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PAISAJE SORIANO NEVADO


Cuando sales del cine todo vuelve a la realidad. Te has pasado casi dos horas atendiendo una historia que alguien te cuenta e, inconscientemente, te metes en el pellejo de los protagonistas y su situación. Hay veces que te sientes cercano a lo que sucede, otras no tanto. Ayer vi una película basada en un best seller. Por suerte no había leído el libro. No me produjo una especial atracción, ya me lo habían advertido pero, al menos, estuve entretenido. Uno de los atractivos del séptimo arte es que puede servirte para desconectar por algunos momentos de tus circunstancias personales, aunque la película no sea una obra maestra.

Afuera hacía un frío polar. Los apenas trescientos metros que separaban “El Palacio de la Audiencia” de mi coche se me hicieron eternos. Cuando arranqué el termómetro interior marcaba tres bajo cero. Eran las doce de la noche. No había casi nadie por la calle y los pocos caminantes se dirigían apresuradamente a sus domicilios, embutidos en sus abrigos y con las solapas levantadas para protegerse el cuello.
Al llegar a casa agradecí la calidez que me aguardaba. A los pocos minutos comenzó a nevar con fuerza, los copos de gran tamaño cubrieron la calle de blanco. Al día siguiente intentaría capturar alguna fotografía de la ciudad recién cubierta. Era la primera nevada de la temporada.

Los dos grandes registradores del frío en Soria son: el niño de la fuente de “La Dehesa” –atacado constantemente por los gamberros- y el Duero. El niño apareció esta mañana con un gran pedestal de hielo en uno de sus laterales, aunque seguía vertiendo agua. El río Duero, a su paso por la ciudad, permanecía con una capa considerable de nieve y hielo e incluso en algunos tramos se puede andar por encima emulando a Jesús. Grandes pedruscos, lanzados por los paseantes, permanecían flotando encima de la blanca concentración gélida.

Remedando a Raquel de Madison hice algunas fotos que acompañan ahora mi texto: unos barcos abandonados, el apacible Paseo de los Gitanos y el Duero cubierto por un manto blanco. Los ciclos continúan y hay que aclimatarse a lo que corresponde a cada momento, no queda más remedio. Ahora frío y bellas estampas. Irremediablemente es invierno y echo en falta aquellas lejanas jornadas tripulando un expeditivo catamarán en el caluroso verano.

Todo el mundo está animado por las primeras nieves. Disfrutaré mientras duré deseando quitarme cuanto antes todas las prendas de abrigo que atrofian mis movimientos. El verano debe esperar. Por ahora todo se ha teñido de blanco.

Comentarios

Miguelo ha dicho que…
que bonito en zaragoza dicen que puede nevar. ojala!!!

besosss
Raquel ha dicho que…
Bellísimas imágenes!
Estamos a -5º y la nieve ha empezado a derretirse.
Rico llegar a casa y sentir el calor adentro, no?
Un abrazo
Rukaegos ha dicho que…
A pesar de haber marcado los cero grados, algo insólito en Santander, la cercanía del mar hacer realmente difícil la magia de la nieve.
Muchos años en Reinosa, toda mi infancia y adolescencia, hacen que entienda muy bien esa ternura de tu texto, esa extraña luz que encuentras al levantarte por la mañana y que te pone una sonrisa en la boca mientras el crío que llevas siempre dentro exclama ¡ha nevado!
La nieve es una de las pocas cosas de aquel tiempo que echo de menos.
Un saludo.
Luis Lópec ha dicho que…
Miguelo- Siempre el primero. Seguro que nevará no tardando a orillas del Ebro.

Raquel- Se te ha pegado lo de "rico" (muy usado en sudamerica). Gracias.

Rukaegos- Me encanta el calor pero no podría vivir sin la nieve. Te entiendo perfectamente.
Anónimo ha dicho que…
En estas latitudes no se da como en Europa o New York, con nevadas constantes en Invierno...o sea, las hay, pero desde cierta altura sobre el nivel del mar (y mi urbe no la alcanza).

Y aunque entiendo todos los inconvenientes que el frío y la nieve conlleva, con mucho los prefiero al calor sofocante que se extenderá por un total de cuatro meses y medio de forma consecutiva en este lado del Mundo.

Saludos cordiales.

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