convirtió en un auténtico suplicio. A medida que iban pasando los días e íbamos encontrándonos por lo largo y ancho de Tailandia, la pareja de “las gafas rotas” se iba haciendo más amiga de la pareja de Candilichera y, cuando me acercaba para preguntar sobre las gafas, las dos chicas me miraban como al bicho más raro de Asia. Y, aunque no nos vimos en Bangkok, coindimos en Phuket, en Chiang Mai, en el triángulo de oro, en Koh Phi Phi, y yo siempre, tragando saliva, le preguntaba por las gafas, respondiéndome que las compraría al llegar a España.
Cuando llegamos a Madrid, recogiendo las maletas, la chica de las gafas se acercó a mi y me dijo: he pensado que la rotura de las gafas fu un accidente, no te preocupes no tendrás que pagarme nada, yo me haré cargo de todo. Mi cara se iluminó y le planté dos sonoros besos en sus carrillos mientras ella sonreía. Me despedí de los cuatro, requiriendo a las sorianos vernos cuando estuviéramos en nuestra ciudad. No volví a verlos pero el incidente de las gafas rotas sigue persiguiéndome como pueden comprobar. 

1 comentario:

Marino Baler dijo...

Eso son cosas que pasan. De todas formas dejarse unas gafas en un asiento tampoco es que sea algo demasiado normal.
Lo que te pasó parece sacado de un guión de Woody Allen :).