domingo, 16 de noviembre de 2008

MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ CASTAÑÓN



Hablar de un profesor es una tarea delicada -siempre se trata de una apreciación personal-. No es nada fácil sabiendo que la descripción se colocará en un lugar al alcance de todos y, tendrá, por esa razón, efectos colaterales. Pero de eso se trata, de comunicarnos. Y para ejemplo de comunicación, mi admirado Miguel Ángel.
Él tiene un remedio para combatir el Alzheimer: escribir todos los días un poquito. Para ello ¿qué mejor que un blog? Y, claro, Miguel Ángel es el primero en dar ejemplo. Escribe en varios blogs, publica fotos, da consejos y transmite mucha información. Está enganchado a Internet y defiende esa herramienta. Saber utilizarla te ayuda a adquirir habilidades, conocer personas con tus mismos intereses, retroalimentarte. Miguel Ángel no sólo hace eso sino que tiene el don de compartirlo.

En la actualidad es psicólogo clínico en un centro religioso de León y da clases en la Universidad. Hace unos días asistí a curso que impartió sobre “Problemas de conducta en los Discapacitados Psíquicos” en el CREFES de Valladolid. El profe, desde los primeros momentos, da la sensación de cercanía, de proximidad y eso, no cabe duda, te mantiene en una actitud positiva. Tiene un dominio total del tema. Es diáfano, tranquilo, observador, metódico, creativo, irónico y muy interactivo. Emplea un vocabulario adecuado, aderezado de multitud de tacos que tienen como objetivo demostrar que nuestro idioma además de culto es popular (recomienda leer a los clásicos, en ellos se encuentra todo el saber y el conocimiento). Y como pensamos en base a criterios de lenguaje, mejor ser claros para entendernos. Él lo hace a la perfección.

Generalmente los cursos profesionales a los que asisto tratan de temas muy interesantes y, por tanto, confieren gran responsabilidad en profundizar en ellos para luego, intentar, llevar a la práctica los conocimientos recibidos. He de decir que asisto una o dos veces al año a acciones formativas para reciclarme. Si trabajas con personas has ser consciente de la necesidad de ampliar conocimientos. Realmente los cursos programados por la Gerencia de Servicios Sociales a los que he asistido han sido notables. No escatiman medios para conseguir la participación de los mejores profesores. Obviamente, al finalizar cada unidad formativa, todos los asistentes evalúan el curso en el que han participado e, incluso, formulan (formulamos) peticiones para realizar otros de interés.
Esa responsabilidad que he comentado más arriba suele crear excesiva tensión que hace que la atención esté centrada, al cien por cien, en el profesor y en lo qué explica. Curiosamente, con Miguel Ángel, he estado relajado y no por ello he prestado menos atención. En un curso de esas características (estar fuera de casa cuatro o cinco días, jornadas de nueve horas…) se agradece. Duermes mejor, estás menos tenso, más descansado y todo resulta procedente. Conseguir de un profesor esos criterios es un milagro. Miguel Ángel es capaz de eso y de más. Tratas con él como si fuese un amigo de toda la vida.
He aprendido mucho en el curso. Algunas de los conocimientos aprendidos los llevaré a cabo y otros no. Siempre pasa. Pero lo más importante es que he conocido a un gran profesional y mejor persona. Aunque en todas las cosas hay algo negativo, no todo puede ser maravilloso. Lo peor: no haber conocido a Miguel Ángel mucho antes.
Siempre que publique en mi humilde blog recordaré algo que aprendí de él: “escribir ayuda a combatir el Alzheimer”. Seguiremos combatiéndolo.

4 comentarios:

sallopilig ref dijo...

Da gusto oír hablar así de otras personas, ello habla de Vd., don Luis.

Me levanto el sombrero.

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Si bien la apreciación del profesor es personal, todos hemos tenido Maestros con los cuales sentirnos identificados...por eso que tu historia se hace común.

Lo del Profesor González es claro...lo que no se cultiva, se atrofia; y él busca evitar eso, precisamente. Y cuando proyecta seguridad, la clase se desarrolla mejor.

Piensa con el vaso medio lleno...en vez de lamentarte por no haberle conocido antes, alégrate porque vuestros caminos se cruzaron ahora. Saludos afectuosos, de corazón.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Luis Lópec dijo...

Lo siento, no respondo a firmas anónimas. No tienen consideración para mí.