viernes, 5 de abril de 2013

EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO


Cuento con el que participo en un Certamen Internacional sobre el circo.

TÍTULO: “El mayor espectáculo del mundo”
-----------------

Por aquel entonces tenía cinco años y un dominio normal del idioma para su edad. Desde que llegó de su país de origen pocas cosas le habían impactado tanto como la visión de aquella gigantesca “tienda de campaña” plantada en el parque cercano a su casa. Nada más verla preguntó a su mamá qué era aquello. Paciente, su madre le explicó que se trataba de un circo que iba recorriendo el país para entretener a todos los niños. Tirando de su mano, quiso arrastrarla hacía la proximidad de las lonas, los gigantescos vehículos y los animales que permanecían encerrados  tras gruesas barras de acero. Su madre le prometió  que al día siguiente sacarían las entradas para adentrarse en la magia de los trapecistas, payasos, acróbatas, magos, adiestradores de animales…
Eduardo esa noche durmió mal, tuvo algunas pesadillas. Soñó con su tierra de origen, China y con la disciplina, casi militar, a la que  fue sometido durante los tres primeros años de su vida en el orfanato de su ciudad natal. Curiosamente, durante la jornada siguiente, participaría de uno de los espectáculos más antiguos del mundo que se guiaba, en la mayoría de sus funciones, con la misma disciplina  que le aplicaron a él por entonces. Ni imaginaba que los animales, los trapecistas y los acróbatas debían practicar varias horas, a diario, para entretenerle a él y a sus compañeros. Cuando despertó, un poco tarde ya que era sábado y no había colegio, corrió hacía la cocina para recordar a su madre que tenían que ir al circo como ella prometió la jornada anterior. La madre preparó el desayuno mientras se proyectaba en el televisor una película de video que sacó prestada de la biblioteca. Eduardo se fijó en la cajita que contenía la cinta y leyó despacio, “El ma-yyyoooorr  es-peccc-tá-cu-looo de-el munn-do: EL CIRRRR-COOO”. Desayunó con mucha parsimonia mientras disfrutaba emocionado de las artes circenses. El documental duraba tan sólo media hora y repasaba, de manera somera, las principales expresiones artísticas, haciendo hincapié en los animales salvajes y sus cuidados. También recordaba los circos más importantes: Cirque Du Soleil (Canadá); Circo Sarrasini (Alemania); Circo Price (España); Circo Padilla-Ledezma (México y USA); Circo Hermanos Gasca (Perú); Circo Taconhy (Argentina) y Circo Ruso (Rusia), entre otros… y se completaba con fotografías de Charlie Rivel (payaso); Alfredo Codona (trapecista); Eduardo Cardenal (equilibrista); los famosos payasos de la tele: Gabi, Fofó y Miliki; los Hermanos Tonetti…
Hasta que llegó la hora de ir al circo el día se le hizo eterno. A eso de las cinco de la tarde vinieron a recogerlos su tía Castora y su primita Irene. Eduardo se endosó sus mejores galas para la ocasión, dirigiéndose, los cuatro, andando hasta el parque cercano donde se encontraba instalado el CIRCO ITALIANO. Irene y Eduardo no perdían ripio de nada de lo que pasaba en ese fantástico lugar, quedando fascinados por un payaso con una hinchada nariz roja que repartía tarjetas del circo. Castora y Marta, su madre, compraron dos manzanas caramelizadas y dos nubes de algodón de azúcar. Eduardo era el niño más feliz del mundo en ese instante.
Precisamente, lo que más le impactó de lo que vio esa tarde de sábado fueron los payasos. El espectáculo mezclaba diferentes gags humorísticos, finalizando la actuación con una llamada  para acabar con el hambre infantil en el mundo. Eduardo, emocionado, con las lágrimas recorriendo sus mejillas, aplaudió hasta que el dolor de sus pequeñas manos no permitieron más. A la salida del espectáculo dijo a su madre que de mayor quería ser payaso. Un payaso con ojos rasgados y un corazón tan grande como el poder de comunicación que tiene el circo.
 En la actualidad tiene cuarenta años y dirige el Circo “El chino filipino”. Durante el año recorre el sur de Europa actuando de payaso, salvo en invierno que visita, en solitario, los rincones más recónditos de África. Allí, lleva a los niños alegría, ilusión y camiones de comida donados por los visitantes del circo en su gira europea.  Es feliz con lo que hace y nunca olvida su pasado en aquel siniestro orfanato del sur de China.

8 comentarios:

Nube dijo...

Que historia tan bonita y que hombrecito tan bueno. Me ha emocionado. No digo más, tan solo... a veces siento demasiado cerca de mi corazón los sentimientos.

Un beso.

Mariluz Arregui dijo...

Precioso relato,
tanto, que al final he creído la historia..y he estado a punto de buscar 'El chino filipino'..

Besos

Luis Lópec dijo...

Pensé que no iba a interesar a nadie. Mil gracias y mil emociones.

Luis Lópec dijo...

El chino filipino está basado en un personaje muy querido... Pero es fantasía, claro. Gracias y besos.

Marino Baler dijo...

Fantástico, un final sorprendente. Mucha suerte en el concurso.

Saludos.

Nube dijo...

Yo me lo había creído. Pero... ¿Que importa?. Emocionaste mi corazón, y creo que no debes de dejar de crear ilusión y mágia jamás.
Si personas como tú llenan de encanto el mundo llegaremos a algo un poco más sensato...
Me gustaría que jamás nos robes la oportunidad de leer tu corazón.

Un beso.

Luis Lópec dijo...

Nube, otra vez gracias, intentaré no dejar de emocionar. Mi mundo, de alguna manera, es un compendio de magia e ilusión, siempre estoy haciendo malavares. Seguiré en ello.

Luis Lópec dijo...

Marino, mil gracias, el resultado en el concurso es lo de menos... mi premio es contar con vuestro incuestionable apoyo.