domingo, 10 de diciembre de 2006

MI AMIGA LA MAR



De vez en cuando me escapo al mar. Si has leído alguno de los artículos publicados anteriormente en este espacio te darás cuenta que el mar es uno de mis sueños, el titulo del Blog es elocuente.
Nací a trescientos metros del mar y ese aspecto marcó decididamente el devenir de mi vida, está claro.
Desde hace demasiados años vivo en el interior peninsular y no disfruto como quisiera de él. Recuerdo que cuando empecé a vivir en Castilla buscaba en cada paisaje su visión y siempre lo intuía tras las montañas o al final de un escenario ocre, pero nunca aparecía. Ahora ya me he acostumbrado, o mejor dicho me he resignado, a no buscarlo.
Estos días disfruto de su compañía en una especie de barco varado a su lado. Cuando necesito reponer energías vengo aquí. Esta vez, al igual que la anterior, en solitario, sin compañía y eso beneficia mi relación con él (o ella, los marineros de mi tierra siempre le nombran la mar).
Cada mañana me descalzó y recorro corriendo los húmedos arenales, más tarde me baño para dejar que me acaricie y disfrutar de su frescura.
Hoy es día dos de diciembre y me he bañado en el Mar Mediterráneo. Recuerdo que cuando tenía entre catorce y dieciséis años quedábamos los amigos en la playa, jugábamos a las palas, deporte muy popular en Santander (Http://www.pululandia.net/palas/introduccion) y luego, en pleno invierno, nos bañábamos en un gélido Mar Cantábrico. El tiempo desde entonces ha cambiado, ahora es más cálido y todo tiene un concepto distinto, nada tiene que ver la temperatura actual con la de hace diez años. El otro día escuché que incluso los refranes no se entienden por las nuevas generaciones, están obsoletos.
No es igual bañarse hoy en día en el Mediterráneo como hace varias décadas en el Cantábrico. Puede decirse que hoy la temperatura del mar aquí sería similar a la del Cantábrico en verano. Pero me he bañado y a alguno de los caminantes del paseo marítimo esto les produce escalofríos, algunos me preguntan: ¿Cómo está el agua? y les contesto que estoy acostumbrado para no alargar la conversación, ¡me quedo helado!
Acabo de levantarme de la siesta con su murmullo acompañándome. Dentro de un rato me iré a un SPA a reconfortarme de los malos ratos y mientras tanto, esperaré al día veintidós para saber si he tenido suerte con la lotería de Navidad y empezar a vivir como un rey. Ahora intento esperar ese día sin remordimientos, disfrutando al máximo con su animada y ruidosa compañía

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