sábado, 30 de junio de 2012

VACACIONES. DÍA 2


 DÍA 2
Mi, por llamarlo de alguna manera, disritmia circadiana, parece que ha pasado. Ayer por la tarde estaba sentado en el sofá y notaba cierta fatiga que me adormilaba, tardaba más de la cuenta en recuperar el ritmo habitual. Han sido días duros los últimos que he pasado en el trabajo, excesivo calor, preocupaciones diversas… lo que me ha llevado a una situación de agotamiento en todos los sentidos. Ahora, cuarenta y tantas horas después de llegar, es cuando empiezo a recuperar mi equilibrio físico y mental, esperando  que llegue la hora para, con mi amigo Manolo, realizar una cata de Caro Dorum, que aquí, al lado del Mediterráneo -espiándolo mientras escribo- sabe a gloria, incluso me atrevería a decir que mejor que en el interior, pero no, no creo que sea así, más bien es el “sincio” (las ganas) de beber un buen vino con alguien al que me une más que una amistad. Momentos imprescindibles para recuperar el tono amable que produce el afecto y que hace olvidar otros tantos más amargos.

Día 2, veintiséis grados a las ocho de la tarde, mar tranquila, buena música  y días de vacaciones. Cuando he llegado del hiper me he topado con Olga y Víctor  que iban con Arthur, su perrito,  a la  sierra de Irta. Ahora veo a Ramón que se va de la playa y lo espera Isabel. Un velero se desliza a gran velocidad y  el horizonte se va cubriendo de una bruma que produce un efecto algo raro en contraste con el sol.  El tiempo transcurre con normalidad cuando acabo de recuperar la medida de mis sensaciones. Espero que todo vaya despacio ahora.

La luz se va y comienza la noche con su orden instaurado.