jueves, 7 de junio de 2012

MANOLO PRECIADO "El hombre que eligió seguir adelante"

Manolo Preciado ha fallecido esta misma noche en Valencia, en su casa de la playa del Perelló (Sueca),   victima de un infarto de miocardio. Mañana iba a ser presentado como nuevo técnico del Villarreal.
Conocí a Manolín estudiando en la Filial número 2 del Instituto José María de Pereda, en el barrio pesquero de Santander. Por entonces ya destacaba como jugador de fútbol llegando a hacerlo con el Racing en primera división. En aquellos años él tenía una novia que se llamaba Asun. Era el primer curso en que los institutos se convirtieron en mixtos. Todo ese desajuste de estudios por géneros nos llevó a descubrir, entonces,  a las chicas, compartiendo con nosotros todas las dependencias escolares  hasta entonces sólo ocupadas por los chicos. Además, justo cuando la testosterona, esa hormona andrógena que promueve el crecimiento de nuestra masa ósea y muscular,  produce un estado extremadamente febril en nuestro organismo. Recuerdo  aquellas primeras chicas del instituto con pantalones de pana ajustados y cuerpos que nos parecían exóticos y exuberantes. Por suerte, o por desgracia, Asun se fijó en mi, posaba sus negros ojos en los míos cuando formábamos en el patio para subir a las clases mientras yo desviaba su directa mirada. Me llegaron rumores de otros compañeros que le gustaba. De pronto, durante un recreo, subimos juntos a los troncos que estaban amontonados  frente al instituto, pertenecientes a una maderera soriana (lo que son las cosas). Ciertamente no sé como nos permitían estar allí. Ahora, desde la perspectiva de la madurez, considero que corríamos un verdadero peligro sentándonos encima de aquellos árboles secos. Pasaron los días allí sentados en  los recreos y un día quedamos para vernos en una cafetería cercana a la calle Burgos, “Don Yo” creo que se llamaba. Era mi primera cita con una chica y estuve muy nervioso. Ella había dejado a Manolo Preciados, su novio, por mí y eso me producía malestar por un lado y cierto placer por otro. Se convirtió en la comidilla del instituto. Ella tenía experiencia con los chicos y yo era un inexperto absoluto. La relación se rompió a los tres meses debido a mi falta de voluntad.
Estando ya en Soria, un domingo jugaba la Gimnástica de Torrelavega contra el Numancia. Manolín era su entrenador así que me acerqué al Hotel Cadosa a saludarlo. Estuvimos charlando de los viejos tiempos mientras tomamos algo, luego me invitó a cenar con el equipo pero no me pareció oportuno aceptar la invitación. Al día siguiente estuve viendo el partido invitado por él. Creo que a raíz de ese tormentoso y aburrido partido dejó de gustarme el fútbol. Luego seguí sus pasos como entrenador. También le di el pésame por la perdida de su esposa, fallecida hace años; por su hijo, fallecido en accidente de tráfico y, más tarde, por su padre, fallecido en un estúpido accidente de circulación. A pesar de las adversidades, siempre se mantuvo firme en la vida, el fútbol, su gran pasión, se convirtió entonces  en afortunada medicación. Hoy, cuando me he enterado por medio de una amiga de su fallecimiento, he entristecido repentinamente. Ahora tengo un nudo en la garganta y una angustia tremenda. Manolo se ha ido de una vida que le había puesto muchas zancadillas, sin embargo, nos ha demostrado que a pesar de mil adversidades se puede convivir con el dolor. Descansa en paz, viejo amigo.