sábado, 15 de septiembre de 2012

DESAYUNO CON DIAMANTES


Venía de una comida con amigos tras una mañana de playa. Una de esas jornadas que recuerdan a las de mi infancia en Santander. Mar alborotado, olas que te hacen sentir pequeño y percibir, a la salida del baño, un calor reconfortante que evocaba, entonces,  la calidez poco habitual de los veranos en Cantabria.  Sin embargo, se trataba del Mediterráneo,  tan cercano ahora y para  siempre inolvidable.  Era una hora tardía y el cielo, inigualable en colores a esas horas del atardecer, fue el detonante para quedarme en casa. Luego anocheció de repente pero el mar seguía con una simetría sonora intensa. Conté los días pasados y las jornadas que me quedaban en este remanso de paz y la operación matemática resultó negativa. Los días pasados ya dominaban a los días restantes de vacaciones pero no importaba, ciertamente habían resultado trayectos memorables y, por suerte, todavía quedaban  muchos atardeceres por disfrutar al lado del, ahora, proceloso mar.
Se hizo de noche y se apagaron las ideas. Sin embargo, un resplandor  despejó mi mente. Recordé que una de mis mejores películas de todos los tiempos esperaba en el Mac para ser saboreada. Audrey Hepburn, mi diva, aguardaba en un “Desayuno con diamantes” espectacular en todos los aspectos.   Música, fotografía, artistas, dirección… todo, con el mar alborotado de fondo, hicieron de ese rápido oscurecer de septiembre una noche gloriosa.  Había olvidado fases de la película, algunas veces paraba la reproducción para contemplar alguna escena o alguna toma peculiar y, siempre, disfrutaba con la protagonista, mi artista más adorada. Cuando acabó el metraje, con intensa lluvia en Nueva York y un gatito estelar, quedé prendado, una vez más, de la película. Cerré el Mac y me asomé a contemplar el mar que seguía llamando la atención. Un enigmático Chow Chow  vecino atrajo rápidamente mi curiosidad. Le he seguido durante los diez días que lleva en un apartamento cercano y le he tomado mucho cariño. Es una especie de gato, similar al de Audrey en comportamiento, así que seguí admirándolo mientras recordaba las escenas de Desayuno…
Ahora me voy a la cama reconfortado con la visión de una película de 1961 que siempre estará entre mis favoritas. Buenas noches, mundo. 

1 comentario:

Mariluz Arregui dijo...

Y es que 1961 dió muy buenos frutos...

: ))


Saludos

♫♪♫♪♪Moon...riiiiiver...♫♪♫♪♪