lunes, 10 de junio de 2013

LA TIERRA Y SUS PERSONAJES. iMozas -TORO (Zamora




Dicen que cuando llegas a viejo nadie te ve y algo debe haber de cierto en ello. Hace unas semanas disfrutaba con mi cámara del atardecer que iluminaba la colegiata de Toro, con el sol entrando desde la capital zamorana después de  recorrer el Duero.   Un señor mayor,  un “elderly man” que dirían más educadamente los ingleses, se acercó a mi y me preguntó si había fotografiado “la torre borracha”.  No sé cual es la torre borracha, le respondí. Se conoce así popularmente (la torre del reloj) debido a que cuando la construyeron, en vez de ir a buscar agua al río -allá abajo-  para amasar, recogían el agua utilizada en la limpieza de las barricas del vino, era una operación más sencilla y menos fatigosa y el resultado era prácticamente el mismo. Iba vestido de domingo, repeinado hacia atrás y era portador de una amplia sonrisa. Luego empezamos a charlar sobre él y le pedí permiso para hacerle una foto. Se llama Jerónimo (con jota, apostilló) y tiene 86 años. Según me dijo, antes de jubilarse escribía sobre lo que ocurría en la ciudad de Toro con el seudónimo de “iMozas”.  Se anticipó, por tanto, a Apple con su generación de aparatos que comienzan por i (iPod, iPhone. iTunes). Estuve largo tiempo charlando con él, justo al lado  del paseo del Espolón y de su mirador hacía el río y la vega.  Me habló de sus hijas, no recuerdo si eran cinco o seis,  la mayoría de ellas vivía en Irún y, también, con cierta tristeza me confesó que se había quedado viudo hacía cuatro meses. Conoció a su mujer a los quince años y desde entonces no se habían separado. Me produjo una desolación tremenda, tal vez por eso le dejé hablar más. Historias de su padre que no conoció debido a que el barco en el que viajaba a Cuba se hundió en el océano cuando su madre estaba embarazada… y todo lo que pasó al quedar viuda.
Mi fotografía recoge la historia de un hombre herido. Las heridas de la vida que va transcurriendo sin apenas darnos cuenta,  que depara mil historias para ser contadas y que, sin embargo, no nos paramos nunca a escuchar. Todas esas personas que nadie ve tienen una historia plagada de anécdotas, de sabiduría, de tristezas y alegrías, esos queridos “elderly man” tienen todo el tiempo del mundo para contarnos sus relatos, están llenos de sabiduría que no debemos desperdiciar.
 Gracias por el rato, iMozas, y mucha salud. Nos veremos, sin duda, le debo una foto y mi agradecimiento por ese momento sucedido en ese lugar tan maravilloso que es su ciudad, Toro.


4 comentarios:

Campurriana Campu dijo...

Me ha encantado la entrada, Luis. Y esta fotografía de vida.
Nuestros mayores son, sin duda, un tesoro que debemos mimar.

Mariluz Arregui dijo...

Chapeau por tu escrito de hoy.
Qué cierto lo que cuentas...nadie parece verles..y tienen tanto y tan interesante que contar..

Al menos alguien se fija, de vez en cuando..como tú.
Magnífica fotografía , además.

Gracias por compartirlo

Un beso

Luis Lópec dijo...

Gracias a vosotras. Beso.

Nube dijo...

Los ancianos son por lo general fuente de riqueza (por eso hay tantos dichos, mi abuela tenía una mina de ellos) lo que pasa que no sabemos ver la sabiduría y la ternura.