sábado, 14 de enero de 2012

RESFRIADO CON CONSECUENCIAS


Tim Burton, presidente del jurado del Festival

Acababa de llegar de pasar unos días invernales relajantes en la cálida Peñíscola  y a mi regreso a  Soria,  pura  y olvidada, me di de bruces con el frío castellano. Un resfriado, nada más llegar, fue afianzándose en mi cuerpo hasta prácticamente no poder respirar por la noche. Esa sensación agobiante hizo que me despejara durante alrededor de una o dos horas cuando dormía.  Coincidió que esa misma tarde había visto la peor película de mi vida, Uncle Boonmee, premiada en ese festival de cine tan controvertido como es Cannes, y que trata sobre las vidas anteriores, fantasmas, trasmutaciones y espectros varios; una de esas películas vanguardistas y minimalistas que convencen a un publico sofisticado y con ganas de descubrir nuevas experiencias artísticas.  Menos mal que, además de dar vueltas al intrincado  y confuso film, en el que por cierto en mi página web favorita sobre cine, varios de los usuarios que dejan allí su crítica coincidían conmigo  en la proclamación de ser su peor película; y que, durante su proyección, veinte o treinta personas abandonaran la sala. Así que una vez convencido de que el raro no era yo pude trasladar mi mente a otra noticia que también estaba fresca en mi cerebro. En el comedor de una universidad alemana una de sus alumnas, de aspecto eslavo y larga cabellera rubia, se sienta con su bandeja repleta de comida en una de esas mesas largas, pero tiene que regresar a coger la bebida que se le ha olvidado. A su regreso, comprueba que un hombre negro con pinta de inmigrante está trapiñándose su comida. Ni corta ni perezosa se sienta frente a él y comparte su comida. El negro sonríe y acaban de comer de esa manera tan curiosa. Al levantarse, se da cuenta que su abrigo descansa en una silla justo detrás de ella y su bandeja permanece intacta en la mesa gemela a la que se ha sentado.
Me duele la garganta y me acerco a la cocina a tomarme una cucharada de miel  que mi compañero de trabajo Enrique me ha regalado. Después duermo de un tirón con la mente bastante más despejada.