sábado, 25 de diciembre de 2010

SECRET PLACE


La mañana de Nochebuena decidí buscar un lugar para guarecerme del estruendo que supone la Navidad. A menos de una hora, en los Arribes del Duero, encontré la paz y el sosiego que necesitaba. Quería estar solo, conmigo mismo y disfrutar de un paisaje distinto. La foto es del momento que describo, mágico y diferente, bello y solitario, envolvente y misterioso. Cientos de ánades cruzaban el río desconociendo que se encontraban en la frontera, ese límite que separa la realidad de los sueños. Esa visión, mitad sueño, mitad realidad, me hizo recapacitar sobre lo concentrada que puede estar la belleza y, en la mayoría de las ocasiones, no acertemos a descubrirla. Muchas veces tenemos a nuestro lado todo lo que necesitamos y no sabemos valorarlo. En ese momento, a escasas horas de la celebración de la Nochebuena, descubrí una artística perspectiva destinada para mí y esta vez, por suerte, pude disfrutarla en toda su extensión.