lunes, 4 de abril de 2011

SUEÑOS


No sé si tendrá algo que ver la edad pero últimamente los inviernos me pasan factura, así que cuando llega la primavera lo celebró devotamente. Con la templanza de la temperatura he aprovechado para pasar seis largas jornadas en Peñíscola. Suelo hacerlo para experimentar corporal y espiritualmente una relajación necesaria. Han sido jornadas soleadas, tranquilas y de disfrute al lado de grandes amigos. He aprovechado para leer mucho, tomar el sol, hacer deporte y para disfrutar de ambientes diferentes. Al llegar la noche me desplomaba en la cama con la mente totalmente despejada, y, además, el susurro de las olas rompiendo en la playa me sumía en una paz conciliadora. La primera noche en Soria, fatigado por el viaje de retorno y la jornada laboral, caí rendido; sin embargo, desperté en tres ocasiones. Soñaba con anterioridad a todos esos desvelos y en todos ellos, curiosamente, me encontraba en una habitación vacía de paredes verdes, y al hacer introspección de mente y cuerpo también los encontraba vacíos. Ante esas ausencias me era fácil, de nuevo, reconciliar el sueño, no había nada. Al día siguiente anduve analizando ese sueño repetido sin dar con una interpretación más o menos acertada. Sin embargo, ya por la tarde, di con la conclusión a ese acuciante vacío, a esa soledad terrenal y psicológica que mostraba mi sueño vacío. Sin duda se trataba de la desaparición del murmullo del mar lo que me hacía sentir así. Siempre siento nostalgia cuando estoy lejos, forma parte de mí.