jueves, 11 de julio de 2013

"ASÍN SEMOS"


Nunca he sido mucho de fiestas, tal vez porque no me gustan las aglomeraciones, sin embargo las respeto y reconozco que otras personas las disfrutan y esperan año a año a que lleguen. En Soria cogí manía a las fiestas de San Juan. Resulta que los viernes solía trabajar por las tardes para que otros compañeros sorianos disfrutaran de la fiesta y tenía que atravesar, para ir al trabajo, una plaza repleta de hombres beodos que lanzaban harina al resto de la humanidad, así que llegaba al trabajo echo una piltrafa. Me preguntaba ¿pero es obligatorio fastidiar a los que no disfrutamos (o no podemos disfrutar) la fiesta?
Hoy, me llamó la atención la foto e investigue sobre ella. Se trata de un extracto de un relato sobre San Fermín de la historiadora Arantza Santesteban.  





"¿Por qué no la sueltas y me dejas que la estrene?": Recuerdos sanfermineros de una pamplonesa de la periferia


"Recuerdo cómo cuatro tipos me sobaron cuando estaba sola. Recuerdo que ante mis empujones e intentos de tortazos me miraron sorprendidos y lanzaron la mítica consigna que muchas de nosotras hemos oído en más de una ocasión: '¿Es qué no sabes disfrutar de la fiesta?'. Recuerdo que iba de la mano de mi madre..."(Arantza Santesteban, historiadora)


En realidad, no tengo muy claro si me gustan o no los Sanfermines. Será que vengo de los barrios periféricos de la vieja Iruña. O no. Será que cada cual los vive a su manera. Sencillamente, tal vez sea que los quiero y los odio a la vez. Además, a partes iguales. Me explico.

En mi historiografía de los Sanfermines retengo unos cuantos momenticos que me recuerdan noches y días gloriosos, encuentros mágicos, muchos turnos de cocina y el Jose Cuervo deslizándose por la garganta.

Pero recuerdo otro tipo de momenticos que no puedo desligar de mi propio relato sanferminero. Son esos, irremediablemente, los que hacen que mi opinión al respecto no pueda ser del todo clara.

Tendría unos 10 años e iba colgada de la mano de mi madre. Una voz masculina y cascada se dirigió hacia nosotras: "¿Por qué no la sueltas y me dejas que la estrene?". Recuerdo que aquello me sonó fatal, me dio como miedo. Sí, sí, no únicamente asco, también miedo.  De la plaza del Castillo a la Estafeta  y con las tripas revueltas, un tipo intentó abalanzarse sobre nosotras y una vez más los cabreados músculos de mi madre lo espantaron.

Cumplí algún año más, llegaron más salidas y juergas, y recuerdo en esos días en los que se celebra la 'Fête Nationalle' cómo cuatro tipos me sobaron cuando estaba sola. Recuerdo que ante mis empujones e intentos de tortazos me miraron sorprendidos y lanzaron la mítica consigna que muchas de nosotras hemos oído en más de una ocasión: "¿Es qué no sabes disfrutar de la fiesta?".

Recuerdo también ir por las calles y escuchar: "Que chorreas, guarra". Y cómo no, recuerdo también al idiota de turno plantándose delante y diciendo aquello de: "Princesa, ¿estás sola?".

Es parte de mi relato sanferminero, el de parte de mis recuerdos y no me equivoco si digo que es parte del relato de muchas otras más. Es por ello, que lo de recordar me trae una serie de momenticos que me ponen de muy mala leche.

No se trata de mirar hacia otro lado. Tampoco de acusarnos de aguafiestas por el hecho de recordarlos. Se trata de que entre todas y todos vayamos combatiendo comportamientos así y consiguiendo que la ilusión de que lleguen las fiestas pueda ser vivida de igual manera por todas las personas que queremos participar en ellas.

Artículo de Arantxa Santesteban, historiadora (extracto)



1 comentario:

Mariluz Arregui dijo...

Gracias por resaltar esto...en Escritos.

Es así, tristemente..


Un beso grande