domingo, 16 de febrero de 2014

UNA DE SUEÑOS.


Últimamente recuerdo algunos sueños con bastante nitidez, si es que los sueños tienen claridad alguna. Esta noche pasada, como un porcentaje numeroso de mis sueños, soñé que estaba en Santander, concretamente en la Plaza de las Estaciones. Siete u ocho amigos, además de mi hermano y yo, ocupábamos la primera planta de una cafetería, sentados cada uno en una mesa distinta, salvo mi hermano y yo que ocupábamos la misma. En la televisión emitían un partido de fútbol y me llamó la atención un gran recipiente, al lado de una de las líneas laterales. Era una especie de barril decorado con publicidad, faltaría más. Era la primera vez que lo veía en un campo de fútbol y los futbolistas se acercaban allí cada vez que tenían que escupir. A pesar de lo asqueroso del caso me pareció buena idea ya que siempre escupían en la hierba, los muy guarros. Mi hermano preparaba unos habanos que fumaríamos esa misma noche en un concierto de un gran amigo suyo, que no era otro que el gran Manolo Caracol, el cantaor flamenco sevillano que murió en un accidente de tráfico en Aravaca en el año 1973. Actuaba en Santander y mi hermano quería darle una sorpresa que trataba de otra actuación cuando Caracol acabase la suya. En el descanso del partido de fútbol apareció un anuncio de un arma, una especie de revolver, en cuya empuñadura llevaba el logotipo de Versace. Me pareció sorprendente que una marca de alta costura se dedicara ahora a la venta de armas de fuego. La sorpresa de mi hermano era la contratación de Prince, sí, el mismo, el fundador del sonido Minneapolis, el autor de “Purple Rain”. Y, además, el responsable de contactar con él y servirle de acompañante, administrador y chico de los recados era yo. Por suerte logré convencer a Prince sin cobrarnos ya que la “sorpresa” le pareció una genialidad. Le hospedé en el Hotel Real y le acompañé a comer en los mejores restaurantes de la ciudad. Por cada comida pagaba una media de ochocientos euros, la bromita  le iba a salir cara a mi hermano… y ya no recuerdo más, salvo un sol espectacular cuando atravesamos Prince y yo la Avenida Reina Victoria iluminando la bahía y el puntal.

(Dato a tener en cuenta: que yo sepa a mi hermano no le gusta ni Prince ni Manolo Caracol)

.

1 comentario:

Marino Baler dijo...

No te relacionas con cualquiera... Caracol y Prince. Cuando sueñes con alguna fémina de Marilyn Monroe no bajarás el listón, ¿no?