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SAN CRISTO MEJIDE


Hace pocas fechas vi en la televisión un grupo de chicas que tocaba las castañuelas y actuaba para un jurado compuesto por tres o cuatro personas. Al finalizar su actuación, acompañaban una melodía de Bach con sus castañuelas, irrumpió Risto Mejide, anteriormente llamado Ricardo, para decir una de esas barbaridades a las que nos tiene acostumbrados ese tipo que parece no le cabe un piñón en  el culo. Esta vez su necedad iba destinada a los funcionarios. Dijo algo así: ya era hora que alguien haga tan bien lo que suelen hacer los funcionarios de este país, tocar las castañuelas. Ciertamente,  no sé ni me importa, si él hace bien su trabajo o no, pero yo, puedo asegurarlo, intento realizarlo lo mejor posible educando a personas con discapacidad intelectual, un trabajo agradecido, motivante, pero al que hay que dedicarle ciertas dosis de paciencia y otros aliños que no suelen ser las castañuelas.  Me gustaría recordar a Risto que hay muchos funcionarios en nuestro país que se juegan la vida diariamente, los hay que apagan incendios, que atienden a los enfermos, que están destinados en países conflictivos para mejorar la seguridad de sus habitantes, que trabajan en cárceles con evidentes riesgos, que diariamente intervienen quirúrgicamente a sus pacientes, que tratan a poblaciones marginadas… Tal vez Risto no se haya parado a pensar en ese tipo de funcionarios ya que está inmerso en ese humor irritante y desnaturalizado que me produce vergüenza ajena. Tal vez Risto se merezca que algún funcionario, al que se le pisotean día a día sus derechos más elementales, al igual que al resto de los trabajadores, le parta la cara y lo tenga que atender un sanitario beneficiado, según él, por ser ser uno de esos funcionarios que para él tocan las castañuelas en sus destinos laborales. La próxima vez que te cambies el nombre será mejor que te llames Cristo, te pega más, y si es posible, como decía una niña de mi cole, “¿San Cristo? un crimen” (en relación a la serie televisiva “Se ha escrito un crimen”).

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